viernes, 29 de enero de 2010

"Peligrosidad Social" + Flashback + ¡Zorrrrrrrra!.

En las últimas semanas leí alguna cosa por ahí, creo que donde Barbijaputa, sobre modelos femeninos. Ella hacía un comentario sobre crepúsculo y cómo el personaje de ella (ni me sé el nombre ni me interesa) era una auténtica mierda porque volvía al modelo de mujer que iba detrás de un hombre perdiendo todo sentido común y dignidad, poco más o menos. La verdad es que no me resulta demasiado sorprendente, porque parece haber una corriente de mujeres por ahí (escritoras, directoras de cine, etc.) que van vendiendo una especie de modelo social en el que la mujer está trivializada. Es un rollo sutil pero que no me gusta demasiado. En el caso de la Meyer, lo que tenemos es a una mormona, lo que hace que haya una lógica en el sesgo interno de sus noveluchas, pero también hay cosas que me parecen un rato chungas en Sex and the City, por ejemplo. Se trata de una descripción de un sector de población, mujeres profesionales de renta alta, en la que el eje central está en la vida sexual que llevan. Aunque la intención pudiera ser el comentario sobre la vida urbana de ese sector de población en los últimos años noventa, sobre la promiscuidad y el sexo, los cambios vitales con la edad, etc.; el resultado es más bien pobre y parece más una reunión de pijas cuyas vidas discurren dando vueltas alrededor de los zapatos que se van a comprar con el dinero que han hecho con sus trabajos cualificados y a que arquitecto/médico/abogado/profesional liberal se van a frinkar* y de qué tamaño tiene la tranca.
Sé que hacer una serie sobre científicos** no iba a ser muy emocionante (bueno, a menos que en los otros canales retransmitieran en directo los campeonatos mundiales de pintura de secado rápido) pero me fastidian los modelos que trivializan a la persona tanto en un sentido como en otro. Será cosa de mi madre, imagino, que después de haber corrido tanto delante de los grises y tenerme que poner sus apellidos (en 1980) porque no estaba casada con mi padre (que, casualmente, le saca 28 años), pues como que aguanta pocas gilipolleces. Ha llevado la vida que ha querido y no se ha dejado definir por haber nacido con ovarios. Me ha dado un modelo femenino por el que el feminismo no era no llevar sujetador y no afeitarse las axilas sino ser una persona que por casualidad ha nacido mujer. Eso, que parece tan obvio si uno lo piensa, encuentra una resistencia, sutil pero que está ahí, en el mundillo de la ficción televisiva y cinematográfica más pedestre (los personajes femeninos en los Soprano, the West Wing y otras series meritorias van mucho más allá de la chica que grita no.1 en el slasher de turno, por ejemplo) pero también, y sobre todo, en la moda.
Si, es obvio, la moda es uno de los sectores más sexistas que hay. Dejando de lado que es un paraiso para misóginos homosexuales***, la propia naturaleza del chanchullo montado en torno a la alta costura, hace que las mujeres sean consideradas de una forma muy distinta y que se refuercen las diferencias de género. El caso de la anorexia, fomentada para que los modelos de los diseñadores sean el centro de atención y no unas modelos especialmente atractivas, es bastante claro. Quizás por eso, entre otras cosas, aborrezco todos los dibujitos esos de Custo y sus imitadores. No puedo despegar lo que sé de esas supuestas llamadas al glamour con muñequitas anoréxicas que parecen sacadas de un Pachá élfico.

Además, haber modelos femeninos más complejos y edificantes haylos.

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Con todo lo que sabemos del cerebro aún no tenemos ni puta idea de sus verdaderos entresijos funcionales. Resulta asombroso y terrorífico a partes iguales.
El miércoles pasado, en clase, se dio una conjunción de las condiciones de luz, temperatura y yo que sé qué más que hicieron que tuviera una especie de flashback, un eco de las sensaciones que tenía en otros momentos de mi vida. De repente fue como si estuviera reviviendo el mismo estado mental que tenía allá por mediados de cuarto curso de la licenciatura, finales de quinto o hace casi un año.
Normalmente, las sensaciones olfativas suelen hacer ese tipo de cosas muy fácilmente. El olor de esto o aquéllo como lo cocinaba la abuela, el perfume de una ex o de tu madre, la vez que estabas en el monte y en medio del rumor del mar de pinos te sentiste en paz con el universo... Pero claro, el cerebro es una cosa muy cabrona y a nada que a uno se le crucen las señales (sin entrar en la sinestesia) apropiadas puede surgir cualquier recuerdo enterrado.
La sensación que surgió en mí no era, precisamente, agradable. Era el equivalente emocional a la primera vez que hueles fruta podrida: algo dulzón en la nariz que se hace repulsivo justo en la boca del estómago.

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Ayer en clase estábamos resolviendo unos problemas de una asignatura que habíamos trabajado desde la semana anterior. Algunas compañeras (por estadística, ¡qué remedio!; somos cinco chicos de 31 personas), estaban tomando algunas notas de la forma correcta de resolverlos y todo eso. Había que entregarlos, claro, pero al profesor se le había pasado pedirlos. ¿Podéis adivinar por dónde va la cosa?

Una de las compañeras, en el momento en que hacíamos el descanso en medio de las cuatro horas de clase, soltó: "¿Vas a recoger los problemas ahora? Lo digo porque hay algunas personas haciendo correcciones."

No es que la gente estuviera haciendo correcciones a lo que iban a entregar, porque la mayoría lo llevaba impreso, pero no creo que esa maniobra vaya a hacerla muy popular en el futuro, la verdad. Para empezar, la semana que entra, puede que tengamos que hacer evaluación recíproca y yo sé a quién voy a puntuar bajo.


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*Copyright de , hasta donde yo sé.
**Rigurosa.
***Ojo a la colocación de sustantivo y adjetivo.

viernes, 22 de enero de 2010

Bite 'till it bleeds.

"And you may call it irony when co-incidence collides
But I’ve had dinner with the Devil and I have seen the light
And you may call it righteousness, when civility survives
But I’ve had dinner with the Devil and I know nice from right."
-Dinner with the Devil. Big Rude Jake-

Hace unas semanas, Biónica contaba alguna cosa acerca de sus deslices freudianos, a lo que yo apostillaba sobre los míos. Bueno, no era del todo cierto. No suelo tener demasiados pero eso es porque con el tiempo he aprendido a revisar lo que se me pasa por la cabeza antes de soltarlo. Forzosamente.
Todo el mundo tiene días malos. Es inevitable, las cosas que la vida te lanza pueden hacer que acabes frustrado y encabronado: desde una cagada de perro en una acera que pasa inadvertida, pasando por aguantar las gilipolleces de los demás, hasta cosas irresolubles de verdad, como la muerte de alguien querido. A veces puede ser algo tan simple como un cambio de tiempo y la falta de luz y los cambios de presión y temperatura nos vuelven irritables o taciturnos.
Hoy no suelo tener muchos días malos "aleatorios". Alguno de cuando en cuando, con un mal humor poco justificado que hace que intente alejarme todo lo posible de los demás para que nadie tenga que aguantar mi mierda injustificadamente (claro que no puedo hacer nada sobre los que intentan meter sus narices, que siempre los hay). Hace como diez años, por otra parte, las cosas eran distintas.

Mi mal día me duró como un par de años.

No es tampoco que estuviese constantemente encabronado, de forma evidente, pero hay muchas formas de manifestar la agresividad. Si en el mejor de mis días puedo ser un poco difícil de tratar, en aquella época era completamente cáustico y no tenía demasiadas contemplaciones con los demás y sus sentimientos. Andaba todo el día como una especie de skinhead dialéctico, con ganas de gresca y dando palizas verbales a quien ofrecía la oportunidad (prefería utilizar las palabras de los demás en su contra porque era más satisfactorio y les dejaba en evidencia por no pensar lo que decían con cuidado).
Ahora mido más lo que se me pasa por la cabeza cuando alguien me lo pone a huevo. Aún así no es fácil evitar poner en evidencia a los demás, especialmente cuando me son desagradables por un motivo u otro. Los ejemplos más claros los tuve hace cosa de un mes y medio, cuando estábamos en el máster con una práctica para la que había que extraer tejidos de ratas y, obviamente, había que sacrificar a los animales. Las dos encargadas de aquella práctica para mi grupo insistieron hasta la saciedad en dos ideas y a mí se me pasó por la mente replicarles de forma un poco desabrida:

-Con este método del CO2 los animales no sufren. Tenemos además al comité ético que lo supervisa [...] (argumento repetido con insistencia obsesiva).
"Ya pero a mí me parece que lo de gasear es más por el estrés del que los sacrifica que por los que lo sufren. ¿Le suena lo de los nazis?."

