martes, 24 de agosto de 2010

La Carga de Pickett.

A nada que hayáis leído el blog más de un par de veces tendréis idea de mi afición por la historia en el aspecto militar. La historia militar justifica la mayoría de las veces a Carl von Klausewitz y su aforismo de que la guerra es la continuación de la política por otros medios. En ese sentido, la guerra como acción no tiene sentido desconectada de la dimensión política y económica de los participantes: las motivaciones son políticas (lo que tiene que ver con la forma de estado a su vez: no son las mismas causas la guerra promovida por unos intereses de una monarquía que por un estado democrático, aunque en ocasiones el componente económico-territorial ser muy fuerte) y las limitaciones son las que impone la economía (una guerra, normalmente, está ganada o perdida según los recursos que pueda movilizar el estado, lo que explica los resultados de la Segunda Guerra Mundial para Japón, especialmente, y para Alemania, al fallar en la captura del Caucaso y los campos petrolíferos de Bakú; o los de la Guerra de Secesión).
Yendo al terreno táctico, a la escala de las batallas y los hombres que en ellas participaron, por otra parte, se pueden contemplar numerosos ejemplos de valentía desesperada (la maniobra de los griegos en Maratón fue tremendamente arriesgada, dada la desigualdad de fuerzas y la distancia, unos 200 metros, a recorrer cargados con el equipamiento completo del hoplita), sentido del deber abnegado (los marinos españoles luchando hasta el fin mientras los franceses, empezando por el almirante Villeneuve, se desentendían del asunto) y de una estupidez desmesurada (el caso de la carga de la Brigada Ligera es especialmente sangrante: la gesta fue el producto de una mala interpretación de órdenes deliberada por parte del Earl de Lucan instigada en buena medida por el desafect que le tenía a su cuñado, Lord Cárdigan, comandante de una de las unidades de caballería bajo su mando). Sin embargo, también hay casos que no acaban de quedar claros, como el de la Carga de Pickett, ocurrida en el último día de la Batalla de Gettysburg.
La batalla de Gettysburg duró tres días y enfrentó a lo mejor de la Confederación, el ejército del Norte de Virginia, comandado por Robert E. Lee, con varios cuerpos de ejército del ejército del Potomac de la Unión dirigidos por el general George G. Meade. Meade no logró la fama o el reconocimiento que lograron otros generales de la Unión, como Sherman (por lo implacable) o Grant (por su combatividad y dar la puntilla al ejército confederado) pero en Gettysburg resistió y frustró la última ofensiva estratégica de la Confederación (de hecho se estableció aquí lo que se denomina la High Water Mark de la Confederación, el punto al que más lejos llegaron los sudistas). En cambio, Lee tiene prácticamente aura de santo para muchos estadounidenses y su reputación como general es algo que resuena en miles de biografías que rozan lo abiertamente hagiográfico. Es, precisamente, la Carga de Pickett, lo que pone en cuestión hasta que punto Lee era un oficial tan brillante como se le considera.
Esencialmente, la carga de Pickett consistió en una maniobra de asalto frontal de infantería de las líneas de la Unión para forzar y romperlas. Esto ocurría en el tercer día de la batalla de Gettysburg, después de que en los dos días anteriores hubiesen tenido lugar duros combates. Las líneas de la Unión en el punto de asalto, en el centro del despliegue sobre el campo de batalla, se hallaban razonablemente bien atrincheradas y disponían de la protección de varios elementos del terreno, como un muro lindero de piedra y vallados de los campos en que se encontraban.
El plan de asalto confederado era simple como un cubo boca abajo: un bombardeo preparatorio de la artillería precedería a la salida de las unidades confederadas del bosque en el que se hallaban a cubierto. Las tres divisiones de la Confederación cruzarían los tres cuartos de milla que les separaban de las líneas de la Unión y contactarían con las líneas nordistas por el centro, que combatirían para alcanzar y tomar la Colina del Cementerio (Cemetery Hill), objetivo del día anterior.
Teniendo en cuenta que el terreno entre el bosque en el que se hallaban protegidos y el Muro de Piedra estaba despejado y que los federales se hallaban bien atrincherados para poder disparar contra ellos, el resultado era de esperar y hasta el mismo general Longstreet, mano derecha de Lee en la batalla, expresó su opinión al respecto:

General, I have been a soldier all my life. I have been with soldiers engaged in fights by couples, by squads, companies, regiments, divisions, and armies, and should know, as well as any one, what soldiers can do. It is my opinion that no fifteen thousand men ever arrayed for battle can take that position.

(General, he sido un soldado toda mi vida. He estado con soldados envueltos en luchas por parejas, por escuadras, compañías, regimientos, divisiones y ejércitos, y debería saber, tan bien como cualquier, lo que los soldados pueden hacer. Es mi opinión que no hay quince mil hombres dispuestos para la batalla que puedan tomar esa posición.)


Las unidades confederadas sufrieron alrededor de un 50% de bajas y fue un golpe psicológico del que ni la Confederación ni Lee lograron recuperarse. Las esperanzas del general que había vencido a la Unión tantas veces antes se demostraron excesivas frente a una situación en la que el enemigo estaba resuelto a resistir y tenía una posición sobre el terreno de ventaja para el enfrentamiento. Sencillamente, puede decirse que Lee fracasó de puro éxito.
Además de sus efectos inmediatos sobre la moral y la resolución para luchar del ejército confederado, la carga de Pickett se convirtió en uno de los elementos que han sido estudiados y revisados en cientos e incluso miles de libros sobre la batalla y uno de los totems de los defensores de la Causa Perdida de la Confederación. Como tantos otros momentos dispersos de valor, desesperación, estupidez o crueldad, se convirtió en una llamarada de gloria, un mito histórico al que aferrarse para reclamar una identidad colectiva.

miércoles, 18 de agosto de 2010

El Botín de Dublín + Las malvadas Farmacéuticas.

