jueves, 7 de abril de 2016

Prendámosle fuego a la casa del árbol.

Leí el lunes pasado un post bastante largo de tumblr al que llegué por un tuit. Ese post relataba incidentes de corte machista dentro de la comunidad de los juegos de miniaturas que le han acontecido a una (o tal vez varias, no especifica si todos son suyos o incluye de más mujeres) chica canadiense. El motivo fundamental de que hiciera el post estaba en que aparentemente se había formado una campaña de acoso contra ella por sus comentarios y críticas sobre un juego en concreto y señalaba a miembros de la editorial que publica el juego y produce sus miniaturas.

En su post, esta chica calificaba la situación de terrorismo blanco machista, por identificar a los responsables de la conducta como varones blancos que abusaban verbalmente y/o físicamente de las mujeres y de gente de color. La lista de lo que refiere podéis leerla pero es la típica lista que va de los comentarios peyorativos sobre las mujeres y su valía, pasando por comentarios sexuales improcedentes y llegando a tocar o pellizcar en diversas partes de su cuerpo. En cuanto a lo racista, relata un incidente concreto en el que los habituales de una tienda se refirieron a un cliente negro con la palabra "nigger" ("negrata/negraco") con esa actitud "de buen rollo" de los blancos que no saben que la forma en la que la usan entre ellos no es permisible desde fuera. 

Sobre la cuestión de los abusos físicos, etc., sería de esperar lo de lo "recurre a la policía". Pues bien, relata también las ocasiones en las que ha recurrido a la policía y las respuestas obtenidas, casi todas tan familiares como el típico "Pero ¿cómo ibas vestida?". El incidente que es especialmente sangrante es el de 2015: 

Es 105 y estoy denunciando el acoso ante la Real Policía Montada del Canadá:
-¿Esto como el juego ése del WaterGame*?" pregunta la agente. Sonrío aliviada.
-Sí. Sí, es muy parecido.
La agente suspira, -Tendríamos mucho menos trabajo si las mujeres permanecieran lejos de fracasados psicópatas.- Miro las pruebas delante de mí. Estoy de acuerdo.
En cada discusión sobre acoso online me encontrarás diciéndole a las mujeres que llamen a la policía. Lo que no oyes es a la policía diciéndole a las mujeres que se mantengan alejadas de las comunidades de juegos por su propia seguridad. ¿Qué dirían los gamers si supieran que la policía les dice a las mujeres que eviten las tiendas de juegos de la misma forma que evitan las casas de las fraterninades?
-De todos modos, ¿por qué es tan importante para usted? La agente es brusca pero lo aprecio.
-Es mi afición. Me encanta. Llevo haciendo esto veinte años.
Su respuesta me corta hasta el corazón: -Encuéntrese otra afición o acabará muerta. 

Llevamos viendo en los últimos cinco años una radicalización en la retórica y la conducta en la comunidad de jugadores de videojuegos (agarrados a la etiqueta de "gamer" [N.del A.: odio esta etiqueta; yo, al menos, soy un jugador de juegos]) que culminó en el Gamerhate. La importancia de este fenómeno creo que es tan grande por lo que significa implícitamente que en sí mismo (las campañas de acoso contra mujeres que han montado, pesadillas que niegan en los hechos la pretensión de que todo es un tema de ética periodística en la crítica de videojuegos, que siempre fue un sector poco independiente, aunque llegó a tener momentos de mucha vergüenza ajena mucho antes del Gamerhate). Soy de los que cree, en efecto, que el Gamerhate es uno de los teatros de una guerra cultural**, al igual que lo fueron los Sad Puppies: es el resultado del choque entre un colectivo o comunidad que ha construido una identidad de grupo o tribu, una identidad cultural, en torno a unas premisas y reglas que estructuran esa comunidad y su visión del mundo, y, en este caso, cambios en la realidad que ponen en cuestión esa visión del mundo. 

En el caso de lo que señala la autora de Latining en su post original, nos encontramos con que la comunidad de los juegos de miniaturas sufre de una serie de problemas comunes con el Gamerhate y que creo que podría describirse como "síndrome de la casa del árbol" (o como "síndrome del club de caballeros", según señalaré luego).

DISCLAIMER: aunque soy científico, no tengo una educación formal en humanidades o ciencias sociales***, así que ninguno de mis planteamientos viene de nada más allá de la observación de evidencias empíricas. Sentíos libres de cuestionarme.

La comunidad de los juegos de miniaturas, históricamente, resulta de tres tradiciones previas: la de los juegos de guerra formales (que vienen del Kriegspiel prusiano y de las Little Wars de H.G. Wells), de los soldaditos de plomo y miniaturas (hobby pijo que se remonta al siglo XVIII por lo menos), y de los juegos de rol de los setenta (como forma de visualizar las acciones del Dungeons and Dragons). Esencialmente, estamos hablando de un hobby o afición que, por sus características, se origina en Estado Unidos y es practicado mayoritariamente por varones, partiendo de adolescentes, de clase media en los años setenta, aunque el fenómeno gane inercia en Europa, sobre todo en Reino Unido, en los ochenta, con 'Rogue Trader' y 'Warhammer'. El nivel socioeconómico en estos contextos geográficos lleva implícitamente aparejado el componente de población blanca.

Esta afición, como los juegos de rol, atrae a un perfil de adolescente más que de adulto porque suele acompañarse con ambientaciones fantásticas o de ciencia ficción, dejando para el público más adulto el juego más próximo al wargame formal basado en ambientaciones históricas o más realistas, aunque es una generalización. El conjunto de literatura y películas SFF (Ciencia Ficción y Fantasía), juegos de rol, juegos de miniaturas, cómics, videojuegos, etc. forma un cliché de hobbies propios de "frikis" (N.del A.: odio esa palabra), nerds o geeks. Lo típicamente asociado a estos perfiles es la de personas con mejor rendimiento académico o mayor inteligencia, peor rendimiento deportivo/físico y mayor imaginación que la media (nuevamente, generalización), que encuentran más placer en actividades intelectuales y sedentarias que en las actividades físicas y deportivas. 

Muy probablemente estos clichés no resulten válidos hoy como aplicables a todas las personas que practican estas aficiones, además de que sea ahora un perfil minoritario, pero, y este es el punto clave, en el pasado lo fueron y crearon un sentimiento de grupo y una identidad cultural que definía a "la tribu". Así, lo que resulta es una caracterización de que quienes forma(ba)n parte de esta comunidad concreta de los juegos de miniaturas eran hombres (por motivos socioculturales las mujeres socializaban de otra forma y las aficiones de guerra "no eran de chicas"), blancos y de clase media, o, lo que es lo mismo: lo que la sociedad nos machaca como el "por defecto" de la humanidad. Que conste que no entro en el aspecto de la orientación sexual o la pertenencia a identidades LGTBQ o alternativas pero no creo ni que deba mencionar que todos estos "generales de salón" eran heteros (al menos hasta el momento en que no lo eran, según aceptación local). Y todo esto en un contexto general de una sociedad heteropatriarcal.

El problema es que una vez establecida esta identidad cultural y las narrativas asociadas a ella, la existencia de una realidad "ahí fuera" que no encaje con ellas y que quiera participar de la actividad puede encontrarse con el fenómeno del "gatekeeping" inherente. Igual que esa mitad de los jugadores de videojuegos que son mujeres no son "verdaderas gamers" (lo que coño que quiera que sea eso), las mujeres que quieren participar en la comunidad de juegos de miniaturas son "bichos raros" y no son "verdaderas aficionadas". Además, tienen que enfrentarse a un entorno que ha sido generado y perpetuado durante años y en el que las representaciones de las mujeres (y de las minorías) se limitan a estereotipos o formas concretas muy restringidas y, habitualmente, sexualizadas (si buscáis miniaturas de elfas os haréis idea. La idea de que haya miniaturas de mujeres que enseñen menos carne que las de los hombres es, por ahora, una especie de novedad). 

Ese "gatekeeping" ocurre porque una fracción importante de hombres considera que la afición es su propiedad particular y que cualesquiera cambios en la narrativa establecida por su identidad cultural es un atentado contra ellos que pretende destruir la afición. En el fondo, es una manifestación de una visión limitada de la realidad que pone en cuestión los privilegios de los que disfrutan en la sociedad, que obliga a replantearse que ser hombre, blanco, cis y heterosexual (cishetwhitemale) no es el "default" de la humanidad. Dado que estas aficiones tienen un componente de escapismo bastante relevante, considero que esa defensa desesperada de una visión del mundo, que hace central ese combo cishetwhitemale, tiene un punto de ansiedad. Personalmente, sospecho que  esa ansidedad tiene que ver con la crisis social más general en la que nos encontramos, en la que los referentes que funcionaban para las generaciones precedentes han quedado destruidos desde la misma base, en la que la inseguridad laboral ha robado el papel central en la sociedad a los hombres y una de sus razones de ser.

Estos movimientos reaccionarios frente a las mujeres y las minorías (y su representación legítima) en estas aficiones son los estertores de una época que muere, un intento de preservar una realidad que no es tal y a la que intentan escapar ciertos individuos que por su propia neofobia son incapaces de lidiar con el hecho de que su ideología "neutral" colisiona de cara con el futuro de la sociedad. Porque esto es fundamental: estos movimientos (o actitudes, si no están constituidos como movimientos) se pretenden neutrales, no quieren mezclar en sus juegos/libros/lo-que-sea política/sexualidad/etc., rehusan la inclusión en "su" afición, aquello que choca con su ideología y buscan la "neutralidad". Sin embargo, como decía Theodor Adorno "La llamada neutralidad es cualquier cosa menos neutral. Al abstenerse de tomar partido, en realidad, está tomando partido." La ideología, como explica aquí Slavoj Zizek:

existe por defecto, es una infraestructura de nuestra percepción que condiciona como vemos el mundo (Bonus: el de los chicos de Bukku qui y la ideología en los videojuegos). La neutralidad, por tanto, no es tal, sino que es un punto de vista concreto que impone sesgos a priori en nuestra forma de ver el mundo. El problema que tienen los Gamerhaters, los Cachorritos tristes y otros es que "el mundo se ha movido", que la sociedad y sus valores han cambiado: la historia ha seguido su curso, colectivos oprimidos e invisibilizados han reclamado su lugar y las limitaciones en la narrativa ya no sirven. 