-Lo de sacrificar animales es duro pero uno tiene que pensar que lo hace por el progreso y un bien mayor para la humanidad y los animales (afirmado con aplomo).
"Pues los nazis pensaban lo mismo sobre lo que hacían..."

Independientemente de lo que pueda considerarse como un actitud más o menos madura, me revienta que me intenten meter la línea del partido con actitud justificativa y como si no hubiese ya hecho mis ideas al respecto. Un argumento repetido una y otra vez de esa forma parece más un intento de convencerse a uno mismo que una cuestión racional sobre los problemas éticos que se plantean ante ello.
Dejando de lado el caso particular, creo que ha sido positivo para tener más facilidad de convivencia en sociedad, no porque me importe lo que se pueda pensar de mí, sino por necesidad de convivencia en términos aceptables, aunque he conocido a gente bastante rancia a la que los demás le dan bastante cancha, no sé por qué. Sé que eso ha hecho que tenga una imagen de tipo calmado que habla poco, normalmente, pero los beneficios de revisar qué es lo que pasa por el cerebro antes de que pase por la boca son bastantes (hay a quien le puede hacer bastante más daño del que parece un comentario bien colocado).*

Claro que otra cosa es entre amigos. Ahí ni se da ni se pide cuartel.

*Descubrí hace relativamente poco que la crueldad a la hora de hacer comentarios la heredé/aprendí de mi madre, no de mi padre. Mi madre no suele soltar este tipo de comentarios pero me llega a horrorizar hasta a mí.

viernes, 8 de enero de 2010

El Triángulo.

Con los años, he ido abriendo mis horizontes artísticos: en los libros que leía, la música que escuchaba, el cine y la televisión que veía... A la vez he ido perfilando mis criterios, además de mis gustos, lo que justifica mis (y los de cualquiera con un mínimo de sesera) placeres culpables: sé que hay cosas que me gustan que son rematadamente malas pero que sean malas no significa que vayan a dejar de gustarme; sencillamente, les encuentro valores que las redimen, mientras que hay otras cosas que, siendo buenas (por lo menos de forma comúnmente aceptada), dejan de gustarme.
Uno de los esquemas de criterios que he deducido como pilar común de la calidad artística de los productos que circulan por ahí es un triángulo cuyos vértices corresponden a tres conceptos diferentes:
-Contenido: qué cuenta (la historia).
-Estilo: cómo lo cuenta (la forma).
-Contexto: cuánto depende de su momento histórico (el tiempo).
La validez o la aplicación de estos tres conceptos a cada arte o producto artístico no es uniforme, de modo intrínseco, ya que no es lo mismo una novela que un cuadro. La aplicación de cada concepto está ponderada según el medio, ya que no es lo mismo el contenido que pueda tener un cuadro que el de una novela, aunque sea porque el cuadro cuenta con que el observador posea un conocimiento previo (lo que vendría a ser la iconografía, por ejemplo, en el caso de las imágenes religiosas).
Este triángulo, en cualquier caso, indica la calidad de una obra y la duración de éste. Esto es así porque las verdaderas obras maestras se mantienen en un equilibrio razonablemente estable entre los tres vértices del triángulo: su contenido es novedoso, está bien construido y no depende del momento histórico en que se hizo. Esta es la distinción de lo que se han llamado clásicos, las obras que permanecen en la memoria colectiva y con reconocimiento general de su calidad. En cuanto la posición de la obra se desplaza hacia uno de los vértices, se pierde esa posición que, en cierto modo, es más bien producto de la suerte que de una acción deliberada.
Las obras que se desplazan hacia uno de los vértices se hallan lastradas por defectos que condicionan su éxito y la duración de éste: hay historias bien contadas y perdurables pero que carecen de novedad en su argumento; otras tienen un argumento novedoso y perdurable pero mal contado; y otras pueden estar bien contadas y ser novedosas pero pasar de fecha rápidamente por depender terriblemente de su momento histórico. Estas suelen ser las condiciones de la mayoría de obras que tenemos a la vista: productos muy decentes pero que tienen defectos que harán que no lleguen a pasar a la posteridad con reconocimiento general. Si se hallan aplastadas contra uno de los límites del triángulo, directamente, estamos hablando de productos con unos fallos realmente terribles y que desaparecerán de la circulación muy rápidamente, a menos que sean tan malos que sean geniales (como la mayoría de la producción de Chuck Norris) por los motivos equivocados.
Partiendo de esas premisas, por tanto, quisiera especificar una serie de cuestiones. Para empezar, mi ranking de series de televisión imprescindibles:

1. Primer Nivel:
-Los Soprano.
-The Wire.
-El Ala Oeste.
2. Segundo Nivel:
-The Shield.
-Babylon 5.
-Deadwood.
-Roma.
3. Tercer Nivel:
-Star Trek: Deep Space Nine.
-Scrubs.
-30 Rock.
4. Cuarto Nivel:
-Damages.
-El Prisionero.

En segundo lugar, la música americana nunca hubiera sido nada sin los negros.

Tercero: el cine español es una chufa en la que abundan y sobran los paniaguados, los parásitos y los inútiles. Si no habéis leído Mis Problemas con Amenábar, de Jordi Costa y Darío Adanti, leedlo.

Y un par de vídeos.



P.S.: por cierto, el oráculo lo sabe todo (y si no se lo inventa). Así que preguntad.

sábado, 2 de enero de 2010

Todos somos Tony.