Se me hacía de una pereza infinita el volver a escribir pero quizás por eso mismo necesitaba vacaciones fuera. Mi sobrino tuvo el detalle de acogerme otra vez en su casa en Dublín y su novia (este apartamento era otro significativamente peor, pero el amigo que vivía con ellos se volvió a Madrid y ya no podían permitirse aquel lujazo de casa, ¡ays!) y él me tuvieron a cuerpo de rey en la semana larga que he pasado con ellos. No puedo quejarme para nada*, salvo por el pequeño detalle de que habitualmente me metían en medio de sus discusiones, que a veces se volvían tan absurdas que me parecía estar en Pepa y Avelino Dublin Edition.

Fig. 1. Botín: sección libros y series en DVD. Un poco de algo que ya conozco (Pratchett,Dick y Morgan, de quien un amigo me prestó Altered Carbon, un buen libro; los tomos de Fables, de los que ya me ventilé los dos primeros y me gustaron muchísimo) un poco para probar (Baxter y Reynolds y la antología de Noir). Las series, de mis favoritas (Tina Fey, te amo; Vic Mackey, a ti también pero de forma no homosexual. O si. No sé). Ya os contaré qué tal está la de Brotherhood pero pinta bien.


Fig. 2. Botín: sección juegos. Juego de puteos de los gordos. Me estuve leyendo Ricardo III mientras estaba con mi sobrino y algo tendrá que ver. No soy así. En serio.

Como el año pasado, éste también he vuelto con un considerable botín de libros y series en DVD más un juego de mesa que me interesaba de un tiempo a esta parte (pero que en realidad encontré en la tienda que fui a visitar poco más o menos de pura suerte, ya que ni esperaba que lo tuvieran). Con esto me aseguro unos cuantos meses de entretenimiento barato mientras languidezco en mi tedio de parado descontento (o algo así, porque lo de salir a correr por las mañanas y prepararme el examen de primer Dan de Karate no me lo quita nadie y ya veremos si empiezo a aprender a conducir y esas cosas necesarias para la vida moderna).
En lo concerniente al propio Dublín, pasear, ver cosas pero poco más. No es una ciudad que tenga muchas cosas y una vez visto todo lo que hay que ver, incluída la vida nocturna, se queda en poquita cosa si no vives allí y vas de turista, pero se agradece el descanso. Ah, si, estuve de visita en el Museo Nacional de Historia Natural. Es poco más que una colección de ejemplares disecados, bien organizada, eso si, y muchos de ellos provenientes de donaciones de cabezas obtenidas en safaris y ese tipo de cosas pero la verdad es que a mí me sirvió para reverdecer un poco mis conocimientos de zoología y morfología y sus bases ecológicas y evolutivas y si no tienes demasiada idea de estos temas, siempre resulta interesante ver la diversidad animal. Naturalmente, echaba en falta una sección de reptiles y serpientes (¿sabéis por qué?).

Para compensar, el viernes estuvimos de excursión en los acantilados de Moher. Están en el otro lado de la isla y son una vista impresionante que merece verse. La excursión en sí podía haber ido mejor con alguna parada menos (y mejores carreteras) pero estuvo bastante bien y tengo algunas fotos por ahí que transmiten bastante bien lo impresionante de las vistas.
Fig. 3. Mogollón de metros todos para abajo, lo menos 100. Decía el guía que venían muchos a tirarse. Nos ha jodido: éxito seguro.

Fig. 4. Impresionan de verdad. Me hubiese gustado tener una cámara con un objetivo telescópico gordo para poder observar los nidos de las aves. Había hasta frailecillos.

*Falso, si había una cosa de la que quejarme: esos salvajes comepatatas no saben lo que son las persianas y las ventanas de mi sobrino estaban orientadas hacia el punto exacto del Sureste por el que se alzaba el sol. Casi todos los días me despertaba a las 7 y media por el puto sol. Hay que joderse, ir a Dublín y que haga tan buen tiempo que no puedas dormir a pierna suelta.
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Me gustaría comentar un par de cosas a raíz de un par de cosas que han ido surgiendo en un hilo sobre homeopatía de un foro en el que participo. Me plagio a mí mismo (dando formato a lo que corresponda, claro) pero con buen motivo: uno de los argumentos más usados para defender toda esa mierda del naturismo y la homeopatía es el de los efectos secundarios de los medicamentos. Me parece muy importante dejar algo claro (y de paso dejar claro que he amortizado el máster y que en la empresa me lavaron el cerebro :P ).

Por aquello de los efectos secundarios y lo malvadas malosas que son las compañías farmacéuticas:
-TODO xenobiótico tiene efectos secundarios: cualquier cosa que introduzcas en el cuerpo que no pertenezca a él tendrá efectos indeseados más allá de su principio activo. La mayoría de las substancias de origen natural que se han empleado durante siglos tienen efectos secundarios y afectan al organismo, tanto más, en tanto que al no estar purificadas como principio activo a éste lo acompañan productos secundarios del matabolismo de la planta (pues la mayoría son de este origen).

De hecho, la mayoría de las plantas de consumo habitual en la dieta humana tienen componentes indigestos y/o tóxicos, motivo por el que la harina de almortas empleada para las gachas debía cocerse largo tiempo, lo mismo que la mayoría de las legumbres (inhibidores de proteasas). Otro caso similar ocurre con la mandioca o cassava (Manihot esculenta), que tiene glucósidos cianogénicos (o sea, formas de azúcares que se rompen y liberan cianuro) y con muchas otras plantas que se han domesticado.

Muchos de esos remedios naturales (o naturistas, más bien), producen efectos de estimulación de los citocromos de detoxificación del organismo para poder copar con los productos secundarios que llevan y pueden hacer que una terapia convencional no funcione precisamente porque se toman esas infusiones y brebajes sin consultar al médico, el farmacéutico ni a nadie. No quiero ni contaros la risa cuando afectan a los citocromos que detoxifican los anticonceptivos y se cargan éstos antes de que pueden tener efecto o hacen que un anticoagulante no funcione correctamente y haya que elevar la dosis al paciente, que tiempo después deja de tomar los "calditos" y sufre misteriosas hemorragias. Estas interacciones se conocen entre fármacos y la mayoría de médicos, aunque sólo sea porque siguen los catálogos, no recetan ciertas parejas de ellos pero cuando se toman misteriosas pócimas, la responsabilidad ¿de quién es?