La metáfora de la casa del árbol que comentaba al principio es apropiada por la inmadurez que lleva implícito este rechazo a adaptarse a una realidad más variada, como si no pudieran salirse de los límites de su forma de ver el mundo en blancos y negros como cuando eran críos, pero también es procedente la del club de caballeros, creo yo, por las implicaciones de género y clase socioeconómica que tienen estas aficiones. A partir de ahí, las consecuencias de este berrinche, ese terrorismo que señalaba la autora de Latining, son sólo la consecuente radicalización de un colectivo que se resiste a perder sus privilegios. Va siendo hora de prenderle fuego a la casa del árbol y de invitar a los mendigos a desayunar en el club.

Ampliación 18/4/2016: un artículo interesante que complementa/reitera bastantes de las cosas que señalaba.

*¿Warhammer, quizás?
***JA JA JA JA JA.

P.S.: en un foro tuve bronca cuando comenté que consideraba que, independientemente de los valores literarios de Tolkien, su obra era racista. Sigo sosteniéndolo.

viernes, 10 de mayo de 2013

Loud as a Whisper.

Vuelvo a publicar después de muchísimo tiempo porque hay un motivo poderoso, poderosísimo, para ello.

En Star Trek: la Nueva Generación había un episodio con el título que encabeza esta entrada. El argumento venía a ser que el Enterprise recogía a un diplomático especializado en situaciones difíciles de conflicto, guerras civiles, etc. y lo llevaba hasta un planeta en el que había una situación así. La particularidad y el elemento clave de todo el episodio era que el embajador era mudo pero telépata y se comunicaba a través de tres intérpretes, dependiendo del rango de emociones que quisiera/necesitase expresar. El resto del argumento, por no hacer spoiler yo deliberadamente, os lo podéis mirar vosotros siguiendo el enlace. A efectos prácticos la cuestión es que no he podido evitar pensar en ese episodio al ver la entrada de hoy/ayer del blog de Allie Brosh, Hyperbole and a Half.

Hace mucho que descubrí su blog, lo recomendé, diseminé todo lo que pude su url, porque me parecía que tenía un verdadero fondo de genio, de humor, de diversión a partir de lo cotidiano y de ser "tonto" (silly, si cogéis el matiz) sin dejar de demostrar inteligencia. En un primer momento tomé su ausencia de actualizaciones (un año desde la anterior hasta la penúltima) por ocupación con el libro que anunció en su momento y no le dí mayor importancia pero me equivoqué, por motivos que creo que quedan del todo claro en la última entrada. Lo eché en falta pero la vida sigue para todos y no pensé mucho más en ello.

Hoy, cuando he leído su entrada, ha sido como... no sé si podría llegar a explicarlo. A nivel emocional me ha removido por dentro porque ha puesto, de una forma clara y, lo que es más importante, desdramatizada, con esos toques de humor que decía antes, una experiencia que también ha sido mía. No todos los detalles son exactos, claro, pero, como con toda experiencia subjetiva, hay margen para la variación, para la customización o, mejor, personalización de la misma. Lo esencial, no obstante, está ahí: el entumecimiento vital, emocional; la impotencia (y aún la frustración y la ira) de los demás para hacer nada; la vida como un ejercicio de inercia; la vaga sensación de que quieres apagar la luz y cerrar la tienda; la ira cuando los demás intentan hacer algo y parece que lo hacen por ellos y no por ti; el odio y los sentimientos negativos hacia los demás (y, especialmente, la felicidad de los demás) como un clavo ardiendo al que agarrarte para sentir algo; y el día en el que, de repente, tu cerebro decide que, de nuevo, vuelves a tener motivos por los que vivir. Si tuviera que decir algo que falta, por el tinte personal, sería la vergüenza ante la impotencia que uno mismo siente al no poder reaccionar emocionalmente, aunque ese matiz creo que está, en el fondo, en lo que ella menciona sobre que casi parece que quieres estar mal.

Una de las palabras que más me llamó la atención fue 'fog', niebla. Es quizás una de las más descriptivas de la sensación que acompaña la depresión: una especie de niebla mental a través de la que uno se mueve en los días en que está "en la zona", atenuando el "sonido emocional" de todo lo que te rodea.

Ha puesto palabras (y viñetas) a algo de lo que no es ya que sea difícil hablar sino que es prácticamente imposible trasmitir en todos sus matices. Una especie de necrosis interior que sólo duele a posteriori, el dolor de la depresión es como el dolor un miembro fantasma.

Sufro de periodos depresivos. Es así desde los 17 años y podría especular durante horas y páginas con los agentes causales, no ya sólo por formación sino por análisis de mi biografía, pero eso no sirve para eliminar lo que es una característica de mi personalidad y mi neuroquímica. Mi cerebro funciona normalmente la mayor parte del tiempo, con felicidad e infelicidad, ira, calma, afecto, euforia... Sólo de cuando en cuando, por causas diversas (contrariedades, dolor emocional agudo, falta de luz solar durante periodos prolongados, la dirección del viento, yo-que-sé...) "caigo en la zona" y TODO carece de significado, tal y como la Brosh describe.

Con los años me he hecho a la situación: reconozco los síntomas previos, los prolegómenos, como el que nota un sabor extraño como reacción a la adrenalina, pero normalmente no puedo hacer nada, salvo asumir qué es lo que se me viene encima y que en algún momento pasará. Es lo más parecido, a nivel emocional, que se me ocurre a lo que debían hacer los humanos cazadores-recolectores cuando les pillaba una tormenta estando de caza. Tengo la suerte de que ninguno de mis episodios ha tenido ni la duración ni la intensidad del más fuerte que recuerdo, aunque creo que quizás tenga que ver con los años y la experiencia. Lo que sé es que, como el 'perro negro' de Churchill, está aquí para quedarse o por lo menos tengo que vivir con la idea de que estará alrededor.

Toda esta confesión no es por necesidad de simpatía, lástima o compasión. Sólo quería enfatizar que Allie Brosh ha hecho la que puede ser la guía más clara, concisa, explicativa y certera sobre lo que es la depresión. Ha dado una voz y una forma a lo que muchos sentimos y no hemos podido llegar a comunicar, ni siquiera a los que nos son más cercanos, cosa que creo que ya sólo los 5000 comentarios de su entrada demuestra. No os pido comentarios, sólo que leáis la entrada original y que la difundáis para intentar dar un poco de comprensión: hay un margen como de vergüenza ante esta enfermedad, esta vulnerabilidad y, personalmente, no creo que la retórica de muchos medios de comunicación al hablar de ella como "enfermedad de las sociedades desarrolladas" ayude mucho; lo encuentro como una especie de falsa compasión que en el fondo lleva un cierto desdén implícito ("peor lo pasan en África", estableciendo una comparación fácil que no procede). Es un fallo neuroquímico, un mal del cerebro, algo cuyas bases comprendemos sólo de forma tan burda como la esquizofrenia, la distinción está en el grado de funcionalidad social.

P.S.: en Melancholia Lars Von Trier identifica  una de las pocas cosas positivas de las tendencias depresivas, por si queréis una aproximación fílmica complementaria.

P.P.S: Florence and the Machine tiene una canción sobre el asunto, también.

sábado, 26 de mayo de 2012

Take a Walk on the Wild Side.

De un tiempo a esta parte he venido notando la proliferación en internet de blogs o publicaciones en castellano dedicadas a la divulgación científica de los diferentes campos. Una iniciativa que no es que haga falta ahora, es que siempre ha hecho falta en un país en el que la ciencia, la investigación y la innovación siempre han estado en el último lugar de la cola de prioridades, si es que han aparecido en ella. La divulgación es el comienzo, la base, sobre la que se puede formar a los escolares (y a los adultos curiosos, claro) en el funcionamiento, los objetivos y los logros de la ciencia. Es la forma de contar qué es lo que ocurre en la Torre de Marfil en la que la comunidad se refugia demasiado a menudo, perdiendo la perspectiva de que hay cosas más allá de publicar en ésta o aquella revista, que se nos acaban los fondos o éste o aquel tema oscuro en el que uno se ha especializado. O dicho de otro modo: es un recordatorio de que la ciencia es un principio, no un fin.

Sin embargo, tengo serias objeciones al tono que toman algunas veces, demasiado autocomplaciente y autocongratulatorio con los logros. Quizá sea también cosa mía y mi gusto por ser un aguafiestas pero siempre hace falta transparencia y autocrítica, especialmente con racionalidad y desde el interior, porque si no hay que prepararse para soportar los ataques de los reaccionarios, los ignorantes y los malintencionados que montan cruzadas contra el progreso tecnológico, sean de base religiosa o neohippie.

Por eso, quiero hacer aquí una entrada aclaratoria sobre uno de los aspectos perversos de la investigación en biología: la guerra biológica.

Un poco de Historia.

El antecedente canónico de uso militar de agentes biológicos registrado fue el lanzamiento con catapulta de cadáveres de fallecidos por peste bubónica en el asedio tártaro de la colonia comercial veneciana de Caffá (Teodosia) en Crimea. Aunque esto resulte, de entrada, bastante repugnante, no es muy seguro que fuese la vía de contagio de la peste fuese ésta, ya que el vector (organismo que transmite una infección sin sufrirla) de la bacteria, Yersinia pestis, es la pulga humana común, Pulex irritans, que suele ir montada en ratas y es más razonable que las ratas que merodeasen en el campamento tártaro acabasen por colarse en la ciudad, donde el espacio cerrado hizo el resto. Sea como fuere, la cosa funcionó en lo que respecta a la toma de la ciudad: la Horda de Oro se apoderó del lugar, los venecianos que pudieron huyeron a Europa y el resto, gracias a las costumbres higiénicas deficientes en la Europa post-romana (la primera defensa frente a las pulgas es lavarse) y la población reducida de gatos domésticos, ya nos lo sabemos todos.  