"The Emerald Piper. That's our hell. It's an Irish Bar where it's St. Patrick's Day everyday forever.[...]"
-Christopher Moltisanti en Los Soprano.-
Los que me conocen más o menos bien saben que en el panteón televisivo, la cumbre, para mí, está en los Soprano. No estoy solo en ello pero lo mío va más allá de los motivos formales que pueden motivar a los culturetas que consideran que la HBO es lo más de lo más cuando, en realidad, ha tenido cagadas muy gordas (A Dos Metros Bajo Tierra empezó regular tirando a bien pero se convirtió en un coñazo y el personaje de Rachel Griffiths era estrangulable con un alambre oxidado; Carnivàle se hundió en una cadena de cable en la que las audiencias mainstream no son un condicionante tan gordo...). Los motivos por los que la serie se ha convertido en algo de culto y, aún más, en un elemento central de la ficción televisiva del principio del siglo XXI, se basan en que el realismo era incondicional, más allá de la verosimilitud en el estilo, se buscaba retratar de forma pseudo-documental a los personajes sin eliminar los elementos de la construcción de ficción que hacen que progrese una historia. Se pueden percibir los detalles tanto en la construcción de las tramas (los imprevistos que le pueden ocurrir a cualquiera), la ausencia casi total de música salvo la derivada del ambiente, el rodaje con una fotografía realista, los elementos del atrezzo...
Pero aún así, ¿por qué el éxito? El motivo real del éxito de cualquier ficción está en una cuestión imprescindible: la implicación emocional del lector/espectador/jugador con su objeto de disfrute. Eso no quiere decir identificación con el protagonista, aunque siempre ayuda, sino que se meta dentro y los avatares de la narración le causen inquietud y tiren de él durante el progreso de la historia. Recientemente, la editorial Errata Naturae ha publicado un libro que recopila los análisis de varios autores sobre la serie. Independientemente de los elementos de la atracción del mal y todo eso (estamos hablando de una serie en la que los protagonistas se dedican a extorsionar, robar, secuestrar y matar... difícilmente unas actividades muy edificantes), hay un elemento que sostiene los argumentos que plantee hace ya mucho y con los que dí el coñazo a mis amigos: Tony Soprano es un reflejo de todos nosotros.
Los Soprano refleja, sobre todo, la nostalgia de Tony por un pasado que anhelamos pero que tenemos más bien la impresión de que es ficticio. Las comparaciones con la películas de Scorsese (Goodfellas, Casino) o de Coppola (el Padrino) no son apropiadas, sino todo lo contrario, porque en la serie hay muchísimos más niveles de complejidad de los personajes que en las películas que menciono, algo que deriva, en parte, del mayor tiempo de exposición para poder mostrar sus intimidades (86 episodios dan para mucho) pero también de la intención deliberada de evitar los modismos y las limitaciones arquetípicas de los personajes de los filmes que menciono (sugiero volver a ver el Padrino para captar cómo, en realidad, Vito y Michael Corleone, aunque están interpretados de puta madre, se adaptan a un molde de personaje homérico-aristotélico).
Tony es el héroe de la serie pero no es un héroe en el sentido homérico. No hay grandes retos, no hay crisis Bruce-willi-anas ni monstruos reales o transfigurados, sólo la cotidianidad aplastante y estresante que nos ahoga a todos y a la que tiene que enfrentarse como puede, las más de las veces aceptando compromisos y arrastrándose de frustración en frustración. El dinero, las mujeres y el alcohol son sólo un bienestar inquieto, parecido al Orden Mundial en el que vivimos. Todos somos Tony Soprano, precisamente, porque sus miedos, sus ansiedades, son derivados de ser una persona real en un mundo real: las cuestiones de honor, omertá y todos los tópicos de las películas de Scorsese y Coppola quedan supeditados a la realidad del mundo del capitalismo salvaje en que vivimos y el empleo de armas y violencia es sólo por el hecho de la criminalidad, la ilegalidad, no la maldad.
Aún así, si tengo que quedarme con algo concreto que represente la serie es, precisamente, la soledad (the Blackness), ni más ni menos que la sensación de soledad opresiva, que no tiene remedio, aunque uno esté rodeado de amigos e intentando pasarlo bien y que se vuelve casi completamente asfixiante. Tony tiene a una mujer que ya no le ama, unos hijos que le quieren condicionalmente, unos amigos que querrían ocupar su puesto a toda cosa, unos socios que intentan engañarlo, una madre que abusa de él psicológicamente y le chantajea emocionalmente, una colección de amantes de las que alguna es como su madre... Y eso sólo es lo de Tony. Livia, por ejemplo, es un ejemplo de persona que a veces uno puede ver por ahí y que redefine lo que es estar amargado. Da igual de cuantas personas se rodee: Tony está solo.
Una conocida me preguntó una vez acerca de la fascinación de los hombres con los mafiosos y las historias de gangsters. En el fondo, hoy, se trata de eso, de nostalgia, de unos valores que, aunque estén bañados de violencia, cualquiera puede respetar (honor, lealtad a la familia) pero que desaparecieron hace mucho. Hoy por hoy, los Soprano son sólo un reflejo de nuestro mundo y cómo los cambios han afectado a todos los niveles, incluido el crimen organizado. Resulta muy difícil distinguir dónde termina la ficción cuando nos hemos desayunado este año con tanta trama de corrupción y sólo porque estos no usen pistola no quiere decir nada.

P.S.: el lunes pillé una gastroenteritis, causada no sé por qué, que me dejó vomitando y con durchfall (me encanta la palabra, es tremendamente gráfica) toda la noche. A eso hubo que sumarle que la pasé en duermevela y como si tuviese otras cinco personas en la cama, por no hablar de mi cabeza. Algo parecido a lo que le pasa a Tony en el episodio 2x12.

sábado, 26 de diciembre de 2009

A Better Tomorrow.

Hace unos cuantos días me golpeó lo que en Quédate a Dormir llaman Ola de Pena y yo prefiero llamar The Blackness*. Los motivos... unos cuantos, entre ellos que mi cabeza, quiera o no, al llegar esta época se pone a analizar el año y, la verdad, el último ha tenido cosas que han sido una chufa. Además, con esa estupenda tendencia de ver lo mejor de cada situación y cómo se torció el clima después de la nevada del 21, no era difícil que me cayese encima esa sensación.

Also, bleib auch mein Geheimnis.

Por cierto, no es que odie la navidad, por muy hipócrita que sea la época, sencillamente me deprime y eso favorece que me ponga asocial. Y no tiene ni puta gracia. No es divertido ni bienvenido y si hay gente que quiere poner la pose les diría que se fueran a tomar por culo, gracias.
La vida sigue, sin embargo, y en cinco días habrá 365 días nuevecitos para cagarla de forma diferente a cómo la hemos cagado este año. Por de pronto ya la cagaron hace una semana larga los grandes líderes en Copenhague, lo que hace más bien probable que, en contra de lo que marcó a una gran parte de mi generación, el mundo (bueno, la humanidad) se vaya a tomar por culo de forma sutil y discreta, por dejadez más que por paranoia. Con ese tipo de cosas se le quitan a uno las ganas de tener familia ni nada parecido.
En parte, eso lo estuve discutiendo con una amiga el martes pasado, consecuenca de que a ella se le ha acabado la beca que tenía y, para dentro de un mes o así, es probable que ya no tenga fuente de financiación para su tesis. Algo en lo que ha jugado en contra suya la colección de criterios por los que valoran a su director. Un futuro próspero. Seguramente esos fondos serán mejor aprovechados por las nuevas tecnologías que generen los de humanidades.
Nos quedamos, al final, en eso, en que con todas las cagadas, las dificultades y las putadas, a pesar de todo, seguimos adelante por el convencimiento de que existe un mañana mejor, que habrá una mañana brillante al otro lado del horizonte. O algo parecido. Una versión personal de lo que ha movido la historia de la humanidad, vaya. Nos esforzamos en creer, como civilización, que somos mejores que hace diez o veinte siglos, lo que es, a grandes rasgos, cierto**. Al menos ya no tenemos que cagar en agujeros en el suelo.

De verdad, creo que los alemanes deberían haber copiado los planos del bunker de la Reichskanzlerie y después tendrían que haberlos vendido como refugio anti-festividades. Un suministro de café, coca-cola, alcohol y comida decente y una conexión de banda ancha o una pila de DVDs y una buena parte de la población sería mucho más feliz.


*Por esto:


**"If Jesus had been killed twenty years ago, Catholic school children would be wearing little electric chairs around their necks instead of crosses." -Lenny Bruce

P.S.: el título de la entrada es de una película de John Woo que si que aguanta bien.

viernes, 18 de diciembre de 2009

Ostalgie.

Si no hay nada más triste que un japonés triste, no hay nada más melancólico que un ruso melancólico.
-Yours truly-

melancolía.

(Del lat. melancholĭa, y este del gr. μελαγχολία, bilis negra).

1. f. Tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que no encuentre quien la padece gusto ni diversión en nada.



Estos últimos días, en Madrid, ha hecho un frío bastante agradable. Agradable porque es lo propio de la época del año, porque aborrezco el entretiempo y porque se está muy a gusto en casa y calentito en la cama (especialmente en fin de semana, cuando puedes remolonear). Sin embargo, a la vez, el cielo gris acero, el frío y la nieve me han puesto melancólico como un ruso y ayer, cuando estaba terminando el libro sobre la Guerra Fría que tenía entre manos, sentí eso que los alemanes, refiriéndose a los antiguos alemanes orientales, llaman Ostalgie, añoranza de la época en que todavía existía la Unión Soviética, en que el Primero de Mayo tenías imágenes de los desfiles por la tele.
El último capítulo del libro fue lo que trajo toda una colección de recuerdos muy fuertes. Naturalmente, trataba sobre el final de la URSS, las consecuencias de toda la apertura de la Glasnost y la Perestroika. Todo ello está ligado con mi infancia, con cómo crecí y aprendí a ver el mundo y por eso las figuras de aquella época también forman parte de mi historia personal. En casa, Reagan, quizás, entre otras cosas, por su senilidad tan obvia y su estilo de cowboy de serie B, era una imagen que me causaba desagrado desde que empecé a entender lo que contaban en los telediarios. Era una figura amenazante que hablaba de Guerra de las Galaxias y añadía inseguridad a un mundo en el que uno percibía que algo malo podía ocurrir en cualquier momento y sin previo aviso.
El hombre que interpretaba al presidente, sin embargo, quedó eclipsado por Mikhail Gorbachov. Gorbachov era el primer líder de la URSS en muchos años que tenía menos de sesenta años (más o menos veinte años menos que Reagan), tenía iniciativa, vitalidad y voluntad de reforma. Las cámaras le querían, él se dejaba querer por ellas y, además, viajaba con su mujer, Raisa Gorbachova. En casa era una especie de ídolo mediático de la política y, con su mancha tan peculiar, llamaba la atención.