-Llegamos al otro punto: todos los fármacos tienen riesgos no previstos en los prospectos que los acompañan y debidos a las diferencias genéticas entre poblaciones e indivíduos. Sencillamente, los seres humanos somos diferentes a nivel molecular y por pura estadística, en los ensayos clínicos, no entran personas con todos los genotipos y fenotipos, por lo que es normal que aparezcan efectos secundarios graves tiempo después de aprobarse medicamentos concretos. De hecho, es una de las bases de los medicamentos para afroamericanos o asiáticos, etc., tema que hasta aparecía en algún episodio de Urgencias y o de House. No se trata de conspiraciones, sobornos o manos negras: no hay que atribuir a la malicia lo que explica la estupidez (o sólo la estadística).

Para poder seguir esto, las farmacéuticas, esas compañías tan malas malosas, tiene departamentos de farmacovigilancia que siguen y monitorizan esas incidencias. Son un negocio, cierto, pero ejercen ciertas responsabilidades precisamente para seguir en el negocio y se hallan bajo regulaciones muy duras que ya querríamos para otros sectores de la economía.

lunes, 2 de agosto de 2010

Weirdness is after me.

El mismo fin de semana después de mi buen/mal día, acabé rompiendo una de mis propias reglas de comportamiento de forma deliberada y concienzuda: bebí solo. Hay muchas formas de beber solo, eso está claro, y la mayoría de ellas hasta incluyen el ir a un bar y estar rodeado de gente a pesar de que eso sólo es una cortina de humo para no reconocer que estás bebiendo solo. Me da igual que los que te rodean sean los habituales del lugar, que te conozcas todos sus nombres y al barman y su vida: hay una forma muy reconocible y evidente de beber solo que se puede reconocer sólo con verla.
Por fortuna o por desgracia, mi capacidad para el autoengaño no llega tan lejos. Bebí solo a conciencia y con ganas, porque lo que quería era, en el fondo, purgar lo que llevaba dentro, cosa que conseguí. Vaya si lo conseguí. Si no habéis tenido la experiencia de meteros los dedos en la garganta para poder evitar absorber el alcohol que todavía tenéis en el estómago ya os puedo decir que no os perdéis nada.
A la mañana siguiente, claro, llegó el momento de tomar decisiones. Si, ya sé que lo normal es que la resaca te esté asesinando, te hagas promesas de no volver a beber, que no puedas ver la luz y todo eso pero había evitado la jaqueca bebiendo agua después de "desbeber" los espirituosos y eso evitó la deshidratación (que es lo que mata), si bien el estómago aún me daba vueltas. La cosa funcionó, de todas formas, y es por eso que ahora salgo a correr, que he reconducido asuntos pendientes y que veo las cosas de otra forma, quizás no más positiva que antes pero si más fría y equilibrada, para bien y para mal.
Es curioso como muchas veces un cambio de actitud y de ver las cosas puede resultar lo que necesitas en tu vida pero también es muy curioso cómo descubres ciertas cosas a tu alrededor con sólo un poco de atención. Aunque hago un hábito de fijarme en ese tipo de cosas, el lunes de la semana pasada me ocurrió con un anuncio, como me había ocurrido con un par de restaurantes algo antes y para lo que dejo constancia (aunque espero que me disculpéis lo borroso de la cámara del móvil):
¿Publicitando el local a los clientes o cristaleros manazas?

El Humor que nunca pasa de moda.

No se cortan: ¡Zas! ¡En toda la boca!

martes, 27 de julio de 2010

Homenaje.

Aprovechando que últimamente tengo la situación más organizada, sobre todo gracias a lo de salir a correr por las mañanas, me he permitido establecer una rutina mejor de lectura, series y otras cosas para aliviar el tedio y el hastío. Ya que hago lo que puedo para encontrar empleo, no puedo dedicarme a agobiarme y sentirme culpable por no encontrar nada de momento y tengo que tener ilusión por algo, aunque sea tan pedestre como la historia de éste o aquel libro o ésta o aquella serie (joder, Lost tiró de mí el año pasado, que ya fue algo importante). En esa línea estuvo lo que disfruté de JCVD, película tremenda que no puedo sino recomendar a todos desde aquí.

El caso es que hoy quiero homenajear a uno de los actores más injustamente tratados del cine y la televisión actual. Sé que a muchos les rechinará pero creo que se lo merece. Creo, sin ninguna duda, que su potencial todavía está por explorar y el tiempo me dará la razón de la misma forma en que la recibieron aquellos que defendían a Alfredo Landa y José Luis López Vázquez.
Es cierto, no ha aparecido realmente en películas muy reseñables o en papeles en los que haya podido demostrar una gran profundidad actoral pero creo que su actitud de estajanovista del cine es encomiable de la misma forma en que aquellos actores del cine español del desarrollismo hacían un montón de películas para (sobre)vivir y luego revelaron su capacidad dramática con la muerte del tirano. Hace falta también dar un voto de confianza a un actor y juntarlo con un director de verdad para que florezca todo su talento.
Con una mirada a su carrera en la IMDB, podemos comprobar que actuó por lo menos en una cinta injustamente menospreciada de serie negra junto a Alec Baldwin (quien luego hubo de ganar peso para poder contener todo el talento que despliega en 30 Rock. ¡Vedla, malditos, que es muy grande!) pero su lista de papeles en grandes producciones no es tan larga, a pesar de que lista por lo menos 190 entradas como actor en su perfil (alguna de ellas como reiteradas apariciones en una serie).
Sus facciones, duras, y su lenguaje corporal ha favorecido que se le encasille en papeles de gangster, chuloputas o cosas parecidas pero creo que ahí hay un potencial enorme para papeles serios y profundos en los que pueda explotar sus facetas dramáticas en serio. Tengo el profundo convencimiento de que un actor con el sentido del humor necesario para poder realizar un papel en una película en la que participa Roger Corman y rodada con estándares de cine de guerrillas tiene que tener suficiente pathos para invocar un personaje que hurgue en el interior de las personas y les lleve por las emociones que quiera, maldita sea.
Y, qué coño, que creo que Eric Roberts, después de rodar mierdas grandísimas y seguir rodando películas tiene ese sentido de la dignidad tan presente en el cine español de que más cornadas da el hambre.

lunes, 19 de julio de 2010

Bend or Break.