Hay otra referencia de cierta forma de guerra biológica entre los habitantes del Ponto, en el norte de la península de Anatolia, que tenían como costumbre recoger miel elaborada por las abejas a partir de los rododendros de la región. Esta miel era venenosa y queda constancia de ello en la Anábasis de Jenofonte y en los registros de las campañas de Cneo Pompeyo Magno en la región.

El punto clave para la cientifización del uso de agentes biológicos en aplicaciones militares, sin embargo, viene con el surgimiento de la teoría de los gérmenes de Pasteur y con la microbiología. Sin el conocimiento, estudio y aislamiento de los agentes causales se carece de las bases para poder usarla de forma fiable y, lo que en cierto modo es más importante, para industrializarla. A partir de ese momento, se producen verdaderos avances en la investigación, si bien su uso ha resultado limitado, debido a que se han conocido mejor las dificultades de su gestión efectiva.

Básicamente, los programas de guerra biológica sólo toman un desarrollo realmente significativo a partir de los años 20 del siglo XX. Durante la Primera Guerra Mundial, las estrellas fueron los diferentes gases empleados por las potencias de ambos bandos, que demostraron ser idiosincráticos y tener manías raras, como cambiar de dirección con el viento, por ejemplo. Es de imaginar, claro, que la idea de liberar un agente que, además fuese contagioso y pudiese saltar de la tropa enemiga a la propia no debió gustar mucho, sobre todo habida cuenta de las condiciones de hacinamiento e insalubridad presentes en las trincheras del frente, con su humedad, sus hongos, sus ratas... Hasta el médico con las nociones más elementales de epidemiología habría soltado una colleja al general con una idea parecida.

Los nazis, esos malos tan monstruosos y tan de libro, gente a quienes podríamos haber achacado una idea tan peligrosa y tan malvada como el uso de agentes infecciosos, no tuvieron un programa digno de mención (cierto, desarrollaron tres organofosforados neurotóxicos funcionales a bajísima concentración, efecto rápido y dispersión también rápida, el sarín, el tabún y el somán, pero no los utilizaron por el pánico de Hitler a que los aliados hicieran lo mismo; un raro ejemplo de sensatez hitleriana). Fueron los británicos y los canadienses quienes, en preparación frente a esa posible amenaza, desarrollaron sus propios programas, llegando a armamentizar* el carbunco (Bacillus anthracis), la brucelosis (Brucella spp. , conocidas como fiebres de Malta) y el botulismo (Clostridium botulinum). 

Si miramos a oriente, no obstante, allí los japoneses, ya desde los primeros años 30, demostraron una crueldad y una monstruosidad sin precedentes. Si los alemanes industrializaron la muerte en los campos de exterminio (Vernichtungsläger), deshumanizando a las personas hasta hacer de ellos materia prima, los japoneses convirtieron la china ocupada en una gigantesca placa de petri. Por poner un ejemplo, no creo que el más horrible de todos, uno de los procedimientos consistía en abrir heridas en las extremidades a prisioneros de guerra que posteriormente eran infectadas con un inóculo de esta o aquella bacteria para promover la gangrena. El prisionero, en esa fase, era dejado al aire libre en condiciones que favoreciesen la congelación de la herida para poder estudiar el progreso de la patología. Desarrollaron bombas de pulgas, por cierto, que incluso planearon, y no sé si llegaron a, utilizar contra los Estados Unidos. La unidad 731 fue la más conocida de las que realizaron este tipo de experimentos pero no la única y es muy notable que, si los alemanes han reconocido los crímenes del nazismo hasta la extenuación, los japoneses aún no y entre la población general estos episodios son objeto hasta de cierto grado de negación. 

Después de la Segunda Guerra Mundial los soviéticos y los americanos (fundamentalmente, aunque es lógico que británicos y franceses también), arramplaron con todo lo que pudieron de ambos nazis y japoneses (si bien en el caso de los japoneses es especialmente infame el retiro dorado de la mayoría de sus miembros, que lograron entregarse a los estadounidenses) y desarrollaron sus propios programas, que darían para muchas entradas como esta, aunque baste decir que uno de los principales clientes de todo esto fue Saddam Hussein. 

Que conste que, aunque no era un programa militar ni con fines de armamentizar el "bicho", hay algun proyecto de investigación que algo de guerra tiene por ahí.

Cómo funciona esto.

Usar agentes biológicos para fines militares no es fácil, por lo menos en lo que se refiere al patógeno entero, otra cosa son toxinas o productos derivados que no tienen vida, pero, para empezar, cualquier cosa viva tiene un margen de incertidumbre que rebaja su fiabilidad para el uso bélico.

El problema fundamental, aquel en el que todos los que han usado o querido usar agentes biológicos se han topado con el primer obstáculo es el riesgo propio de exposición. Se trate o no de agentes contagiosos, el material biológico tiene la manía de contaminar y proliferar. Esto vale para bacterias, virus, hongos, parásitos e insectos y no hay forma de rodearlo: si no tienes una vacuna, un contraagente o un medio de prevención, estás jugando con fuego y más vale que lo dejes estar. No sería una buena idea que tus tropas ocupen el territorio enemigo y vuelvan a casa trayéndose algo muy malo que luego acabe con tu población civil cuando te las dabas por victorioso. Añadamos en este epígrafe la capacidad de mutación de cualquier organismo vivo y la idea de que se tiene al "bicho" bajo control se diluye muy rápidamente.

El segundo problema es puramente tecnológico: la liberación. Diseminar un gas es relativamente sencillo, tienes un cilindro o bombona y lo abres cuando está el viento a favor o empleas un proyectil para mortero especial. Sin embargo, si se trata de un agente biológico, tienes que tener en cuenta que está vivo: no puedes emplear altas temperaturas o explosivos y, en caso de no formar endosporas, necesitará estar en algún tipo de fase acuosa para estar activo. Es un problema de ingeniería bastante cabrón. 

Otro de los problemas es la armamentización propiamente dicha del agente biológica. Todos los patógenos tienen dos características: virulencia y contagio. La virulencia indica cómo de patogénico es el agente, cuán dañino e invasivo es en el hospedador. El contagio, o la facilidad de contagio, hace referencia a cómo de transmisible es el agente biológico. Si uno emplea un agente derivado o inerte, no es probable que se transmita, por motivos obvios, pero en cuanto recurres a un agente vivo, la probabilidad de contagio aumenta en tanto pueda utilizar más vías de paso de un hospedador a otro y del número de hospedadores en los que pueda alojarse, haya o no patogénesis. De esta forma se comprende que un virus como el de la gripe, transmisible por vía aérea y que puede residir en aves así como en humanos y otros mamíferos sea un ganador nato en términos de contagio. Lo que ocurre es que, normalmente, virulencia y transmisión son inversamente proporcionales. Es decir: cuanto más mortífero es un agente biológico, más difícil es que se transmita con éxito.

Esto último es un hecho observado y conocido que tiene su lógica cuando uno estudia la epidemiología de los paráisitos. El ideal de todos los patógenos es alcanzar la estabilidad del parásito: ocupar su hospedador y vivir de él sin causar perturbaciones graves que comprometan su multiplicación y transmisión a nuevos hospedadores de generaciones posteriores. Por eso mismo, un virus como el ébola, que causa la muerte en tiempo relativamente breve, causando hemorragias y se transmite a través de la sangre, tenderá a evolucionar naturalmente hacia variantes que sean menos mortales, no comprometan la movilidad del hospedador y resulten menos obvias en sus signos externos. 

De este modo, a la hora de escoger un agente biológico hay que formar un criterio sobre el objetivo. No se trata ya sólo de que uno pueda desarrollar un programa defensivo para generar antiagentes, vacunas y antídotos frente a aquellos agentes que se sepa o se sospeche que puede manejar un potencial enemigo, se trata también de determinar qué se quiere hacer con los que uno puede desarrollar de forma ofensiva. Aunque el armamento biológico puede ser un arma de destrucción masiva y un elemento de terror, algo que despierta la imaginación y el miedo del enemigo, lo cierto es que, por lo expuesto más arriba, su mayor utilidad reside en el daño económico que pueden causar (el carbunco, por ejemplo, es perfecto contra el ganado, lo que puede machacar la economía de un país) o en el colapso de la infraestructura sanitaria (que de por sí vendría acompañada por pánico, colapso social y económico...). 

Aunque el uso de la tecnología para fines destructivos, del mismo modo que con las armas nucleares, no ha sido el fin de la ciencia en sí, es cierto que sin la colaboración necesaria de los científicos que han participado en ello no se podrían haber desarrollado estas aplicaciones. La decisión y la implicación ética de los científicos que han colaborado en el desarrollo de estas armas puede tener las coartadas morales que uno quiera pero salvo por los resultados colaterales de vacunas y mejora de la lucha contra estos patógenos, éste es sin duda uno de los rincones más oscuros de la investigación en biología y conviene recordarlo para tener claro que los científicos no somos los espíritus puros que siempre querríamos ser.  

*La traducción que uso yo, porque me da la gana, de weaponization.



sábado, 28 de enero de 2012

Fraudes

Lo que llevamos de mes ha sido laboralmente intenso y me ha pasado cierta factura de castigo físico pero me he entretenido fijándome con atención y dándole vueltas a ciertas ideas que partieron de una reunión con unos amigos, Nyita y Copépodo, sobre nuestro mundillo. Me daba rabia no encontrar tiempo para darles cuerpo pero, allá vamos, intentaré que tengan un poco de sustancia.