Cuando uno analiza la contribución de Gorbachov a la historia, sus intenciones, sus decisiones, su papel en la distensión y en eliminar la amenaza constante de un holocausto nuclear, no queda mucho más que sentir que cómo terminó todo fue algo trágico para él a nivel personal, ser una figura clave a quien el mundo de hoy le debe tanto y que haya quedado tan apartado. Cuando me enteré de la muerte de Raisa hace unos años, se me partió el corazón, por muy melodramático que suene. Los Gorbachov, a nivel mediático por lo menos, eran símbolos de toda una época de mi vida y, al igual que luego han ido muriendo otras personas más cercanas a mi familia, han ido señalando cómo desaparecía lo que quedaba de mi infancia.
Lo más duro de todo ello fue recordar cómo ese maldito gordo borracho de Yeltsin humilló a Gorbachov después del Golpe de Agosto. Gorbachov, que creía en la gente, en darles la capacidad de mejorar la Unión Soviética y llevar adelante el ideal de una sociedad justa, fue traicionado y humillado. Le dejaron el papelón de finiquitar el experimento político y social más grande desde la Revolución Francesa. En Nochebuena hará 18 años que vivimos sin la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y, aunque nos quedan recuerdos de aquella época (qué casualidades más injustas tiene la vida), siento que me falta algo, a pesar de todo.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Infravaorados & A small note on something.

Decía Superflicka que la música de los años 60 está infravalorada, por lo menos en comparación con la de los años de la Movida. Pues como dijo aquél, "aún diría más", toda (o casi*) la música posterior a los años 50 está sobrevaloradísima.

¿Toda? Toda no, grupos de Resistentes Valerosos atados a Valores Eternos y fundamentales (Armoniosa, Variada, Bailable y Divertida), se mantienen en pie como Centinelas de la más Gloriosa Tradición Occidental y defienden estilos casi olvidados recordándonos que otra música es posible, que para que sea bailable no es necesario que el sonido parezca salido de una remachadora industrial ni que los pasos de baile se parezcan a los espasmos de un epiléptico chutado de anfetaminas que llevase un cable de alta tensión metido por el culo.
Estos herederos de la auténtica música, de la de verdad, practican artes perdidas y, sobre todo, son mejor que mejores en directo, sosteniendo la auténtica esencia del artista por encima del modelo industrializado y prefabricado con el que las grandes compañías discográficas se han buscado ellas solas la ruina.
En consecuencia, os presento a:

Big Bad Voodoo Daddy:







The Royal Crown Revue:




The Cherry Poppin' Daddies:




The Squirrel Nut Zippers:





Y hasta producto nacional, No Reply: Bad Joke.

Y es que, al final, este señor tenía razón**.

*Excepción hecha de la música negra, que hasta la llegada del disco no sufrió degeneración real porque no estaba tan expuesta a la comercialidad: siempre tenía que pasar por el filtro de la adaptación por artistas blancos para no corromper a la juventud.
**Si no captáis todas las (jugosas) referencias, más os vale buscar en google. Hace mucha risa que luego lo adaptara, precisamente, Madonna.

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Mi pequeña nota es por lo agridulce que me ha resultado lo de Defying Gravity. Estrenaron la serie hace unos meses y, definitivamente, parece que no ha salido adelante.
Lo cierto es que se notaba demasiado ese aire con el que la vendieron ("Anatomía de Grey en el espacio.", algo así huele a desastre) y eso tiraba mucho (hacia abajo) de la trama, que se superponía al rollo de C-F hard, con lo que no atraía ni a los fans de la C-F ni a los fans del culebrón, seguramente. Sin embargo, era atractivo, por lo menos, tener una serie en la que los astronautas tenían que salir con escafandra, no había violaciones groseras de las leyes de la física (aunque la ciencia era un poco cheesy) y el culebrón no estaba disimulado.
Creo que la expresión de rigor en este caso sería "potencial desperdiciado". Es una verdadera lástima, porque la estética me parecía buena y podían haber hecho algo interesante pero ahora no lo sabremos.
Y, qué coño, que por algún motivo Laura Harris me parece mona.

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Añadido el 3-XII-2009:
Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que…

1.- Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.

2.- La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.

3.- La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.

4.- La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.

5.- Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.

6.- Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.

7.- Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.

8.- Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.

9.- Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.

10.- En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Celebración.

Un año más. Si no lo pienso, no se me hace duro. Claro que la semana anterior me subí por las paredes, estaba de mal humor y me molestaba todo... y a lo mejor es que ya lo he pasado. El Sábado de la semana pasada, como todos los años, celebré mi cumpleaños con una comida en casa. Este año éramos 14, unos cuantos menos que el anterior, y la verdad es que ha sido una de las mejores ocasiones que recuerdo. Es probable que la mierda de año que he tenido haya contribuido a que tener un día que compartir con mis mejores amigos con buena comida y en buen ambiente haya resultado algo merecedor de un buen recuerdo.
No puede decirse que no me lo haya trabajado, porque me quedé la noche anterior hasta las dos preparando comida y el día siguiente, unas dos horas antes de que llegaran mis invitados, hubo un momento de crisis y pánico. Todo salió bien, por suerte. Los ravioli quedaron un poco rústicos pero sabrosos y el asado estaba en su punto.
Este tipo de días son los que te recuerdan qué es lo que merece la pena en la vida.

Poco más o menos como ésto:


A media semana, más.

domingo, 22 de noviembre de 2009

La Movida.

Inauguro una nueva sección con muy mala idea. La portada del disco va en serio.
Soy una de esas personas que le tiene asco a la Movida. No sé si somos muchos o pocos ni me importa. La Movida me da asco, me parece aborrecible. La cosa podría tener una interpretación freudiana, porque mi madre era joven por entonces y podría ser un signo de confrontación generacional, por aquello de marcar mi personalidad y todo eso pero no. Mis motivos son subjetivos pero conscientes.

La Movida fue una tormenta en un vaso de agua. Ha habido un buen montón de interesados que han estado perdiendo el culo fomentando la nostalgia de aquella época, poniéndola como si hubiese sido el germen de la cultura de los siguientes veinte años y hagiografiando a unos artistas que no dejaban de ser humanos y que, por muy bien que cantasen, escribiesen o componieran (lo que es más cuestionable, por otra parte), hoy serían lapidados en los medios por la vida que llevaban y las cosas que se introducían en el cuerpo por vías diversas. Si, explosión de libertad y lo que os dé la gana y os salga de los cojones o los ovarios pero eso no quiere decir nada. Salvo aquellos que tuvieron la decencia de morir con las botas (y la aguja) puestas, la mayoría se reconvirtieron en pequeños burgueses de uno u otro signo y su pequeña revolución cultural, su gigantesca borrachera y sus excesos, sólo dejaron una resaca de la que aún pagamos las consecuencias en la música y el cine, sobre todo.

Pero claro, ahí están esos pequeños burgueses que aún nos recuerdan que estuvieron allí para intentar convencerse a sí mismo de que no se han convertido en lo que aborrecían tan profundamente (sus propios padres), sacándonos los revivals de éste y aquel grupo, los ciclos de éste y aquel cine. Todo muy profundo y muy emotivo y muy hermoso, sobre todo si el protagonista del acto genera compasión por ver en qué se ha convertido después de lo que fue, recordando que los excesos se pagan y que, chico, mejor él que tú. Schadenfreude a mogollón.
No hablemos ya de si el homenajeado fue realmente bueno, si captó a generaciones posteriores convirtiéndose en un clásico cuyas obras fueron seguidas mucho tiempo después de su creación original, porque entonces la cosa llegará al paroxismo. Añadamos entonces una defunción en la que todos los concienciados parezcan haberse convencido a sí mismos de que no podía ocurrir tan pronto, por más que resultase previsible cuando el peso del difunto fuese el de una niña y sus facciones recordasen más a uno de los documentales de George Romero que al anuncio de un balneario. Es lógico: las adicciones a los opiáceos son un hobby cualquiera.
Si más de uno de los que ha palmado se llamase Winehouse o Doherty, seguro que no hubiese habido tanto drama.