"Señor, Tú ocúpate del dolor físico que del espiritual ya me ocuparé yo."
-Oscar Wilde antes de entrar en presidio, atribuido.-

Romper el ritmo y pasar de estar haciendo cosas y tener trabajo a no hacer nada me ha resultado duro y la semana pasada la desidia me comía completamente. Cualquier cosa que empezaba a hacer la empezaba con desgana y sin que me acabase de llenar del todo. Mi vida me parecía/parece de un tedio insoportable. Unas vacaciones no acaba de ser vacaciones de verdad si no se tiene algo a lo que volver y no se tienen ingresos.
Para poder evitar ese mal rollo decidí que necesitaba hacer algo más y he empezado a salir a correr los días que no tengo Karate temprano por las mañanas. De momento mantengo unos veinte, veinticinco minutos en carrera y luego reduzco a caminar con desnivel durante otros diez o quince. Aparte de sudar la camiseta, el cuerpo se queda más fino y equilibrado y no le doy tantas vueltas a la cabeza, que es, en el fondo, lo que me acaba cargando, a falta de más contacto social.
Emocionalmente, si tuviera algún trabajo, al menos habría estado ocupado con algo y habría tenido gente más allá de mis padres con quien hablar regularmente y llevar un entorno social saludable, por no hablar de lo que contribuye el tener empleo a mi autoestima. Además, el tema de A (la chica de la beca) no tiene pinta de que se vaya a resolver satisfactoriamente y me ha dolido a nivel personal especialmente. He tenido la sensación de que para algo bueno (el máster) que me importaba relativamente, he tenido que pagar algo malo perdiendo a alguien que me importaba de verdad.
El ejercicio físico ayuda, aunque sólo sea porque el esfuerzo y sus efectos sobre el organismo distraen al cerebro de las cosas chungas y lo dejan en un estado de felixibilidad emocional en el que muchas cosas te importan un huevo y las puedes ver más racionalmente, así que la relación causa-efecto no es tal pero, por lo que sea, parece como si las cosas que me importan y quiero se quedasen por el camino.

P.S.: no os perdáis mi colaboración en Viruete.com.

lunes, 5 de julio de 2010

It's been a bad Day.

"Sólo existen dos grandes tragedias en la vida: una es no conseguir lo que tu corazón desea y la otra es conseguirlo."
-Oscar Wilde (atribuída)-

Finalmente soy máster (del universo, JA-JA, cómo si nadie hubiese hecho ese puto chiste antes... En fin). He llegado a la facultad con un subidón impresionante entre la cafeína y la ligera ansiedad de tener que plantear la defensa de mi memoria final (que ya había entregado la semana pasada) de los últimos tres meses de prácticas. Cierto es que había repasado tanto la memoria como la presentación varias veces con la gente de la compañía pero terminar por fin lo que ha llevado tanto tiempo era algo que esperaba para quitarme un peso de encima.
Me alegra decir que gustó, tanto en la facultad como en la casa y que la gente de la compañía me tendrá en cuenta para el futuro. El aprecio es recíproco y el viernes pasado a mi tutora y a mí nos costó media hora despedirnos finalmente. Lo que más echaré de menos es el ambiente de trabajo tan bueno que teníamos y que es algo que no se puede conseguir con dinero. En tres meses se han ganado mi más profundo y genuino aprecio.
Por otro lado, tomé cartas en mi asunto pendiente y la cosa pinta bien, en contra de mis expectativas. Lo que no esperaba ha sido lo de después del máster.

No hay rodeos posibles para ello. Hace un par de años conocí a una chica en mi facultad. Una chica que estaba muy bien como en "ir al trabajo y verla me alegra el día" de bien. Tenía y tiene novio.
Esta chica se quedó ocupando el puesto que yo ocupaba cuando me fui al centro de explo... excelencia investigadora. Se le acababa la financiación a principios de este año y, por suerte, al grupo le concedieron proyecto con derecho a beca, que ella solicitó.
Mi antiguo y su actual jefe me sugirió que la solicitase y me colocaba como suplente por si acaso. No tenía intención de quitarle el puesto ni nada y no quería quedar en el compromiso de hacerle un desplante a alguien a quien respeto como mi maestro, así que lo hice. Cometí el error de dar por sentado que él se lo contaría a ella y no le dije nada explícitamente. Ella se enteró por las listas de la beca y hoy pasé a verla.
Decir que ha sido una recepción fría es como decir que Norman Bates tenía algún cambio de ánimo.
Fui un estúpido por asumir algo así a la ligera, aún cuando no tenía ni la más mínima intención de quitarle el puesto ni hacer nada más que un gesto de cara a otra persona y creo que me lo merezco, aunque no actuase de mala fe. La he escrito pero no sé qué va a pasar y la verdad es que no sé qué quiero que pase porque también estoy cansado de luchar una batalla que sé que no puedo ganar.

lunes, 21 de junio de 2010

Un Encuentro Inesperado.

En el que el autor conoce nuevos amigos y fantasmas de asuntos sin resolver de su pasado se presentan a través de un viejo amigo.

"The Texan turned out to be good-natured, generous and likeable. In three days no one could stand him."
-Catch 22. Joseph Heller-

La semana pasada, como poco, fue interesante. Uno o dos fines de semana antes, una bloguera, Ñita, con la que entablé amistad hace ya un año o dos, con ese mutuo reconocimiento y seguimiento de las entradas de cada uno que a veces se vuelve un poco masturbatorio y que, aunque sólo sea por mantener la pose de hermitaño medio amargado sin la que ningún bloguero de criterio puede sobrevivir, tengo que denunciar como un tanto ñoño.

Habíamos perdido el contacto allá por Diciembre del 2008, cuando perdí mi disco duro (¡y toneladas de porno duramente bajado! ¡malditos coreanos de Samsung!) y, en la debacle, practicamente mi identidad electrónica. Como después vino lo de mi estupenda estancia en el inframundo investigador, mis prioridades eran más lamerme las heridas y buscarme la vida que socializar. Para mi vergüenza, fue ella la que dio conmigo hace poco a través de mi artículo en Viruete.com (¿A qué esperáis? Es ingenioso. ¡Leedlo!) y como ella es también aficionada (¡Ja! ¡Su colección duplica la mía y suma 20 juegos más!) propuso que recuperásemos el contacto y echaramos partidillas de cuando en cuando.