En nuestra reunión salía el tema de las tesis, las condiciones de las de cada uno (Copépodo está terminándola, Nyita también pero aún no está a la vista registrarla; y yo aún ni me lo huelo) y cosas del laboratorio, que en muchos casos se resumen en que los jefes suelen ser unos malditos negreros o, simplemente, no tienen ni puta idea de qué ocurre en el mundo más allá de su vida inmediata (lo que no deja de hacer que muchos pringuemos de mala manera porque ellos no se enteran). En todo esto, sacaba detalles de una compañera, la neocatecumenal, cuyo jefe se comporta de manera extraordinariamente gilipollas y que parece no enterarse de que a ella se le acaba la financiación el martes que viene y que no va a trabajar de gratis.

De esta discusión sacamos una conclusión firme significativa, que es que la carga de trabajo que tenemos es una barbaridad sobre todo por las exigencias para publicar, el hecho que condiciona tu carrera como científico académico, básicamente. Esas exigencias de publicar más, publicar mejor, etc., que las entidades de investigación (centros del CSIC, centros del Instituto de Salud Carlos III, Universidades* etc.) valoran a la hora de evaluar tu labor investigadora están viciadas por diferentes factores, a saber:

-Publicar en según qué áreas no es nada fácil y la competencia puede hacer que los referees, los revisores a los que el editor de la revista manda el artículo para que evalúen su valor para publicar, aprovechen el anonimato para cargarse artículos que entran en conflicto de intereses con sus propias investigaciones. Eso, claro, si no son imbéciles y carecen de comprensión lectura, como ocurrió con uno del último artículo que envió mi grupo. Ah, y qué risa cuando las publicaciones quieren que hinches sus índices de impacto y de citaciones: "Es un bonito artículo éste que nos has mandado. Sería una pena que no se llegase a publicar."

-Los fondos de investigación en España son una mierda, no se pueden comparar con los que reciben en otros países y, además, se invierten mal. Aquí andamos arañando el fondo del barril, improvisando equipos y reactivos y siempre investigando sobre la marcha, de forma poco organizada. Importa sacar cuanto antes sin importar que la calidad sea regulera porque es la única forma de intentar justificar la obtención de más fondos. Lo de que se inviertan mal tiene una explicación: la mano de obra es lo más barato. Eso justifica que se gasten dinerales en equipos y materiales carísimos pero que en la práctica nadie sabe utilizar bien: no se dedican fondos a contratar técnicos o personal exclusivo para el manejo de equipos complicados porque, total, ya se lo aprenderán los becarios. Así luego pasa lo que pasa.

-Por supuesto, luego está la idiosincrasia nacional, con demostraciones tan sangrantes como la de un imbécil que se dedica a vender la cancamusa por una pasa mientras epata al personal para que se crean muy refinados, alternativos y conocedores. Está visto que aquí lo mejor es gastarse el dinero en Calatravas y otros cabrones que tienen la ética de trabajo de un pirata somalí.

Y, sin embargo, todo esto apunta a un problema concreto y específico, la ciencia, a día de hoy, está tocada por el capitalismo salvaje neocon más hijo de la gran puta. Es cierto, los científicos operamos desde una serie de postulados laborales que convierten el entorno, en la mayoría de casos de lo académico, en una torre de marfil (y he sido de los que ha señalado y lanzado sus propias diatribas sobre ello en este mismo blog, ya lo creo), pero es muy diferente buscar ciencia aplicada y útil para la humanidad de buscar ciencia que dé beneficios económicos. Uno de los ejemplos más claros lo publicó P.Z. Myers en su blog, Pharyngula, hace unos días, en una entrada demoledora en la que dejaba al desnudo las acciones de la editorial Elsevier (que publica un buen lote de revistas científicas de todas las áreas) para promover la aprobación e una legislación sobre trabajos de investigación que supondría un retroceso conceptual sobre la difusión del conocimiento científica a la era de los sumos sacerdotes egipcios, aproximadamente.

A consecuencia de todo esto, se trabaja mal y aprisa, planificando de forma floja, sin profundizar y sin reflexionar más allá del paso más inmediato. Por no hablar de cómo se tratan los datos... Es de saber común que los números son como los delincuentes, sólo tienes que apretarles los suficiente hasta que dicen lo que tú quieres que digan. Naturalmente, los datos adversos se quedan bajo la alfombra, en una costumbre que se ha afianzado de no publicar datos negativos jamás, cosa completamente estúpida, pues esos datos pueden ser tan informativos como los afirmativos. Todos los epígrafes de esta entrada de la wikipedia sobre mala conducta científica los he visto yo y algunos hasta alguno lo he practicado. Este artículo del PLoS ONE se adentra un poco más en el tema.

Bastantes de vosotros no lo sabréis pero en el momento en que un grupo quiere publicar, prácticamente todo el trabajo lo hacen ellos (las figuras, tablas, la redacción... La revista, esencialmente, sólo revisa y edita de acuerdo con unos criterios del área de conocimiento (sin que los referees cobren nada, trabajan por cortesía y renombre) y publica en formato digital y físico, si lo tienen) y, además, en muchos casos deben pagar para publicar. Cuando uno de los principales grupos editoriales ingresa 1.100 millones de dólares de beneficio (un margen del 36%) con la publicación de artículos y presiona para apropiarse los derechos de artículos de investigación basados en trabajo científico hecho con fondos públicos, hay que plantearse qué es lo que está pasando aquí y si, en realidad, las formas actuales de revisión por pares no han degenerado en el chanchullo de unos cuantos como tantas otras cosas.

La conclusión, por otra parte, es que así, como siempre, no se puede hacer ciencia de verdad.

*Es una forma de hablar, claro.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Zonas.

Se suponía que hoy iba a una cena/salida de navidad con compañeros del labo pero he tenido un día muy mierder y de repente me he encontrado en la "Zona Amarilla". De forma un poco súbita mi cabeza ha sistematizado mis patrones de cambio de humor (a peor) como en cinco zonas en función de mis ganas y necesidad de socializar. Azul (necesidad de socializar, bajo estado anímico por la falta de socialización), verde (normal), amarilla (retraimiento y preferencia por el aislamiento), naranja (hostilidad verbal velada) y roja (hostilidad verbal abierta sin descartar lo físico).

Mi humor ha ido cambiando a lo largo del día, aunque creo que se han juntado el estrés de tener muchas cosas por hacer durante el día con cosas que han aparecido de improviso y que ya la semana venía siendo una mierda. Lo que se supone que habría sido una buena tarde-noche con amigos y gente con la que me llevo bien, de repente se ha transformado en "estar con los del labo" como en "estar con los del curro". O, más claro, "seguir el día con la misma gente con la que trabajo, trabajo del que, hoy, ahora, estoy hasta los cojones." Lo sorprendente es haberlo visto de una forma tan clara, haber establecido niveles para algo de lo que normalmente he sido consciente pero que quizás no había analizado de forma racional. Quizás es lo que tiene sopesar si echarle la bronca a un compañero por no cumplir ciertas responsabilidades y dejar marrones para los demás: plantearse, fríamente, la escalada de consecuencias.

En este mismo orden de cosas, tengo mañana comida de navidad de todo el labo y una oferta para el sábado de cena en casa de una amiga de una de las amigas del labo y se me hace igual de complicado plantearme si socializar o no, dejando de lado que tiene más importancia mi estado mental del momento y de momento no sé si me apetecerá o no. En el fondo es una consecuencia de mi éxito social reciente: una de las ventajas de estar en un labo tan grande es que hemos coincidido gente con gustos diversos pero similares y que nos llevamos bien; no estoy acostumbrado a tener este tipo de relación en el trabajo, entre otras cosas porque no se ha dado con anterioridad este patrón de coincidencia edad/gustos y que hayamos hecho cosas juntos así.

Es difícil adaptarse a estar con gente a quienes conoces de forma relativamente reciente y con los que desarrollas cierto grado de amistad y que, pasando por alto tus propios prejuicios e inseguridades, ven en ti cosas buenas que no crees que estén ahí. Es jodido, porque parece que tienes que estar a la altura de una imagen que sabes (o crees) que no está ahí y que parece que se forman los otros sin que les des motivo para ello. De repente, ahí estás, sintiéndote un impostor, alguien que pasa por normal sólo por es socialmente funcional y siendo consciente de un montón de taras y defectos que los otros no pillan.

Esto de tener vida social puede ser tan mierda como no tenerla.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Miniactualización.

Para que os hagáis idea, por si todavía no la tenéis, de cómo funciona mi cerebro y (lo que pasa por ser) mi sentido del humor, he aquí la siguiente anécdota ocurrida ayer.

Volviendo de comer al labo, nos encontrábamos en el ascensor mis compañeras Croutón (muy maja y bastante roja), Kika (neocatecumenal pero muy maja a pesar de ello), Zubiroshka (navarra y maja también) y Culebras (sureño cosmopolitizado)*. A raíz de no sé qué tema, se dispara la siguiente conversación (más o menos):

Culebras: "Entonces, Kika, si los del PP privatizasen el cielo, ¿les seguirías votando?"
Kika: (riendo) "No sé."
Croutón: "Jo, imagínate a Rajoy privatizando el cielo para sacar pasta."
Illuminatus: "Bueno, privatizar el cielo no sé pero podrían probar a vender indulgencias otra vez. Creo que en el siglo XVI tuvieron bastante éxito con la idea."**
[Culebras se parte el culo en silencio con la mandíbula desencajada. Croutón y Zubiroshka tratan de ocultar que se están riendo. Kika se tuerce el gesto y se queda callada]

*Nombres inspirados en la realidad con el fin de preservar sus intimidades.
**El caso es que me salió del tirón y sin intención de hacer daño. Es una de las pequeñas zonas de conflicto con gente religiosa metida en ciencia: cuando sacas trapos sucios que ponen en evidencia la hipocresía de sus iglesias, saben que tienes razón. Por eso les duele, porque no es un insulto deliberado, no es un ataque a las zonas blandas de la pederastia como algo indivdual: es algo estructural.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Essen 2011.