Y lo que es más: se permiten ir luego dando lecciones morales. No hace falta que repasemos a todos los difuntos o los adictos porque entre los que parece que evitaron los vicios autodestructivos, ya que no los caros, según parece, se hallan algunos seres que, de mear sobre el público en sus conciertos a lo Punk terminal, hoy pretenden ser referentes de autoridad moral en la lucha contra los cánceres de la sociedad, entre los que figura, según ellos, el latrocinio de bienes cargados con una plusvalía abusiva. Me refiero a Friedchicken, por supuesto, hijo intelectual (es un decir, claro) de Al Capone.
Friedchicken, claro, es sólo un síntoma de en lo que se hubieran convertido la mayoría de ellos si se hubieran aburguesado por un poco de cobardía, sentido común o lo que sea que hace que la gente renuncie al estúpido hábito de matarse a sí misma de forma lenta (por oposición a hacerlo como Larra, que, aunque su motivo fue estúpido, tuvo los cojones de colocarse una bala en medio del melón). Supongo que al menos es afortunado que muchos conservaran su dignidad y supieran palmarla a tiempo porque con los que nos han quedado ya vamos sobrados.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Become a Drunkard in Style (I).

En el último año hemos tenido, entre las excusas habituales que los canales de televisión llaman servicios informativos y que colocan entre anuncios y publicidad diversa, la crisis del botellón y la indisciplina, fruto, como ya sabemos todos, de que los padres no tienen el sentido de la responsabilidad y el valor necesario para asumir que tener hijos también es decir que no y educarles para que crezcan y se conviertan en personas y que eso es una cuestión activa y en la que los hijos también pueden convertirse en un problema más además de los del trabajo y la pareja y demás.

El caso es que una de las cosas que con el tiempo he ido viendo es que, hasta en la bebida, como en todo, en realidad, la masa no tiene criterio o cosa que se le parezca. Cualquiera sabe que lo más consumido por ahí suele ser el kalimotxo, el malibú con piña y otras mezclas no más complejas que A+B y en las que lo que se busca es demostrar la hombría de coger un buen pedo con algo dulzón en lo que el sabor del alcohol no destaque. Claro, la gente siempre argumenta que el botellón es algo social y lo que te cobran por una bebida aguada porque lo que es por la capacidad para distinguir de los conoisseurs locales, no va a ser, precisamente. El talento de la mayoría para la degustación de los alcoholes es más bien limitado y si se creen que un DYC es igual que un Jameson, van de culo.
Pero obviemos que el hecho objetivo es que la mayoría de los jóvenes beben para chuzarse. El uso y toma de alcohol, en el fondo, no deja muchas opciones, ¿no?, y cualquier otro argumento es porque al personal le gusta buscar un modo de distinguirse por esnob que sea. Lo admito, mi conocimiento vinícola es muy limitado y, salvo aquello que ya he probado, no puedo distinguir una región geográfica de otra, no hablemos ya de añadas, pero hay una diferencia bastante gorda entre un vino de tetra brik de cierta marca conocida (que no de prestigio) y un vino decente, no necesariamente caro, con su trabajo de bodega detrás, mimado y bien tratado.
Precisamente, de la misma forma que un buen plato cocinado con atención y detalle marca un estilo, se puede beber sin caer en la vulgaridad y la ordinariez y, a la vez, sin llegar al esnobismo más estúpido y pretencioso. Por tanto, para aquellos que deseen marcar la diferencia o aprender a beber con sensatez y con estilo (y porque no me fío completamente de alguien que sea completamente abstemio) hoy me propongo instruir en la preparación de combinados (o cóceteles).

Instrumental:
cualquier aficionado a la coctelería debe disponer, como mínimo, de lo siguiente:
-Coctelera de acero inoxidable (sirve también la modelo Boston que es la que se cierra con la siguiente pieza en vez de con el colador de acero tradicional) .
-Vaso mezclador (de vidrio y, normalmente, escala de medidas).
-"Dedal" de medidas.
-Cuchara larga.
-Colador de muelle.
-Vasos largos, cortos y copas de cóctel y de champán.
Opcionalmente, debe disponerse de batidora de pie y de licuadora.

Técnica:
la coctelera debe usarse, siempre, cogida a la altura de los hombros, con la mano izquierda (para un diestro) envolviendo la parte inferior de la misma y la mano derecha con el pulgar cerrando el tapón de la tapa y asegurando que queda sellada para que, al agitar con energía, no salgan disparados los fluidos (mira, justo al contrario que en una película porno).
En caso de emplear el vaso mezclador con la cuchara, debe removerse con calma y evitando machacar el hielo, lo que aguaría la bebida en exceso.
El colador de muelle debe emplearse siempre con el muelle hacia el interior para capturar aquellas semillas, trozos de pulpa u otras partículas que no deseemos en el combinado.

Recetas:
Para hoy he elegido cuatro recetas fundamentales para mí, tres clásicas, que pueden contemplarse a la hora del aperitivo o antes de la cena, y una algo más novedosa, que puede encajar en casi cualquier franja horaria.
Indico partes para que cada uno ajuste según la escala del número de copas a preparar.

Manhattan:
-2 partes de Whisky canadiense.
-1 parte de vermouth rojo (seco o dulce).
-1 golpe de angostura.
Prepárese en coctelera con todos los ingredientes y tres o cuatro cubos de hielo. Servir en copa de cóctel con una cereza al marrasquino o con piel de naranja.
Es una bebida sobria (valga el contrasentido), elegante, en la que se puede apreciar el alcohol sin que ahogue los sabores. Una bebida flexible y apta para cualquiera.

Dry Martini:
-4 o 5 partes de ginebra o vodka.
-1 parte de vermouth seco.
Preparado en coctelera (más seco) o en vaso mezclador (más aguado). Sírvase en copa de cóctel con una cebollita o una aceituna pinchada en un palillo (o piel de limón).
La bebida de James Bond (agitado, no mezclado). Una bebida de hombres (y mujeres) de verdad, no de nenas: seco y equilibrado, prácticamente perfecto y con su propia rama de estudios y derivados (muchos bastante indignos, como el de manzana). El vermouth cataliza la ginebra (o el vodka) y sube como un puñetazo a la mandíbula.

Gimlet:
-2 partes de ginebra (o vodka).
-1 parte de cordial de lima.
Mezclar en coctelera y servir en vaso corto (tumbler, en inglés).
El Gimlet es una receta versatil, apetecible antes de la comida. Se emplea cordial de lima mejor que el zumo ya que incorpora el sirope de azúcar y ayuda a equilibrar el alcohol sin ocultar nada. La bebida de Marlowe en the Long Goodbye.

Mexicola:
-Mitad, o más, de tequila, mejor añejado.
-Mitad, o menos, de cordial de lima.
-Coca-cola (mejor que Pepsi).
En vaso corto con hielo, se añade el tequila y el cordial hasta la mitad del mismo y después se llena con la bebida de cola.
Es una receta que se puede tomar a cualquier hora. El sabor del agave azul se combina muy bien con la lima y los aromas de la cola.

sábado, 7 de noviembre de 2009

Lo que me gusta en las mujeres.