Ha sido de lo más inesperado pero agradable. A veces, con esto de crecer y madurar tengo más la sensación de que los motivos o las oportunidades para perder amigos son más que para hacerlos y el conocer a gente maja con la que llevarse bien y divertirse. Los gustos cambian, te das cuenta de que ciertas personas también cambian o de que no eran como tú creías en su momento. Es mucho más fácil de lo que parece distanciarse de personas a las que tienes afecto y más de una vez no tiene porqué ser algo tan categórico como quedarte de piedra al ver que unas personas a las que considerabas razonablemente inteligentes y maduras siguen creyéndose hoy, a estas alturas de la película, que Saddam tenía armas de destrucción masiva y que la invasión de Irak ha sido positiva para el Oriente próximo.

De momento parece que podemos tener cierta regularidad en las partidas y el Agricola va a ser una estrella de la temporada. Una sorpresa agradable.

"By the pricking of my thumbs
Something wicked this way comes."
-Macbeth. W. Shakespeare-

Pero también me llevé una sorpresa más bien desagradable el jueves. A nivel existencial fue como una emboscada, una mina, un coche bomba... Además, por fuego amigo. Y lo peor es que fue por culpa mía.

Mi amigo Al me introdujo en una cadena de e-mails de una obra de teatro a la que iban a apuntarse su novia y él en la que también estaba incluida otra persona, una antigua amiga común con la que no he tenido contacto desde hace ya nueve años y con la que perdí el contacto de forma poco agradable (a bit of an understatement).

No fue mi mejor momento.

El jueves, estaba demasiado cansado para hacerle caso pero el viernes me lo pasé rumiando la situación hasta que hablé con mi amigo para sacar más información. No quería comprometerme a nada sin saber si iba a estar y tener una situación en la que iba a haber un elefante del tamaño del Titanic en la habitación, por mucho que tirase de toda la hipocresía social que he adquirido desde entonces. Por suerte no soy dado a la acidez de estómago psicosomática pero si pensaba mucho en ello podía caminar por las paredes.

Al final, la situación se desarmó por sí sola porque ni ella iba a ir ni yo pude (además, pensaba que era al día siguiente, así que sufrí la oleada de pánico inútilmente). Sin embargo, la reacción me dejó claro que una situación trivial que podía haber sucedido antes o después había desenterrado un asunto de mi pasado que no había atendido porque, simplemente, había salido de mi esfera de realidad. El sentimiento de culpabilidad por haberme comportado en su momento como un gilipollas no desapareció, sólo quedó tapado por el polvo del tiempo y la distancia sin que ni siquiera discutiese el asunto con Al, que no deja de ser de mis mejores amigos y que, sin saberlo, me estaba amargando el día.

"Los demás son algo así como testigos. Si no existieran, nunca conoceríamos la vergüenza."
-Crónica del Pájaro que da Cuerda al Mundo. Haruki Murakami-

La cuestión es que, después de todo este tiempo (si me pongo a pensar que es casi una tercera parte de mi vida me salta el esmalte de las muelas...) y sin contacto el uno con el otro, el habernos encontrado en un acto casual habría sido incómodo pero no necesariamente un desastre ni nada que tuviese consecuencias más allá de unas dos o tres horas de silencios incómodos, devíos de conversación, grupos de conversación separados o cosas así. En realidad, el problema no está en lo que piense ella de mí, en los reproches que pudiera hacerme o lo que sea. El problema es lo que yo pienso de mí mismo a partir de mis acciones de entonces y no haber hecho lo correcto (por orgullo, por estupidez, por terquedad) para corregirlo.

Puede que el resultado hubiese sido el mismo por dejadez, en vez de algo súbito, pero si uno sabe que no actuó de forma correcta y no puede respetarse a sí mismo por eso mismo, entonces poco importa tener a los demás. Es más bien egoista, porque así mis disculpas tienen la finalidad de aliviar mi propia conciencia, no tanto de reparar el daño hecho, pero se trata de hacer lo que uno debe hacer. Y mi conciencia es un rato hija de puta.

martes, 15 de junio de 2010

Transmisiones.