Hace unas cuatro semanas, entre el 20 y el 24 de Octubre, estuve con dos amigos, Nyita y su onvre, en Essen, Renania-Palatinado, Alemania, con ocasión de la Essen Spiel 2011, la mayor y más importante feria de juegos de mesa de Europa y probablemente la más influyente a nivel mundial. En la feria de Essen, las editoriales de juegos alemanas y europeas, sobre todo, lanzan novedades y reediciones convirtiendo el evento en un lugar de encuentro para que se examinen diseños venidos de otros países y para negociar derechos de las traducciones extranjeras de esas novedades alemanas, además de que autores autoproducidos o editoriales pequeñas puedan vender sus diseños a otras editoriales más grandes que puedan darles un mercado más amplio.

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Zona de Lego games.

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Espacio de Amigo Spiele. ¡Vaya, si son gente normal y corriente!:P

Sin embargo, aparte de su lado más profesional, la feria es un evento que atrae una cantidad enorme de turistas jugones de todo el mundo para comprar juegos de mesa de todo tipo (y también otros juguetes, modelos teledirigidos, ropa, piezas de armadura y armas para LARPing, entre otras muchas cosas). Muchos podéis pensar que es una "reunión de frikis" peeeeero... eso es ignorar la relación de los alemanes con este hobby. La mayoría de las personas que pasan por la feria son alemanes y, más concretamente, familias alemanas. Es también cierto que la mayoría de los juegos son eurogames, juegos familiares y poco temáticos, que normalmente quedan reservados a dos de los nueve (enormes) pabellones de la feria.

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Espacio de Queen Games. Más gente normal y corriente. Vaya sorpresa.

Essen es una ciudad de la cuenca del Ruhr, es decir: una ciudad que se asienta en una cuenca minera en la que en los dos últimos siglos estaba concentrada la mayor parte de la industria pesada de Alemania y que se separa de las otras ciudades de su entorno (Duisburgo, Bochum, Düsseldorf) por una limitación municipal que no es evidente en la realidad. Aparte de los pabellones de convenciones para ferias, no hay nada de interés (y después de los bombardeos de la SGM es muy probablemente que si lo había se perdiese). En ese sentido, la organización de diferentes ferias (si no era la feria de juegos era la del neumático o la del coche de segunda mano o la de las bodas) es una forma de llevar gente y tener un cierto ingreso comercial.

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Uno de los encantos de Essen: parte superviviente del complejo Krupps reconvertido.
La resistencia es fútil, claro.
Como podéis imaginar, la única actividad que realizamos allí, en la práctica, fue acudir a la Feria, examinar las novedades, jugar algunas de ellas y, sobre todo, rebuscar entre las estanterías de los diferentes stands para llevarnos cosas. Me alegra decir que me mantuve dentro del presupuesto y que, además de cumplir objetivos (un juego o dos que tenía en mente), me traje alguna sorpresa (ese Catán edición Aniversario por 25 euros menos que aquí) bastante agradable y también algunos regalitos para gente de por aquí.

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El botín de Essen.

La impresión general de la feria, ya digo, es la que uno acaba teniendo en los salones del cómic y ese tipo de eventos: uno ve una y otra vez las mismas cosas en diferentes stands, con variaciones mínimas de coste las más de las veces. Una vez sabido esto, sin embargo, es el momento de explorar con cuidado, ver qué novedades están mejor o peor, tomarse el tiempo para sentarse en alguna demo y, sobre todo, pasarlo lo mejor posible. De hecho, lo que más aprecié de la experiencia fue el ir con amigos, conocer a amigos suyos allí que me cayeron bien y sobre todo que la experiencia compartida funcionase como unas minivacaciones de verdad.

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Los puestos de cosas de LARPing. Eso si era para los raros.
O los excéntricos, más bien: era una mierda realmente cara. :P
Bien es verdad que si hubo algo que no he visto por aquí, por lo menos no con el mismo estilo, con lo que me lo pasé realmente en grande, a pesar de que reconozco que fue tremendamente peligroso: la subasta de wargames. Udo Grebe, diseñador de juegos y fundador de Udo Grebe Gamedesign, realizó una subasta de juegos todos los días de la Feria sobre la una de la tarde. Vestido de rey de Asiria, sacaba ofertas diversas, algunas mejores, otras peores, parte de cuyo precio final de venta iría a parar a beneficencia. Me llevé un par de cosas de la subasta, quedándome muy satisfecho (sé que aquí las habría conseguido mucho más caras, aunque no estoy seguro de si en la feria podría haberlas encontrado por algo menos y me calenté demasiado en la pelea por ellas XD ).

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Udo Grebe, caracterizado como rey de Asiria, sigue las pujas con ritmo vivo.

Una de las mejores cosas del viaje fue las noches en el hotel y el compartir el espacio del salón con toda la gente que estaba alojada allí llegada de todas partes de Europa (y algunos de EEUU) dedicándose a jugar las cosas que se habían traído de la Feria. Bien es cierto que no eran unas jornadas dedicadas exclusivamente a ello y que me quedé con ganas de más, sobre todo por poder jugar con más gente distinta y poder probar más juegos pero fue una experiencia realmente estupenda en ese sentido. Además, como en el hotel no se servían comidas ni cenas, tenían una especie de acuerdo con uno de los sitios de comida rápida de alrededor y sólo teníamos que hacerles un encargo y ya ellos pedían por nosotros y todo.

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Noche del sábado en el salón del Hotel. Y así los tres primeros días.
Quizás la cosa más importante de este viaje ha sido comprobar la diferencia tan fundamental entre la consideración de este hobby en Alemania y España. Los tercos y zombificados prejuicios sobre el público al que se destinan los juegos de mesa y su supuesta simplicidad (sólo parece que puedan ser para niños y/o matrimonios vegetativos) se vienen abajo cuando compruebas la variedad de gente que acude a la feria y la actitud con la que van allí. Las familias que acuden a la feria no lo hacen con los padres arrastrados por los niños con la actitud reticente o aún de disgusto que suele ser general en las jugueterías nacionales. Allí los padres participan y aún instigan a los niños en la inmersión en el hobby.

La diferencia de respetabilidad del hobby entre Alemania y España me vino otra vez a la mente hace unos días cuando leí esta entrada del blog de Eulez. No me cabe duda alguna de que los prejuicios a los que me refiero están enlazados con esa maldita concepción nacional-católica de la vida y las actitudes que han sido transmitidas por los miembros de ciertas generaciones de nuestro país. Esencialmente, hay una incapacidad para divertirse que iguala ser serio y responsable con no divertirse si no es con ciertas "excusas" o actividades "socialmente bien vistas", no vaya a ser que llegue el "qué dirán".

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Bola Extra: ¡dados!

Sinceramente, viajar abre la mente de forma increíble: ayuda a darse cuenta de la mierda mezquina que le rodea a uno.

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La colección completa de las fotos (algunas no muy buenas y, luego, por consideración personal, menos de las que habría querido hacer), por aquí.

lunes, 29 de agosto de 2011

Vudú.

Volví de mis vacaciones a Madrid hace una semana larga (o séa, más como diez días que una semana) y, gracias a ello, no me tuve que tragar la mayor parte de los días previos y correspondientes a la JMJ. Fue algo verdaderamente positivo, ya que la histeria de masas me sienta como un tiro y, a tenor de mi escaso contacto con los "peregrinos", me pareció más una estampida de adolescentes (y no tan adolescentes) con una falta de modales que niega todo el civismo que se les supone por la formación cristiana.

Ya de vuelta en el laboratorio, una compañera ha vuelto de una estancia que ha hecho en EEUU y he podido confirmar algo que intuía desde que la conocí a principios de año: es creyente, más concretamente de los neocatecumenales o kikos. No es mala chica y es, de hecho, inteligente (por lo menos está capacitada para estar haciendo la tesis, que ya es algo), pero resulta chocante comprobar que alguien así esté convencido de los argumentos de un tipo como el tal Argüello (si buscáis vídeos de sus intervenciones os haréis idea rápidamente de lo delirante que es la cosa) si no se ha tenido contacto previo con gente de fe, como le pasa a otra compañera, que no acaba de tener claro cómo es posible algo así. Su intento de comprender la base de las creencias de la otra me han dado un par de horas de la comida la semana pasada que llegaban a ser descacharrantes.

El problema es la falta de un suelo común, claro. No se puede llegar a tener una discusión racional con alguien que está tan metido en ese terreno. La religión se sustenta, a grandes rasgos, en tres pilares fundamentales: la existencia de Dios, la vida después de la muerte y lo que hay que hacer en vida para que la vida después de la muerte sea buena. Las tres religiones más extendidas del planeta (cristianismo, judaísmo e islam) aceptan como base de esos tres pilares que un libro (la Toráh, la Biblia o el Corán) es verdad revelada y prueba suficiente y evidente para sustentarlos. El conflicto viene del enfrentamiento entre los dos puntos: a) no aceptar el postulado de que el libro de turno sea verdad revelada ni prueba; y b) estar convencido de que, siendo verdad, no quepa ninguna duda posible como para discutir. Si no se está dispuesto a dudar de lo que uno cree, no se puede discutir de forma racional.

Para acometer la incongruencia de la religión respecto a la realidad podríamos hacer una revisión de todo lo que sabemos gracias al estudio científico de la realidad, nuestros conocimientos sobre la estructura de la materia hasta niveles tan ridículamente infinitesimales que ni siquiera estamos seguros de que podamos desentrañarlos ni aún con herramientas como el LHC. O, por el otro extremo, de las enormes dimensiones del universo, algo que nos debería hacer recapacitar sobre nuestra importancia en el marco de las cosas, especialmente cuando día si, día no, tenemos cosas por ahí que nos podrían hacer desaparecer en un tris. Y también tengo ejemplos de cómo los elementos fundamentales de la vida pudieron aparecer sin intervenciones extra-naturales. Pero es que, sencillamente, las propias bases fundacionales de todo el tinglado están contaminadas.