Una de las cosas de que me he dado cuenta en estas semanas que llevo en el master es que mis prioridades han quedado reordenadas de forma involuntaria. Es normal que haya supeditado casi todo a sacarme el título pero sólo una consecuencia de mi intención de conseguirme un empleo decente: eso es lo que verdaderamente importa en este momento, como un medio para el fin de tener mi propia fuente de ingresos, nuevamente. De rebote, toda otra serie de cosas han quedado aparcadas. porque no tienen el mismo peso pero hasta a mí mismo me ha sorprendido un poco el haber pasado de las tías.
En realidad es una actitud de ir a mi bola sin que me importe el tema de buscar pareja. Normalmente, uno intenta mantenerse abierto a lo que pueda venir, mantiene los ojos abiertos y estudia sus posibilidades. Si lo pienso un poco más, la verdad es que es un efecto ampliado de mi actitud social (o más bien antisocial): siempre he tenido un aprensión un tanto paranoide a tratar con gente nueva y a integrarme. Cosas de hijo único, supongo. Ahora, la verdad, me da lo mismo todo. Con lo de culo que empezó el año y las gilipolleces que tuve que aguantar en su momento, me importa tres cojones lo que piensen digan o hagan los demás. Cometí el error de dejar de pensar que mi vida es mía y eso no quiero repetirlo.
Colateralmente, me ha dado por reflexionar que mis criterios con las mujeres ha cambiado con la edad. Será lo de madurar, o eso dicen. No me interesan las mismas cosas y no tengo los mismos márgenes de tolerancia que tenía tiempo atrás.
En general, me siento más descreído y cínico con todo pero la culpa es de la realidad, que acabó con el idealista que llevaba dentro.
Si lo pienso un poco, tampoco es que la situación sea tan mala porque mi historial no es que sea lamentable, es que es catastrófico. No catastrófico en plan "inundación y riadas" sino catastrófico en plan "asteroide sobre la Tierra e invierno nuclear". Aún no sé por qué no me convertí en un misógino, como algún amigo mío, y si eso dice algo sobre cúanto creo en la humanidad, o las personas, por lo menos, pero entre las ruinas del desastre reconstruí algo parecido a una esperanza.
De todo ello sé que, al menos, he conseguido aprender algo. Hace cinco años ya, había una chica que me gustaba y que llegué a la conclusión que era el tipo de mujer por la que todo hombre con cierto contenido craneal decente debía pasar. Todavía me pregunto qué coño es lo que ví en ella. Vaya, de hecho nadie puede decirme qué coño pude ver en ella. Bueno, tampoco muchos podrán decir que la conocían antes de que fuera rubia y, desde luego, aprendí dos cosas: 1) que mi capacidad para anular el parloteo de los demás es excepcional; y 2) pasar de alguien que tiene que hablar para llenar el silencio sin decir nada consecuente.
Más recientemente lo que tuve por medio fue una demostración de hasta dónde llegan las necesidades de otros de sostener su autoestima a base de la atención de los demás. Reconoceré cualquier día de la semana que me luzco, no sé si de forma hereditaria o aprendida, en usar las técnicas de agresividad pasiva, lo que hace de mí un cabrón con pintas en más de un caso, pero la capacidad para el reproche, la exigencia y la manipulación de aquellas personas que practican el vampirismo psicológico es algo que se me escapa. Por suerte, ahora el chantajismo emocional hace que en mi cabeza empiecen a saltar las alarmas como en Chernobil en el '86.
Desde donde estoy, tampoco es que pueda lamentarme mucho. He tenido ejemplos a mi alrededor de algunas relaciones que han acabado todavía peor o, incluso, que se mantienen para incomodidad de ambos participantes y los que les rodean. Eso no quita para que piense que haber tenido a alguien a mi lado en algunos momentos difíciles, sobre todo los de este año, habría sido una influencia positiva pero eso no lo sabré.
He visto algunas chicas por ahí que tenían su gracia, una, incluso, es cuasiperfecta, salvo por el tumor de metro ochenta y cinco con ojos azules que tiene, pero en estos casos ha pesado más el aspecto personal que el aspecto físico, que ha pasado a ser un criterio eliminatorio pero no decisorio. La culpa es mía por pretender encontrar a alguien que me resulte interesante a nivel intelectual y no sólo un modo de satisfacerme sexualmente pero es que si uno tiene que atender a las minucias de las reglas sociales con otra persona, no es un buen plan escoger a alguien que comienza y termina su línea discursiva en los modelitos del homosexual misógino que esté de moda ahora en las gafas de sol o cosa parecida.

P.S.: Richard Gere ha protagonizado una película sobre un perro. ¿Alguien ha dicho carrera en vía muerta? Además, la idea es antígua como el cagar y ha tenido mejores desarrollos.



¡Emboscada!

domingo, 1 de noviembre de 2009

Buen Gusto, Ovejas y Facebook.

El fin de semana pasado estuve fuera de casa con una amiga y su novio por Madrid con el objetivo de realizar una pequeña tarea que forma parte de un proyecto personal mayor. Estuvimos hablando de muchas cosas, porque echamos casi todo el día, entre ellas una historia de hace unos cuatro años, más o menos, durante la comida por mi cumpleaños. Es una historia que tampoco me agrada demasiado pero allá cada uno con aquello a lo que se aferra y por qué.
El asunto en cuestión fue el regalo que me hizo una tercera persona, una amiga con la que entonces guardábamos una estrecha relación y que hace ya un tiempo que no vemos. El regalo no lo recuerdo ahora mismo, por motivos obvios, porque lo que lo acompañaba era [suspiro] una de éstas. El fondo común que entre varios amigos hicieron fue a parar al regalo en sí, que, repito, no identifico, y a eso. Que es de dudoso gusto está claro pero hay que añadir que tomar la decisión por su cuenta y riesgo no fue, precisamente, una mejora del tema. Además, ¿qué coño de cara tiene que poner uno ante algo así? Y más delante de amigos míos, algunos de ellos, a los que no conocía realmente. Desde luego, se lo podría haber pensado mejor. No fue un motivo concreto del distanciamiento que vivimos ahora pero resulta casi sintomático.
La verdad es que tiempo atrás me jodió bastante porque éramos muy próximos y estuvimos juntos en algunas etapas de mi vida bastante jodidas pero cuando uno hace todo lo que puede y no obtiene respuesta positiva tiene también que aprender a rendirse.
Al menos, sin embargo, puedo decir que se trataba de amistad de verdad, un valor al alza por la abundancia de falsificaciones.
El otro día, con los compañeros del Máster* hablábamos del tema de la gente que uno conocía en primero y los amigos de la facultad. En general coincidíamos en que la mayoría de amistades que uno hacía en primero estaban motivadas, entre otras cosas, por el miedo al entrar en la facultad y estar solo. La gente se unía y formaba círculos de forma un poco inconsecuente y, posteriormente, parecía que se sorprendían cuando descubrían que no se aguantaban o que esos amigos que tenían no lo eran tanto. A todos nos habrá pasado, por lo menos con una persona. A mí, en ese sentido, mi asocialidad me ha salvado de sufrir estos casos, si no en calidad, por lo menos en cantidad.
Con todo eso de las redes sociales, Facebook y MySpace, sobre todo, parece, además, que la amistad es un valor que se encarece por la abundancia de falsificaciones. He recibido un par de invitaciones gente y, además de no interesarme el maldito invento, no me siento unido a esas personas. Desconozco qué es lo que pensarán por mi rechazo (aunque también desconozco si ellos lo detectan) pero tampoco me importa. Parece que ahora uno está obligado a exponerse y que los demás sigan su rastro y sepan lo que está haciendo, y eso sin inlcuir las consecuencias indeseadas de las redes de amigos y las fotos y demás (eso de que alguien ponga tu nombre en una foto que se suponía íntima). Es que es acojonante: el estado no ha tenido que montar un Gran Hermano porque son los mismos ciudadanos los que se entregan voluntariamente mediante una mezcla de exhibicionismo y chafarderismo.
En el fondo no sé si es que hay gente que está realmente tan insatisfecha (de ahí el exhibicionismo) o aburrida (idem para el cotilleo) como para buscar figurar o estar enterados de lo que hacen los demás pero a nivel social resulta preocupante que la gente pierda la perspectiva de lo que son las auténticas relaciones sociales. Y eso sin tener en cuenta los que lo utilizan para pillar cacho (los sitios de búsqueda de pareja no están en el fondo del barril, amigos) con ingeniosas técnicas. A mí, desde luego, no me pillarán con vida.