El jueves pasado, por una de esas estúpidas conjunciones de hábitos adquiridos y gestos automáticos y algo de falta de sueño, cometí un error en el laboratorio que, sin ser críticos, demoró la preparación del experimento del día e hizo que perdiese reactivos que podría haber empleado el día siguiente, ahorrando prepararlos en ese día, con el consiguiente incordio, si bien no para mí, sino para una compañera del labo (claro que ella es fija). El caso es que me irritó profundamente porque un error parecido lo cometí el día anterior. El típico error de no fijarse en lo que uno hace y poner un reactivo donde no debe, diluyéndolo de más y echándolo a perder para cualquier experimento que uno quisiera hacer. Definitivamente, no conviene emplear botellas iguales para estas actividades.
El problema no fue trascendente. Se preparó más reactivo y listo. Pero el rebote conmigo mismo me duró buena parte de la mañana. No era cuestión de haberla cagado y quedar en evidencia sino de cagarla como un novato por no estar concentrado en lo que hacía. Orgullo profesional, si queréis. Lo que si noté fue que para contárselo a mi jefa utilicé sarcasmo a mi propia costa. Un mecanismo de defensa pasivo-agresivo, si, pero para ocultar el verdadero cabreo que tenía conmigo mismo. Ciertamente, ni mi tutora ni nadie más tenían por qué soportar mi cabreo así que en vez de ser abiertamente desagradable con los demás hago chistes y comentarios que me dejan en evidencia desviando mi irritación sobre mí mismo pero sin ser abiertamente invasivo con los demás.
Me puse a pensar sobre ello (una ventaja de la plataforma automatizada, poder hacer otras cosas mientras el invento robotizado se dedica a operar el sólo esperando a que te despistes o te ausentes un momento para hacer algo mal y poner todo en crítico) y pensé que, en realidad, la primera reacción que tuve cuando vi a mi tutora fue poner cara de póker y no revelar que, en realidad, estaba cabreado, sino que me cerré en banda el aspecto emocional a pesar de explicar el error y asumir la responsabilidad. Con otras pequeñas cosas que habían ocurrido, en realidad bastante triviales y derivadas de la división del trabajo (que a veces uno puede percibir como más o menos justa) hice más o menos lo mismo pero no me dí cuenta hasta ese momento.
De natural soy bastante poco comunicativo. No es que no me guste airear mis emociones, esa fase la superé al final de mi adolescencia y de una forma más o menos forzada (bend or break, they say), sino que no me gusta que me lean. Me comunico con mis amigos y con la gente a la que quiero pero normalmente, con la gente con la que me falta el grado íntimo de confianza no me gusta que la gente sepa exactamente qué es lo que hay dentro de mi cabeza. No me gusta que la gente tenga toda la información sobre mí ni todo lo que proceso. De hecho, ni siquiera me gusta que mis amigos me tomen por previsible. Me gusta conservar aunque sólo sea una partícula de variabilidad e impredicibilidad. Las conclusiones psicológicas sobre el tema, id a saber pero las filosóficas podrían relacionarse con el libre albedrío, que no lo niego. Me gusta tener por lo menos una pequeña impresión de libertad de acción y capacidad de decisión sobre mi vida y, sin lugar a dudas, creo que eso es lo que más de agobió cuando estaba en el otro labo hace ya un año: la sensación de que mi vida quedaba sometida a control ajeno y a las decisiones de otro. Eso se me hizo realmente intolerable.
Cada uno se expresa de formas muy particulares. La forma de actuar y manifestar lo que uno piensa y siente es algo parecido a la forma en que los barcos navegan por el mar con radio y sensores. Uno puede emplear sus sensores de forma activa, enviando estímulos y observando respuestas en los demás; o emplearlos de forma pasiva, observando y escuchando sin decir palabra. Con la expresión corporal, los gestos y la personalidad ocurre de forma parecida al lenguaje. Es una cuestión de comunicación.
Hay gente que resulta algo parecido a una bengala en una habitación a oscuras. Se les ve venir desde lejos, mientras que otra es más comedida, circulando con señales para indicar su curso y observando a los demás. Y siempre están los que parece que nunca están ahí. No siempre lo que uno aparenta es lo que lleva dentro. Siempre hay payasos que lloran por dentro o esposas trofeo que son muy conscientes de que su vida vale tanto como lo que entretengan a sus maridos pero en las relaciones humanas la comunicación no deja de ser a una escala menor lo que viene a ser entre los países y las agencias de inteligencia: un juego de verdades y mentiras en el que siempre hay que, según el grado de confianza, hay que desenredar más o menos hilos de la madeja.
Me intriga lo que oculta la cabeza de la gente tanto como me obsesiona el ocultar lo que hay en la mía. No soy un jugador de póker especialmente bueno pero creo que le encuentro al juego la gracia más por lo que tiene de estudio de la comunicación humana que por cualquier otra cosa.

lunes, 7 de junio de 2010

Hijos Únicos.

Últimamente me tienen ocupado las prácticas del máster y me apetece poco escribir, si bien es cierto que me disuadía más el tener que hacer la memoria/proyecto de las prácticas, revisando la bibiliografía y componiendo el documento. Se me hace difícil justificar el estar escribiendo en el blog cuando tenía que hacer lo otro pero como he nivelado la situación bastante (y he metido cerca de 30 referencias del tirón: se van a cagar), me lo puedo permitir, creo yo.

Una de las cosas que he planeado para después del máster de una forma más o menos inmediata es abrir un Malta de 15 años que me regaló por mi cumpleaños un amigo que estuvo viviendo en Escocia durante el último año por aquello del trabajo. Es un buen whisky y luce bien en la botella pero estas cosas están para lo que están y por lo menos un amigo ya me lo ha reclamado pero hace falta tener la ocasión propicia.
De lo que me he dado cuenta, sin embargo, es que me da aprensión romper el sello y abrir la botella. Una botella llena y sin abrir es algo perfecto en sí mismo, como concepto, y cambiar eso supone alterarlo, cambiarlo de forma irreversible. Hay otra cosa detrás, claro, una especie de sensación de escasez, de acaparamiento: de que algo (la botella, por ejemplo) se acabe y preocuparme por ver cómo consigo otra o tener que conseguirlo, básicamente. Es algo que noto con pequeñas cosas pero que me resulta irritante.
A efectos prácticos, sin importar que tenga hermanas, las hijas de cuando mi padre estuvo casado por primera vez, soy hijo único. Soy egoísta y territorial pero de crío nunca fui especialmente mezquino ni cabrón de coger las cosas de los demás porque si, más bien lo era a la defensiva, de mantener mis cosas. Mis padres me enseñaron a compartir e hicieron bien su trabajo pero siempre me reservaba cosas para mí, marcaba ciertos límites que también ellos supieron reconocer (todo el mundo tenía y tiene sus juguetes preferidos). Con lo único que siempre mantuve una especie de relación extraña de territorialidad marcada fue con la comida, algo que debería ser más normal en familias con varios hermanos.
Mi actitud con la comida, además, resulta bastante especialita porque lo que me irrita es compartir ciertas cosas de comida y bebida. Me repatea tener que compartir las galletas y el chocolate, la Coca-Cola o las cervezas. Me fastidia tener algo de ese estilo que me gusta y me guardo para mí y que se me acabe o que se lo apropien otros, especialmente cuando no dicen nada al respecto, no dicen que se ha terminado ni nada parecido. Es infantil y pueril, lo sé, pero lo llevo arraigado sin que tenga demasiada explicación, sobre todo porque nunca he pasado necesidad que merezca tal nombre pero creo que debe ser de las pocas manías de hijo único que tengo si descontamos la territorialidad física pero a cada uno lo suyo.

martes, 1 de junio de 2010

La Feria (y el Final de Lost).