Después de más de 2000 años de historia, nuestra comprensión de la realidad no favorece el caso de la existencia de Dios dentro del marco de los libros sagrados, aún siendo laxos en interpretación. Entiendo la dimensión social, la tradición y el enfoque ético y moral pero me temo que para eso, ni siquiera necesitábamos la religión. El pensamiento racional dio a los griegos el pensamiento naturalista y de ello derivó la filosofía y los planteamientos sobre la ética y la moral. Los griegos, 400 años antes del nacimiento de Cristo, esa esquiva figura tan relevante, se planteaban qué es lo que era actuar de forma correcta sin tener que basarlo en el castigo divino ni en las consecuencias de la ley. Es triste sin embargo, que haya gente para la que todavía la voluntad de un presunto creador es la base de lo que debe ser una conducta justa.

domingo, 31 de julio de 2011

30 Días.

El lunes pasado, día 26, hizo un mes que murió mi abuela. Por aquello de ser un hombre a veces uno pretende aparentar que no le ha afectado, que lo ha superado y que, aunque le ha dolido, ya no es importante, lo ha superado.

Mentira.

Mi abuela fue una persona importantísima para mí. Formó parte de mi vida hasta que el Alzheimer comenzó a devorarla y me atrincheré en la distancia y en mi carrera como pretextos para no verla y no hundirme viendo como la enfermedad la borraba y dejaba de ella sólo un cascarón en el que alguien a quien quería, que contribuyó a educarme como persona y a demostrarme lo que era ser una Señora (con mayúscula justificada) se perdía sin que pudiera hacer nada.

Aparte de la culpabilidad, de los siete años de culpabilidad y de evasión, escogí la salida fácil pero el vacío se quedó dentro y es obvio y evidente.

Mi abuela murió con 93 años, después de sacar adelante a una familia con nueve hijos en la que mi abuela, por ser suboficial de la armada, estaba cambiando de destino cada cierto tiempo. Tuvo que malvender las tierras y propiedades de la familia para poder sostener a mi madre y sus hermanos y, a pesar de todo, jamás perdió ni un ápice de la educación y el señorío que le dieron sus padres. Era una mujer inteligente, educada y cortés, hasta con quienes no se lo merecían. Si hubiera sido mala persona, habría sido la definición viviente de "taimada" pero no lo era. Fui el único de sus nietos varón y sólo perdió una vez su paciencia conmigo y porque yo fui especialmente tocacojones, así que ella no tuvo culpa.

Veo signos, quizás cosas triviales, en la conducta de mi madre, olvidos, despistes y quiero pensar que no le pasará a ella pero mi pesimismo no me deja. Existe la posibilidad, real, de que ella haya heredado los genes precisos y malditos, que a ella le ocurra, que sufra el mal de Alzheimer.

Veo en la prensa, en twitter, en los medios, los planes del partido con más posibilidades de gobernar en el futuro y se me hiela la sangre ante la desprotección social, ante los recortes, la vulnerabilidad de las personas frente a unas medidas que sólo beneficiarán a los pocos que ya tienen más que de sobra y que nada harán por las clases medias ni por los que menos tienen.

Me veo a mí, a mi carrera profesional, a mi hartazgo, a mi falta de contrato, de garantías sociales, de cotización y pienso en si tendría los recursos para afrontar que mi madre sufriese esa enfermedad infame y me quedo helado de miedo.

lunes, 4 de julio de 2011

¿Un cambio de costumbres?

Con la muerte de mi abuela, han cambiado cosas, además de las materiales. Aunque la tristeza está ahí, también han despertado partes dormidas de mi personalidad. Cualquier imbécil sabe que con este tipo de experiencias siempre se remueven las cosas y que uno no tiene que poner empeño para tener revelaciones, epifanías o momentos de lucidez. Normalmente, siguiendo la analogía cinematográfica que utilicé en mi última entrada, suele ocurrirle a gente que tiene la crisis de la mediana edad a punto de nieve, lo que no es mi caso (más que nada porque mi familia y mis amigos dirían que yo nací senil :P ). Lo que si es cierto es que, desde que tengo otra vez mis propios ingresos, he tenido los medios para acometer mis necesidades materiales (y seguir un presupuesto, más o menos, que ya es un logro con mi facilidad para el consumismo), pero me ha faltado el tiempo para mis prioridades reales, o sea: amigos y ocio.

Como ya tenía mis prioridades claras, no ha habido ningún tipo de iluminación que valga: existían huecos obvios pero lo que no acababa de tener claro era cómo rellenarlos y, simplemente, mi familia y la Tierruca los rellenaron por sí solos como el agua que sigue la pendiente. Como ya dije, somos montañeses. No he descubierto ninguna identidad perdida a lo "americano que busca sus orígenes en Irlanda/Escocia/Italia/dónde-sea", sino que, por aquello de ser: a) de Madrid; b) marxista; c) poco amigo del catetismo; sufría de un ataque extremo de cosmopolitismo (de lo que, os tranquilizo, ya me he confesado ante el Comité Central).

Ejemplo de Arte Cántabro. El emblema de la estela de Barros es el símbolo de Cantabria.

Sin embargo, uno no puede negar lo que es, y en la familia llevamos la tradición montañesa, empezando por el habla, que tiene el deje de la Tierruca, así que, sencillamente, he reconocido y aceptado el cántabro que habita en mí, por muy bárbaro que pueda ser.

Además de eso, creo que también está rompiendo una manía, más motivada por la pereza que por otra cosa, que es la de las fotos. Al contrario que mis padres, no soy de fotos. No tengo fotos de mi graduación de la universidad ni de casi ninguna ocasión con mis amigos, casi todas en las que aparezco son familiares o las han tirado mis padres. Ya digo que la pereza de organizar álbumes y todo eso es una de las causas, aunque reconozco que los desencantos con amistades y mi desprecio por la nostalgia han hecho que también me resista a dejarme captar por la cámara como si fuese un nativo (o un famosete vendeexclusivas).

Ahora valoro más las fotos. Por los que no están y los recuerdos asociados a ellos, más que por los que están o mis recuerdos personales. Creo que es completamente diferente, no sé si me seguís.

Mi abuela y yo y, entre medias, una de mis primas. Siempre la echaré de menos.

miércoles, 29 de junio de 2011

Todos nuestros Adioses.

Ya lo dije hace como un mes: no me gusta hacer pornografía emocional en el blog pero no deja de ser mi blog y haré las excepciones como quiera y como las sienta.

El domingo pasado murió mi abuela. Sobre la una o las dos, no lo sé bien, llamó la mayor de mis tías, que era quien cuidaba de ella (y de mi abuelo también hasta que murió), y dijo a mi madre que el médico le había dicho que avisase a los miembros de la familia. A eso de las cuatro menos veinte o así, cuando mi madre y yo estábamos preparándonos para salir, volvió a llamar para decirnos que ya había muerto.

Mi madre y yo recogimos a otra de mis tías y fuimos hasta casa de una tercera de ellas para ir con ella y con una de mis primas hasta Santander. Echar gasolina y ajustar la presión de los neumáticos se convirtió en una pequeña crisis, entre los nervios de mi madre y mis tías (que son ya de natural un poco histéricas) y que casi perdemos el tapón de una de las válvulas de uno de los neumáticos. Salvo la pausa en Lerma, hicimos el viaje del tirón para poder llegar antes de cierre del tanatorio y poder ver a mi abuela. Mi tía la mayor estaba deshecha y con los nervios afectados y vi llorar a mi madre por primera vez en mucho tiempo.

El día siguiente pasamos el día en el tanatorio, viendo a mis tíos que ya estaban allí y a mis otras primas (una de ellas volvía de Almería para Madrid el mismo domingo), recibiendo a la plétora de primos de mi madre, familia y demás que se llegaron hasta allí (somos una familia montañesa: numerosos, muy tradicionales para estas cosas y que nos trazamos mucho) y después a pasar el trago de llevar el cuerpo hasta el crematorio. Mi madre y mis tías se deshicieron otra vez en lágrimas.

Al día siguiente, subimos al valle para el funeral de mi abuela en el pueblo. No había estado allí desde el verano en que vi por primera vez a mi abuela con el mal de Alzheimer completamente evidente. Comimos en el mismo restaurante en que comimos en aquella ocasión y creo que hasta las mismas natillas. El valle estaba como lo recordaba, apenas había cambiado. Los mismos lugares en los que había pasado veranos enteros con mi madre, mis primas y mis sobrinos, a veces.

El funeral, la verdad, me resultó tedioso. Entre mi falta de fe y mi distanciamiento del ritual, me costaba verlo salvo como algo melodramático. Lo mejor vino después, con las docenas de primos y primas y parientes de todo tipo de la familia de mi madre. Mis primas y yo estábamos ahogados en un mar de nombres y caras que no podíamos ni seguir, salvo algunos casos concretos meritorios por una cosa o por otra que les garantizaría un papel secundario en una película con guión de Azcona y dirección de Berlanga.

Después del funeral, enterramos las cenizas de mi abuela en el rosal de la casa en que vivió en el valle, que ahora es de una de mis tías. Allí es donde están también las de mi abuelo. No es que se llevasen especialmente bien pero después de tantísimos años, ya no tenía sentido separarles.

Cuando volvimos a casa, pasamos buena parte de la noche hablando de cosas de la familia: quién estuvo y quién no, quién es oveja negra de la familia y esas cosas que contribuyen a hacer pasar a las familias por este dolor (nada como un buen enemigo común para eso).

Hemos vuelto esta tarde a casa. El viaje ha sido mejor que el que me dieron mi madre y mis tías al ir, aunque sólo fuese porque iba con mis primas y no hemos hablado tanto pero al menos ellas dos tampoco están al borde de la histeria. Mi tía la mayor se ha quedado en la casa de Santander, ahora sola, aunque vaya a ir a ayudarla a desmontar las cosas la mujer que ha estado ayudándola en los últimos años, persona sencilla pero a la que le debemos mucho. Esperamos que tenga a sus amigos cerca, porque la casa se le caerá encima.