*Dos semanas y satisfecho.

viernes, 23 de octubre de 2009

Fiorenza, mein Liebe.*

El año pasado, en Semana Santa, me tomé mis primeras vacaciones decentes y dignas de tal nombre después de séis años, más o menos. No es casual que me hubiese licenciado en Septiembre anterior y que hubiese estado planeando, por lo menos de forma inconsciente, hacer algo así desde que entré a trabajar en el laboratorio de mi universidad el Octubre siguiente. En Enero hice una lista de objetivos para el año (una guía de cosas que esforzarme en conseguir, puede que luego no cumpla todas pero ayuda a mantener una sensación de progresión) y el viaje estaba entre ellos.
En principio no tenía pensado algo ambicioso, quería algo para desconectar, un descanso, y planee un viaje a Viana, en Navarra, villa donde está sepulcrado César Borgia (soy un gran aficionado al Renacimiento italiano y uno no puede comprender la época sin él). La cosa no salió adelante porque el hotel que pensé en principio no me respondió, así que lo dejé pasar y no volví a darle vueltas en un tiempo.

A principios de Febrero, sin embargo, me decidí a subir la apuesta y exploré las opciones de Florencia porque Leonardo (mi jefe de aquel entonces, persona a la que aprecio enormemente y por la que siento un gran respeto; mi maestro, vaya) me había comentado algún tiempo antes su viaje con la familia por Italia (son argentinos y su familia es de origen italiano por las dos ramas, así que se patearon tooooooda la península) y cuando estuvieron en la ciudad del Arno. Le pedí el folleto del hotelito en el que se alojaron y que me dijo que estaba muy bien y lo busqué por internet, hallando el modo de reservar y hacerme, finalmente, el viaje que quería.
Estando a cosa de un mes y una semana de la Semana Santa, envié un e-mail a mis amigos y conocidos con el plan del viaje y una fecha límite de inscripción. Como todos, o casi, respondieron negativamente me ví en la situación de decidir si marcharme yo solo. Después de cosa de un lustro sin un viaje de vacaciones decente la decisión estaba entre quedarme aquí en Semana Santa, con sus nazarenos, sus beatos y todas esas gilipolleces o la ciudad sin la que sería imposible entender la historia italiana, por no hablar del arte universal, desde la Edad Media.

Una decisión muy difícil.
Así las cosas, el 17 de Marzo de 2008 partí hacia Florencia por cortesía del grupo Lufthansa y con escala en Munich. Pasé séis días pateándome la ciudad, explorando, reconociendo el trazado, visitando los museos: la galería de los Uffizi, el museo del Barghello. Me extasié en el Baptisterio de Santa Maria del Fiore, con sus estilos diferentes (clásico, medieval, bizantino, árabe), los jardines del Boboli. Me sentí pequeño e insignificante y me dí cuenta de que mis problemas no eran realmente importantes cuando estuve en esas inaprehensibles maravillas con más de siete siglos que son San Miniato al Monte y la Basilica de la Santa Croce. La experiencia exterior y la experiencia interior se fundieron y tuve una sensación que no había tenido en mucho tiempo: que también te pueden pasar cosas buenas.
Dejando de lado los regalos y souvenirs que me traje (si váis por allí prestad atención a los cuadernos florentinos, una maravilla), el mejor regalo me lo llevé yo al poder disfrutar de una ciudad que, para mí, es sin lugar a dudas lo más hermoso del mundo, un lugar en el que la historia está (es) en cada puñetero adoquín. Y creo que si no hubiera ido solo no lo habría disfrutado tanto. Levantarme a las siete de la mañana todos los días y salir a patearme la ciudad hasta que volvía al hotel a las seis de la tarde (cuando volvía al hotel y echaba un rato con la DS y otro leyendo a, casualmente, Stendhal) y hacer todo a mi ritmo, con mis pensamientos como único compañero, me dio tiempo para prestar atención y absorber lo que veía, escuchaba, olía y sentía. Es cierto que tenía cosas en las que pensar, me preocupaba mi futuro profesional (de una forma que luego he visto que era sintomática) y tuve un par de ocasiones en las que mi moral estuvo por los suelos, pero la enorme belleza de los rincones más insospechados de la ciudad y el arte escondido allí, y una buena comida alejaban lo peor de mi pesimismo obsesivo.

Sin embargo, lo mejor del viaje estuvo al final.

El aeropuerto de Florencia es pequeño y difícil, en términos aeronáuticos, tanto por su tamaño y localización como por la meteorología de la zona (la Toscana viene a ser como el norte de España en su régimen de lluvias, pero es más calurosa en verano). El día anterior a mi vuelta a Madrid, el avión de la subsidiaria de Lufthansa que tendría que haber llegado a Florencia no pudo aterrizar y se desvió a Bolonia, así que cuando llegué al aeropuerto a las seis de la mañana me encontré con la cola de facturación en la que nos informaron que tendríamos que facturar, coger un autobús y ya despegar en Bolonia. La suma del tiempo desde la salida de Florencia más el trayecto hasta Bolonia y que, cuando llegamos allí nos informaron de que la tripulación no había tenido su tiempo de descanso reglamentario desde el día anterior hizo que nos retrasásemos alrededor de tres horas respecto a la salida prevista (de siete menos cinco a diez y cuarto).
Vale, la mayoría de la gente estaría a estas alturas un tanto quemada, sobre todo porque para cuando llegásemos al aeropuerto de enlace (en la vuelta, Frankfurt), la mayoría habría perdido su vuelo correspondiente pero como yo volvía en sábado y había tenido unas vacaciones estupendas, me tocaba la polla todo. Me contentaba con que no me perdieran la maleta y, además, la Lufthansa tuvo la cortesía de pagarnos el desayuno (Iberia, va a volar contigo la Topota**). Como problema adicional, no tenían el catering del desayuno por motivos logísticos, así que repartieron una especie de galleta-bombón sabrosa pero harinosa como un polvorón. El vuelo de enlace, claro, suponía un problema pero cuando llegamos a Frankfurt, a eso de las doce o por ahí, y subimos a la terminal, una funcionaria de físico rotúndamente germánico y germánicamente rotundo nos redistribuyó: los que peor lo llevaron fueron unos yanquis que iban a Dallas-Fort Worth y que tuvieron que quedarse en un hotel hasta el día siguiente, seguidos por unos argentinos que podían elegir si ir hasta Sao Paulo y allí enlazar a Buenos Aires. A mí me habían reservado plaza para el siguiente vuelo a Madrid, el de la una, y allí que fui atravesando la terminal dejándome llevar un poco y botando en las cintas transportadoras.
Pero lo mejor ocurrió en la puerta de embarque, donde un amable empleado de la compañía me indicó que mi plaza había sido asignada en clase business. No se me quitó la sonrisa de idiota en todo el resto del fin de semana, claro. Me habría podido acostumbrar tanto al espacio disponible como a la calidad del menú. Una conclusión de viaje realmente estupenda.


Anécdotas del viaje:

-El jevorro motorista metalero que me pasó en la calle que va a la iglesia de San Lorenzo y que, piercings y pendientes en la cara incluídos, se iba persignando como si de verdad llevara a Satán pegado al culo.
-La yanqui que llevé al lado en el autobús a Bolonia y que iba cabeceando. Me imaginé que al final acabaría apoyándome la cabeza en el hombro y así fue. Pasé medio viaje intentando no reirme ante la situación cuando empezó a revolverse en sueños haciendo ruiditos.
-La Estonia/Letona/Lituana divina de la muerte que llevaba al lado en el avión a Frankfurt y que con toda su amabilidad, mientras me debatía con el envoltorio irrompible de la galleta, me lo cogió de las manos y me lo abrió. Siempre me quedaré con la duda de si ahí había plan o no.
-La parejita de españoles que venía desde Florencia conmigo: al subir en Frankfurt, él, que se debió quedar con mi cara, cuando pasó por la clase business me miró y se quedó con cara de perrito a punto de ser atropellado. Ese momento, amigos, es la definición de Schadenfreude.

*Si el gabacho aquel decía eso de Hiroshima, yo lo digo de Florencia.
**La Topota madre, claro.
***Hoy he tenido la desgracia de que estando tranquilamente disfrutando de mi tiempo libre en un Starbucks de mi elección se me han sentado al lado, poco antes de irme, por el tiempo y por razones obvias, un par de Ricarditos Costa en potencia, un par de pijitos chupapollas adolescentes que se dedicaron a comentar la presencia femenina como si estuviesen en un puto mercado de ganado. Los muy comerrabos me dieron la impresión de que hace setenta años, más o menos, serían un par de flechas, los muy mongos. Que asco me han dado, los muy hijos de puta.

viernes, 16 de octubre de 2009

Piérdele el Miedo a la Cocina III.