El viernes pasado pude salir temprano del labo y me fui a la Feria del Libro. Lo que hace unos años, cuando estaba en la facultad, me resultaba difícil porque estaba ya de exámenes (como estarán dentro de poco muchos a los que no les envidio la situación) ahora se ha convertido medio en hábito, por más que al final no me lleve más de dos o tres cosas por cincuenta euros o menos por dos motivos: 1) porque no tengo pasta; y 2) porque me parece abusivo el coste de algunos libros, hasta en sus ediciones de bolsillo. Me es difícil gastarme más pasta en un libro traducido que puedo leer en inglés, lo que no sólo me ahorra dinero sino también sufrir a algunos traductores ( no necesariamente tiene por qué ser culpa de ellos, creo, sino que tengan que hacer nosecuántos trabajos en poco tiempo y, claro, así salen los trabajos a toda prisa).
De todas formas, el paseo por la feria siempre me ha reportado alguna sorpresa agradable y este año me llevé dos libros (Gomorra y los Soprano y la Filosofía) y un manga sobre la Operación Barbarroja. En realidad, me llevé menos cosas de las que quería llevarme porque había algún otro libro que me interesaba pero, en un raro alarde de sensatez, conseguí ceñirme al presupuesto que me había marcado previamente y me gasté por debajo de los fondos que me había llevado. Aparte de eso, lo habitual: las mismas grandes novedades en todos lados, las casetas que más me interesaban eran las que habían llevado menos material y un montón de gente que carecían del más mínimo sentido de la orientación espacial.
En realidad, el día que me paso por la Feria me lo tomo más como uno de esos días para mí, para estar distanciado de todo y todos y poder disfrutar de mi tiempo despreocupadamente. El resto es secundario. El Retiro, eso si, estaba estupendo y en las zonas de umbría se estaba especialmente a gusto.

Por cierto, soy de los que está satisfecho con el final de Lost:

Sin mi viaje
y sin la primavera
me habría perdido este amanecer.
-Masaoka Shiki-

P.S.: Abono Joven del Teatro Real (menores de 30 años) por algo así como 90 euros para tres óperas (consultad la hoja). No es ya que me tiente, es que lo quieeeero (y pasaré porque ir solo es un rollo). ¿Se apuntaría alguien con la edad?

sábado, 22 de mayo de 2010

Efecto Möndei.

He tenido una semana bastante larga. Aprovechando algunos tiempos muertos me puse a buscar y encontré algo interesante. Aunque a lo mejor la gracia sólo se la encuentran los que tienen una formación científica, creo que merecía la pena compartirlo.

sábado, 15 de mayo de 2010

En otro lado.

Os tengo escrita una cosilla pero para leerla tendréis que pasaros por otro sitio.

Más noticias próximamente.

martes, 4 de mayo de 2010

A veces...

A veces no estoy seguro de si las teorías conspiratorias son sólo un mecanismo de defensa, un intento de afrontar el horror vacui, el miedo al caos del universo llenándolo con elementos ocultos que imponen un orden, puede que un orden terrible, opresivo, malvado, pero orden.
A veces creo que la incompetencia, el egoismo y la estupidez no pueden explicar el funcionamiento de nuestra sociedad, que no sirven para aclarar cómo es posible que los seres humanos nos coloquemos ante el desastre, si no en medio de él, con tanta ligereza.
La situación económica presente, con dos años de crisis encima, supuestas reformas del sistema (que nunca han aparecido) y el empeoramiento con las maniobras de los especuladores de divisas, más las consecuencias en el tejido social, parecen organizados por alguien o por un grupo que o bien pretende un retorno a una estructura social medieval o revoluciones, caos y destrucción social cuando a la gente no le quede nada que perder (en una maniobra de cuanto peor, mejor).
Me cuesta aceptar la consistencia de un modelo socio-económico como el actual en el que prácticamente mi generación entera está en un limbo profesional. Transcendiendo la situación personal, el aspecto global de la situación resulta deprimente. Somos sólo unos simios estúpidos, está visto.

martes, 27 de abril de 2010

Recompensa.

Hic et nunc.
(Aquí y ahora).
-Dicho romano-

Hace tiempo que me harté de escuchar a la gente lanzar argumentos sobre qué es la madurez, qué es lo que hace a una persona madura y la separa del niño o el adolescente. Uno de los argumentos más convincentes, que no se lo escuché a nadie, sino que lo leí, es el de la gratificación inmediata. Madurar es saber postergar la recompensa ahora mismo a cambio de una recompensa posterior mayor real o proyectada. Los típicos experimentos de psicología y/o sociología con niños demuestran que obtener la recompensa aquí y ahora es la conducta instintiva, aquello que va en los genes y sobre lo que después superponemos las capas del aprendizaje y la civilización.
El problema, de la realidad, no del argumento, es que, precisamente, nunca nos deshacemos del simio que llevamos dentro y, por mucho que nos empeñamos en que podemos tomar decisiones equilibradas y cabales, nuestro cerebro nos deja vendidos a las primeras de cambio y quiere aquello que lo satisface aquí y ahora. Aunque eso no sea posible, ni deseable en muchos casos, lo que supone es una influencia negativa a la hora de sopesar la información disponible para tomar las decisiones más apropiadas: impone un sesgo que neutraliza no ya la objetividad, sino también el propio interés.
El problema de definir la madurez en torno a este criterio es que, por otra parte, el extremo opuesto, el ascetismo, si queréis, supone un desperdicio de igual intensidad pero en sentido opuesto. En sentido económico, la gratificación inmediata sería el despilfarro y lo otro sería el ahorro descabellado, ya que uno expondría sus fondos a la inflación (y acabaría perdiendo igual). La flotación inestable entre ambos extremos no se nos da tan bien como parece sino que en el fondo hay que manejarse haciendo valoraciones de riesgo/beneficio casi constantemente en las que, casi siempre, faltan información y elementos de juicio.
En todo esto no deja de haber ciertas connotaciones amargas sobre cómo vivían nuestros ancestros homínidos, en peligro constante de verse sin recursos por la presencia de otros clanes más fuertes, de depredadores, viviendo al día y con quién sabe si algo parecido a la esperanza de mejorar sus vidas. Nosotros nos movemos en los mismos términos en otro contexto, habiendo pasado de la consecución de recursos para la subsistencia física inmediata a la economía de la escasez (porque eso es lo que hay, no nos engañemos, cuando de repente todos esos números ficticios de los mercados dicen que nosecuanta gente se queda sin medios de vida y la realidad material no parece haber dicho nada al respecto).
Ciertamente, quiero creer en un futuro en el que los seres humanos dejemos de ser el simio pelón que somos por ahora pero me resulta difícil imaginar si podremos llegar a superarnos a nosotros mismos sin dejar de ser humanos tal como somos ahora.