Al volver a casa he llorado todo lo que no he llorado en estos días. La sensación de urgencia y de importancia que se instaló en mí el domingo hizo que me mentalizase con una actitud de acometer primero lo principal (llegar a Santander, hacer los trámites y demás) y después permitirse los nervios, los estallidos emocionales y demás pero ese estado de excepción ha pasado y ya sólo queda la sensación de vacío al volver a la vida cotidiana. Ha sido bueno, muy bueno, volver a ver a algunas de mis primas a las que no había visto desde hace años y no habría sido lo mismo sin ellas, sin gente con la que compartí muchos años de crío y muchos recuerdos con mi abuela. Ha sido bueno volver a sentirse parte de una familia grande y parte de la tierra de la familia. Por mucho que sea de Madrid, como la mayoría de mis primas, llevamos los montañeses dentro.

Por mi calendario, perdí a mi abuela hace ya siete años. Afronté las cosas a mi modo, más o menos cobarde pero intentando superar el dolor de perder a una persona a la que quería muchísimo devorada lentamente por esa maldita y cruel enfermedad. Estos días he escuchado de la gente que la conoció, una y otra vez, cómo se referían a ella como una señora. Porque si hubo algo de lo que dio ejemplo mi abuela fue de dignidad y de hacer lo que fuese necesario para sacar adelante a sus nueve hijos. Pocas personas han sabido conducirse con su dignidad y siendo tan buenas con los demás, hasta con quienes no se lo merecían. A pesar de cómo se fue, el hueco que deja es enorme.

Y ¿sabéis esas películas, inglesas, americanas o... da igual, en las que el protagonista tiene que viajar por un funeral de alguien de su familia y lo hace solo pero se encuentra con la familia o lo hace con la familia o cualquiera de esas variaciones? Bueno, con lo bueno y con lo malo, con más o menos detalles, son verdad.

lunes, 20 de junio de 2011

Chupapollas

Chupapollas.

Hay que ser chupapollas para repartir la culpa de la crisis en la que estamos entre todos.

Hay que ser chupapollas para decir que lo que hace falta para salir de la crisis es ser más emprendedores.

Hay que ser chupapollas para argumentar que España es el país de la queja y que nadie se siente culpable como si aquí todo el mundo hubiese estado metido de la misma forma.

Hay que ser chupapollas para argumentar que lo de Sol es un gesto de exención de responsabilidad.

Pero es que, sobre todo, hay que ser chupapollas para ir dando lecciones por ahí con 23 años y ni media hostia.

Porque no todo el mundo vale para montar su propia empresa. No todo el mundo tiene las capacidades para gestionar una empresa o para crear algo novedoso con lo que abrirse un hueco en el mercado. No todo el mundo tiene los medios, los recursos o la capacidad crediticia para poder comenzar una aventura en la que no necesariamente llegará a tener un medio de vida para el futuro y que, es muy probable, fracase antes de haber salido del periodo de pérdidas que siempre sufre un nuevo negocio.

Hace falta ser chupapollas para creerse alguien sin tener la humildad ni la empatía ni la humanidad de ponerse en el lugar del otro y comprender que no todos somos (ni queremos ser) iguales.

Y si queréis saber por qué tanta rabia, ésta de aquí es la razón.

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Si a alguien le disgusta el uso despectivo de chupapollas, lo lamento. Sé que no está bien pero Al Swearangen me ha marcado mucho.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Un par de notas breves sobre el campamento.

Esta tarde he estado en el campamento de Sol un rato (no mucho, cosas del trabajo) revisando qué es lo que había a la vista y qué se movía por allí. La idea de la acampada fue buena en su momento por el impacto social obvio de toda la gente reunida y colocada allí de forma pacífica pero evidente y molesta (para las diferentes administraciones y los partidos políticos mayoritarios) pero con el paso del tiempo están empezando a surgir cosas que hacen que sea cuestionable y que el movimiento 15M deba superar esta fase (sin renunciar a futuras acampadas en el mismo u otros emplazamientos).
Las objeciones objetivas tienen que ver con ciertas medidas de seguridad de las que carecen y que son necesarias en caso de tener material inflamable/explosivo (como las bombonas de gas para los fogones de la cocina, por ejemplo) o instalaciones que alojan niños (seguros y esas cosas de responsabilidad civil, vaya). Aunque se ha organizado, no se ha organizado del todo bien y esas son cuestiones importantes para evitar contingencias que sólo restarían credibilidad y buena reputación al movimiento. Si la seguridad no es lo primero, mal vamos.

Por mi parte, habría que pasar a un segundo grupo de objeciones que son más relativas pero no insignificantes:

-Lo que se ha formado en torno al campamento: es cierto que la gente acampada necesitará sus actividades para pasar el tiempo pero creo sinceramente que debido a la mezcolanza de algunos de los grupos que se han adherido al movimiento 15M, el campamento pierde la sensación de ser un emplazamiento de reivindicación socio-política para convertirse en una especie de evento festivo, como una especie de mercado hippie con comuna. En ese contexto, lo de la zona de la espiritualidad, lo del reiki, el huerto, el rollo vegano y otras iniciativas perrofláuticas me parece que dañan la consistencia de la imagen del movimiento por la democracia real y parezca un intento de promover una agenda magufo-jipiosa más que un intento de obtener unas reformas sociales y legislativas reales.

Es más, creo que esto, tanto como los motivos objetivos que señalaba arriba, puede alienar a una buena parte de la gente que apoya la iniciativa de democracia real. Estas magufadas suelen ir siempre acompañadas de una actitud santurrona y pseudorreligiosa que acaba por excluir a aquellos que no son suficientemente puros porque comen carne o no creen que las terapias alternativas deban estar a la misma altura que las terapias convencionales con una ase científica sólida, etc.

-La inercia del método asambleario y la dispersión del esfuerzo: si, es cierto que para que resulte una democracia de verdad todo el mundo debe tener voz y voto pero me cuesta lidiar con el método asambleario por su inercia, su resistencia a ponerse en movimiento al tener que confrontar y contrastar las opiniones de mucha gente que quiere introducir en la agenda sus propios argumentos, objetivos y propuestas. Esto no es malo pero ha de regularse desde el principio: deben acordarse unas normas consistentes para que las discusiones no se eternicen, para que haya un límite a la cantidad de propuestas y, también, su naturaleza (¿es cierto lo de la propuesta del reiki en la educación pública?). Hay que definir los objetivos para poder definir las exigencias y el curso de acción. Por el momento, me parece que esto falta.

Como consecuencia de lo anterior, el esfuerzo se dispersa. Las reuniones se regularizan y se alargan y, aunque no hay una burocracia ni un aparato con tal nombre, el efecto es el mismo (y os lo digo yo que sé de lo que hablo en temas de partidos): no hay movimiento real hacia ningún punto, sólo discusión de documentos, comunicados y demás. El movimiento debe coalescer en unos cuantos puntos, cuanto más simples, evidentes y consensuados, mejor. Debe ser inclusivo en sus principios de exigencia de democracia y debe formar una plataforma permanente y sólida que dé imagen de consistencia y coherencia. Todo esto, claro, si se quiere tener la opción de ser tomados en serio y pasar de la imagen de lluvia de verano.

Terminaré diciendo algo: quiero creer. Quiero creer que es posible que las próximas generaciones cambien el país para mejor y que rompamos con las generaciones que, en el fondo, nos han cortado el futuro entre su corrupción y su catetismo. Es muy difícil pero hago el esfuerzo para creer. Ahora, para que esto tenga éxito, lo necesario es tomarlo con seriedad, aclararse la cabeza y asumir que esto no es una fiesta, es una toma de decisiones para cambiar nuestro futuro como país.

jueves, 19 de mayo de 2011

Razones para la Esperanza.

Porque toda cara tiene una cruz, una canción que viene bien para estos días:

A Few Good Men - Dropkick Murphys.
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It's time we stood up for ourselves so get up off your knees.
We'll shake off our destractors and attain our hopes and dreams
and if we fall prey to in-fighting, we're never gonna win,
so put aside your differences, sing loud, sing proud

We won't listen to their stories or be waylaid by their lies
it's a dream that's still attainable for kids like you and I
So if we all stand together singing one defiant song
our voice will reach the heavens, so sing with all your heart

Join us in a song
we shall rise and sing
stand up and be counted
sing a song for liberty
join us in this song
together we shall sing
rise up and be counted
sing it loud, sing it proud

We've been brutalized and crucified, the brunt of their attacks,
is corruption not their trademark and compassion what they lack?
If we can realize our common goals,
the end of which is plain
united and now stronger,
their loss is now our gain!

Join us in a song
we shall rise and sing
stand up and be counted sing a song for liberty
join us in this song
together we shall sing
rise up and be counted
sing it loud, sing it proud

(Hey!)

Join us in a song
we shall rise and sing
stand up and be counted sing a song for liberty
join us in this song
together we shall sing
rise up and be counted
sing it loud, sing it proud

lunes, 16 de mayo de 2011

Razones para la desesperanza.

Cuando empecé este nuevo blog quería mantener una cierta distancia entre ciertas cosas que me ocurren en la vida real y lo que son mis reflexiones, mis observaciones y mis argumentos. No me cuesta admitir que no soy la persona más fuerte del planeta a nivel emocional y que mi hábito de ver el lado malo de las cosas muchas veces arrastra mi estado de ánimo y hace que me sienta como una mierda y que me cave un agujero de autocompasión y de desesperación pero he intentado mantenerlo alejado de este registro, por lo menos a la hora de redactar entradas (y me enorgullece saber que nunca me he dedicado a componer mala poesía). Por otra parte, cuando las cosas han sido realmente malas tampoco era escribir por aquí lo que me pedía el cuerpo.