Hoy: Salsas para pasta.

Utensilios:
-Batidora de mano.
-Cuchillo de cocina.
-Tabla de cortar.
-Cazuela grande.
-Cuencos y fuentes grandes.
-Cuchara de madera.
-Rayador de acero inoxidable.
-Recipientes semiherméticos/a prueba de fugas (tipo Tupperware) para recoger las salsas y otros componentes.


Pesto Genovés.

Ingredientes:
-Albahaca.
-2 o 3 dientes de Ajo.
-Queso Paremesano-Reggiano (aproximadamente 80g).
-Aceite de Oliva virgen-extra.
-Piñones.

Procedimiento:
Pelar el ajo y rayar el queso. Reunirlo junto a la albahaca en un recipiente y realizar un primer triturado con la batidora añadiendo aceite hasta que quede semiespeso. Añadir el queso y batir para homogeneizar. Por último, añadir los piñones. La textura debe ser suave pero no líquida.

Conjunta bien con pasta sencilla y con gnocchi que lleven espinacas en la mezcla.

Puede añadirse más albahaca, ajo o queso según se guste y corregir de sal al servir.


Salsa Marinara.

Ingredientes:
-Una lata de tomates enteros pelados.
-Ajo.
-Albahaca.
-Aceite de Oliva virgen-extra.
-Tomates secos.
-Sal.

Procedimiento:
Poner tres o cuatro tomates secos en agua y cambiar un par de veces. Picar el ajo. En una cazuela grande, añadir tres cucharadas de aceite de oliva, calentar y añadir el ajo picado hasta que libere el aroma. En ese momento añadir la lata de tomates. Calentar y triturar despacio con la cuchara de madera, añadiendo los tomates secos rehidratados. Después de aproximadamente quince minutos, emplear la batidora de mano para triturarlo y corregir de sal. Dejar que reduzca otros quince minutos y después apagar el fuego. Cuando haya enfriado, añadir la albahaca troceada y mezclar bien.

Es imprescindible respetar el paso de la albahaca al final. Si se añade en caliente, el calor descompone algunos de los aceites de la hierba y deja de tener influencia en la salsa. Los tomates secos son adición mía para intensificar el sabor.
Se puede corregir con pimienta negra molida al servir.


Salsa de Domingo (Sunday Gravy).

Ingredientes:

Para la salsa:
-Dos latas de tomates enteros pelados.
-4 dientes de Ajo.
-Aceite de oliva virgen-extra.
-Medio kilo de carne de ternera.
-Medio kilo de longanizas de cerdo.
-Sal.
-Pimienta negra molida.
-Una cucharada de té de Jengibre molido.
-Orégano.
-Romero.
-Tomates secos.

Para las albóndigas:
-Medio kilo de carne picada de vacuno.
-Media taza de pan rallado.
-2 huevos grandes.
-1 cucharada de ajo picado muy fino.
-Media taza de queso Parmesano-Reggiano o Pecorino-Romano rayado.
-1 cucharada de té de sal.
-Pimienta negra molida.
-Dos cucharadas de perejil troceado.
-Dos cucharadas de aceite de oliva virgen-extra.
-Aceite de oliva para freir.

Procedimiento:

Para las albóndigas:
Mezclar en un cuenco todos los ingredientes salvo el aceite de oliva. Mezclar de forma homogénea. Mojándose las manos, formar bolas de un tamaño de tres a cuatro centímetros aproximadamente. Calentar aceite en una sartén y comprobar la temperatura apropiada colocando una de las albóndigas. Dorar bien todas las albóndigas y cuando estén todas hechas, pasar a una bandeja.

Para la Salsa:
1. Poner los tomates secos en agua y cambiar el agua un par de veces. Calentar el aceite en la cazuela. Añadir las longanizas, cuidando de perforarlas con un tenedor, y dorarlas. Retirarlas y reservar en una bandeja. Añadir la carne y sellarla. Retirar la carne a la bandeja.
2. Añadir el ajo picado y freir hasta que libere el aroma. Añadir las latas de tomate y triturarlos con cuidado con la cuchara de madera. Dejar quince minutos y después añadir los tomates secos rehidratados, dejandolo otros cinco minutos, después retirar y homogeneizar con la batidora de mano. Añadir a la mezcla el jengibre molido y las hierbas. Corregir de pimienta negra molida.
3. Poner en la salsa la carne, las longanizas y las las albóndigas. Cocer removiendo de vez en cuando durante una hora, aproximadamente. Dejar enfriar y retirar las carnes y albóndigas a envases herméticos separados de la salsa. Corregir la salsa de sal en este momento.

La salsa es válida para pastas de todo tipo, especialmente para aquellas rellenas (sobre todo de prosciutto, carne...) pero pastas como los rigattoni lo llevan bien también.
Las carnes se toman después de la pasta pero la idea es poder conservarlas para bocadillos para la cena o así.
Es una salsa que aguanta bien en el congelador, para ello es mejor emplear recipientes pequeños que contengan una o dos raciones.


Las cantidades de cada salsa son variables. No doy cifras pero normalmente con un envase de un litro debe sobrar.

P.S.: estoy entretenido últimamente con un juego de la NDS de controladores aéreos, el Air Traffic Control, conocido en E.E.U.U. como Air Traffic Chaos y en mi casa como ¡Joder, joder, joder! ¡Aminora, coño, aminora! Un auténtico vicio pero también un agobio. Echo de menos el Front Mission IV.

lunes, 5 de octubre de 2009

Piérdele el Miedo a la Cocina II.

Risotto Bianco (4 servicios como plato principal o 6 como primero).

Utensilios.
-Olla grande (recomendable emplear la olla express sin su tapa tanto por tamaño como por material).
-Olla o cazo de algo más de un litro de capacidad.
-Cuchillo de chef.
-Bálanza de cocina.
-Tabla de cortar.
-Batidora de mano y complemento para picado fino*.
-Jarra de medidas.
-Cazo de servir sopas/purés.

Ingredientes.
-Arroz de grano muy corto. Las variedades italianas son muy concretas pero el arroz Bomba es adecuado. 400 gramos.
-Aceite de Oliva (2 cucharadas, aproximadamente).
-150 gramos de mantequilla.
-115 gramos de queso Parmesano-Reggiano (rayar previamente).
-3 dientes de ajo medianos grandes.
-1 cebolla mediana/grande.
-4 tallos de apio.
-Vino blanco seco o vermouth seco (300 ml).
-Pimienta negra molida.
-Sal.
-500 ml de caldo (verduras, pollo, carne, pescado... según el gusto).

Procedimiento:
1. Poner en el cazo/olla pequeña el caldo a calentar. En la olla grande, añadir el aceite y 70 gramos de mantequilla hasta que funda a fuego lento.
2. Cortar las hojas del apio. Picarlo. Picar también el ajo y la cebolla muy fino. Añadir a la olla con el aceite y la mantequilla y ablandar la verdura.
3. Añadir el arroz a la olla con la verdura y remover. Cuando esté transparente, añadir el vino/vermouth y dejar que el arroz lo absorba.
4. Cuando esté absorbido, añadir, progresivamente, el caldo, uno o dos cazos cada vez. Dejar que sea absorbido y repetir sucesivamente hasta que el arroz esté al dente (debe quedar ligeramente duro).
5. Retirar la olla del fuego, añadir el resto de la mantequilla y el queso Parmesano-Reggiano y remover para que se funda. Queremos una textura cremosa, así que es conveniente que quede algo de caldo para añadir. Corregir con sal y pimienta.

Variantes:
Este plato admite multitud de variantes: con setas, con productos del mar, con coliflor, con alcachofas, con ricotta e hinojo... El risotto bianco en sí es una base para poder añadir otros ingredientes. Si buscáis un poco podréis encontrar más variantes o incluso crear las propias. En esos casos, ocasionalmente, hay que cocinar los ingredientes adicionales aparte y luego añadirlos en un paso u otro del proceso.