Este fin de semana no ha ocurrido nada realmente chungo. Eso ocurrió hace como una semana. Pero si que me he enterado. He estado toa la semana enfermo, con un resfriado con infección bastante serio (esta vez con fiebre y debilidad muscular) y no ha ayudado a que me lo tomase mejor pero ha sido parte de una colección de cosas.

El incidente en concreto (y aquí me vuelvo explícito) fue un ictus de mi abuela. Creo que hace el tercero, aunque no lo tengo seguro. Ha tenido varios, casi todos después de su diagnóstico de mal de Alzheimer, hace siete años, casi, y que tienen que ver con su mala circulación. Este último ha hecho que ya no pueda ver, oír ni hablar. Su estado no era demasiado bueno pero ahora, en la práctica, sólo puede comer cosas muy trituradas y sólo reconoce por el tacto. Todo esto lo sé por mi madre, que hizo un viaje relámpago en el fin de semana para ver su estado. Yo no he visto a mi abuela desde 2005.

Cuando vi a mi abuela después de que le diagnosticasen la enfermedad algo se rompió dentro de mí. Hay una mirada, una mirada específica que tienen las personas con Alzheimer, que aquellos que lo hemos visto de primera mano podemos reconocer. Es una mirada con la que, aunque te estén mirando, sabes que esa persona está perdida. Perdida dentro de sí misma, sin ningún tipo de referencia. A mí esa mirada me destrozó por dentro. Mi abuela era una persona muy importante para mí, una figura materna que estuvo ahí a lo largo de muchos años para mí y que significaba muchísimo para mí. La idea de verla desaparecer poco a poco, borrada por los bordes y hundiéndose en el olvido es algo que me retorcía y me retuerce por dentro. La carga de culpa por no haber estado a su lado en estos años es mía y no creo que me libre nunca de ella pero, sencillamente, no creo que hubiese opción buena.

Como decía, se me ha juntado esto con haber estado enfermo y físicamente débil, la semana pasada. No es el mejor conjunto de cosas y menos cuando cada día, en el laboratorio, me enfrento a una rutina en la que apenas tengo interés y con algún compañero que, a pesar de ser buencompañero de trabajo, ideológicamente me parece un zote criptofascista. Cuando le sumo pensar un poco en la proyección profesional que me ofrece mi carrera (Ley de Ciencia incluida) y las perspectivas de futuro, así en general, no puedo evitar sentirme deprimido, porque veo a mi alrededor que las cosas empeoran y no tienen muchos visos de mejorar.

Mi compañero es un síntoma, es un ejemplo de los reaccionarios que recurren a la retórica contra el voto para asegurar que la derecha gane. Recurriendo al tópico de que todos los políticos son iguales se le nota que es un amigo de Espe y de la misma retórica populista que lleva a abrir la brecha entre los que tienen mucho y los que tienen poco, la misma mecánica destructora de la clase media de siempre. Él, que es el hijo de un tendero que ha podido llegar a la universidad por años y años de servicios públicos, cree en la destrucción de toda esa infraestructura.

En esto enlaza lo de mi abuela, en cierto modo. Mi abuela ha tenido la suerte de tener la red de la familia que estuvo ahí cuando ella empeoró y hubo que cuidar tanto de ella como de mi abuelo, hasta que él murió en Febrero pasado. En Cantabria la ley de dependencia se aplicaba con cierta soltura, por lo que había cierta ayuda y apoyo en forma de servicios en la casa. Es una diferencia que, dada la organización de mi madre y sus hermanos, no era indispensable pero si se agradecía mucho. No quiero ni pensar lo que puede ser una situación así para una persona sola o para menos hermanos en Madrid, donde la presidentísima se ha ahorrado ese dinero.

Y es que veo a mi compañero y entiendo que es un ejemplo de la falta de humildad, de compasión y de empatía que afecta a mucha gente que cree en las recetas del neoliberalismo. Los mismos que hablan de valores familiares y son los primeros en divorciarse o enviar a sus hijas a abortar al extranjero. La misma hipocresía, doble moral, estupidez y pequeñez intelectual. El mismo egoísmo y mezquindad.

Las desigualdades económicas siempre son pagadas por los que menos tienen. Sin los sistemas de protección social, serán los menos afortunados los que tengan que pagar el pato: co-pago sanitario (antes de la privatización completa), impuestos indirectos, pensiones menores, educación de primera y de segunda con bonos escolares... Todo ello abrirá aún más la brecha entre los que tienen mucho y los que tienen poco y eso, se pongan como se pongan, es a lo que conducen esas medidas.

Quisiera creer que las manifestaciones de ayer, las acampadas de hoy y otros signos pueden cambiar el signo de lo que veo como futuro. Sé que gracias a mis amigos me sentiré menos solo y que recuperaré mis ilusiones, aunque sean con el objetivo de marcharme y montar mi futuro lejos de ellos, lo que no deja de ser un trago amargo pero hoy la noche se me hace muy larga.

P.S.: si tenéis la tentación, gracias por la compasión y conmiseración online pero no creo en ello. Dejadlo para cuando nos encontremos en vivo.

lunes, 18 de abril de 2011

La Cena.

El miércoles de la semana pasada tuve el gusto de compartir mesa a la cena con Be y con Somófrates, bloggers extraordinares y encantadoras personas. Nos decidimos por un ruso que ni Be ni yo habíamos probado antes pero al que le teníamos ganas tanto por estética como por opciones de carta (aunque en mi caso era el Vodka lo que tenía en mente, por aquello de que no había sido de las mejores semanas que he tenido en el laboratorio).

La velada empezó con una acusación (muy justificada) de Somo respecto a mi (casi) constante negatividad en mi twitter, pero tengo que defenderme argumentando que es mi válvula de escape para no quejarme continuamente en el labo del millón de pequeñas mierdas y trabas que a la larga acaban por joderte el día al impedir que puedas organizar las cosas de una forma ni siquiera fluida. También, creo yo, aunque eso lo he ido rumiando desde entonces, tiene que ver mi implicación con mi trabajo, un defecto bastante gordo, eso de sentir responsabilidad hacia lo que uno hace para ganarse la nómina y eso, no me cabe duda.

Cuando llegó Be, secuestrada vilmente por su trabajo en el Mal, nos pusimos a charlar animadamente, con las bebidas: Bloody Mary para Be ("A esto le han echado el zumo de tomate justo para que tenga color.") y Gimlet para mí y para Somo ("Esto huele a Nenuco."), que se fió de mi criterio (insensato...).
Gráfico demostrativo de las condiciones iniciales (si, lo de Be es una camiseta de Green Lantern, así es de guay ella, que trabaja para el Mal y le dejan llevarlas; yo llevo gafas y el ceño marcado, cosas de la miopía; las copas son el Bloody Mary de la muerte, apréciese la ramita de apio, y los Gimlet de Chanel nº5). Visión del autor (si, no valgo para dibujar, así que ahorráoslo).

Dejando de lado mis gilichorradas del laboratorio, sin mayor interés, se nos fue la noche en conversación sobre cine soviético (por el lugar y como recomendación para forjar el espíritu les referí a Stalker y, sobre todo, Solaris, que dejó alucinando a Somo cuando le conté lo del plano secuencia de coche rodado en las autopistas de Tokio para justificar gastos), el atuendo de dominatrix (sic) de Be en el trabajo y la anécdota del Pollito de California de Somo (o cómo el Gran Electricista descubrió que en Europa el cable marrón es el de tierra).
Adentrados en la velada y ligeramente perjudicados (aparentemente, Be hizo malabares con los pechos mientras Somo sufría de ergotismo o fuego de San Juan por el pan de centeno y a mí me eran revelados los Misterios de Eleusis). Visión del autor (Nota: el autor no está demasiado seguro de que sea un visión fidedigna).

Adentrados en la noche y degustando los blinis con fruición (surgió por ahí mi explicación sobre el Ergotismo, el cornezuelo del centeno, el LSD, los Misterios de Eleusis y los medicamentos contra las migrañas; por cierto, chicos, recordadme que otro día os cuente sobre el programa MK Ultra, Sandoz, Eli Lilly, la CIA y su programa de Control Mental), escuchamos alguna cosa de los vecinos del otro lado del salon (que parecían formar un grupo de profesionales liberales de esos; o séa, artistas o gente dedicada a esas cosas). Más o menos fue entonces cuando tuvo lugar uno de los momentos álgidos, el comentario de una de las chicas que vino a ser (registrado hábilmente sobre el papel):
"Ladran luego cabalgamos. Tiene que ver con la caza del zorro. O sea, cuando la gente se montaba para ir a cazar al zorro, los perros salían ladrando y de ahí viene."
En ese momento, claro, Be, Somo y yo nos miramos porque sabíamos que eran nuestro deber registrarlo. Debe de ser, sin ninguna duda, la chorrada más gorda que he escuchado en toda la semana y en el mes y aún en lo que llevamos de año, por lo menos en vivo. Por cierto, para los que no lo sepáis, es una cita apócrifa de el Quijote, así que la chica no sabe ni el origen popular, aunque incorrecto (obviamente, el poema de Goethe no tiene nada que ver).

De todos modos, una de las mejores de la noche vino por parte del que escribe hacia el final de la cena, con los postres y la discusión de cómo el panorama de la soltería adelgaza para desventaja de dos casaderos de tanto encanto y recursos como Somo y yo.
Somófrates: Están empezando a parir todas.
Illuminatus: Es muy fácil: mata a las crías.

Creo que, esencialmente, ese fue el remate de una de las mejores experiencias de año por la que sólo puedo estarles agradecidos a ambos dos comensales y esperar que se repita pronto prontito (porque, por mucho que me queje, estas son las cosas que hacen que merezca la pena vivir la vida). Ah, y quiero invitarles a que dejen por aquí sus propias observaciones, por aquello de que la memoria es parcial (y yo tengo una laguna entre las 19:30 del viernes pasado y las 2:00 del sábado que se expande hacia ambos lados, temporalmente hablando; bendito Gimlet).