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¿Cúantos psicoanalistas se necesitan para enroscar una bombilla?
Dos: uno para enroscar la bombilla y otro para sujetar la polla... ¡El madero! ¡La escalera!

sábado, 10 de abril de 2010

Comedia.

Tragedy is when I cut my finger. Comedy is when you fall into an open sewer and die.
-Mel Brooks-

Creo recordar que también había una cita por otra persona, no recuerdo quién, que venía a decir que toda manifestación de humor tiene un componente, por pequeño que sea, de sufrimiento ajeno. Me parece que en cierto modo es así y que la mayoría de chistes, situaciones de comedia y demás se basan en que uno de los protagonistas lo pase mal para regocijo del espectador en lo que es una demostración clarísima de Schadenfreude. Habla pobremente acerca de nosotros como especie, creo yo, pero es lo que hay.

Desde que era crío, por educación o por lo que sea, junto a la timidez he llegado a sentir vergüenza ajena. No sé si se puede extraer alguna conclusión sobre mi empatía de ello pero lo pasaba, y aún lo paso, mal cuando algunas personas se ponen en el más absoluto ridículo. Los concursos de la tele eran un campo abonado para esto pero la realidad también tiene más momentos idóneos para buscar una piedra y escapar de la indignidad de compartir especie con algunos ejemplares que hay sueltos por ahí. Sencillamente, resulta difícil estar cerca de personas que no son conscientes de que han perdido toda la dignidad (tampoco es que a mí me quede mucha pero aún hay clases...).
Esto viene porque un gran número de formas de comedia se basan, más que en el sufrimiento físico, en la humillación personal, en despojar a un personaje de cualquier rastro de dignidad, buena reputación o credibilidad que pueda tener y revolcarlo en el barro con tanta alegría como intención. A veces, claro, un personaje no tiene dignidad para empezar (por ejemplo: Urkell o Sheldon, the TBBT, además, profundamente aborrecible). En algunos momentos, he llegado a sentir esa corriente de vergüenza ajena al ver esas comedias. Claro, depende del personaje y cómo de identificado o cómodo me sienta con él pero me pasa.
Seguramente muchos de vosotros tengáis conocimiento de the Office, la serie que transcurre en las oficinas de una sucursal de una compañía papelera que están a punto de cerrar. Supongo que si acaso estaréis más familiarizados con la versión americana, protagonizada por Steve Carell, que es la que emitió la Sexta (los de Cuatro emitieron aquí la británica con un doblaje atroz y nunca más quise saber del tema, claro). El caso es que hace un par de años eché mano al pack con la serie británica al completo por poca pasta. La serie es estupenda y las formas de documental hacen que gane en verosimilitud ese análisis del mundillo de la oficina, con las pequeñas ruindades, los inadaptados sociales y todo lo demás pero el meollo de la serie era, sin lugar a dudas, David Brent, el jefecillo ruin, pueril y estúpido que interpretaba Ricky Gervais.
David es uno de esos personajes que me han causado la horrible sensación de estar partiéndome de risa de algo que me causa auténtica vergüenza ajena. Su grado de estupidez y mediocridad me causaba pavor. Era el perfecto reflejo de esos quiero-y-no-puedo que todos hemos conocido alguna vez, que quieren quedar por encima de los demás y quedan siempre en evidencia porque son auténticamente estúpidos y mediocres. He tenido momentos de sentirme verdaderamente avergonzado y humillado al ver a ese personaje tan aborrecible y mezquino. Sin duda, si no habéis visto esta versión de la serie, deberíais, porque su factura es impecable.

Formalmente, si bien el entorno y las intenciones cambian, the Office tuvo una serie heredera en el Reino Unido. Tuve conocimiento de ella porque primero vi una película que estrenaron aquí, In the Loop, que me llamó la atención porque en ella participaba James Gandolfini, a quien reverencio desde los Soprano. La película es una especie de adaptación de las ideas de la serie por el mismo equipo de ésta pero mantiene el mismo espíritu. La serie se titulaba the Thick of It, que traduciría libremente por En medio del marrón, y relataba el funcionamiento interno del gobierno británico moderno, las luchas internas entre departamentos y ministerios, las filtraciones, los marrones informativos y los esfuerzos de la gente de relaciones públicas para vender la burra a los periodistas y el público en general.
En lo que coincidían, además de las formas de rodar, las dos series era en la mala baba. The Thick of It venía a ser una especie de Yes, Minister con ganas de hacer sangre. Se aprovecha mucho de su forma de contar la historia a lo documental, presentando a unos personajes que alcanzan cotas tan grandes de patetismo que da auténtica vergüenza verles cagarla de forma lamentable y luego intentar resolver la papeleta con la excusas más burdas y estúpidas que se les pueden ocurrir. Y lo mejor es que la sensación con la que uno queda es que la realidad no está muy lejos.
Merece especial atención el personaje de Peter Capaldi, alguien que haría ruborizarse al sargento de la Chaqueta Metálica por el uso de las maldiciones y juramentos y que es capaz de meter más miedo que el mismo Aníbal Lecter cuando aparece en escena.
Sin duda, si hay alguna serie que pase desapercibida ahora mismo por aquí y que se merece ser vista, es ésta. Si podéis soportar la vergüenza ajena...

sábado, 3 de abril de 2010

Solidaridad.

Hoy escribo con una resaca de teobromina cojonuda. En contra de lo que os puedan decir, el chocolate también puede producir resaca (sobre todo si es casi medio litro de helado de fondant, que luego no puedes pegar ojo ni de coña). La terapia es lo que tiene, que siempre acabas pagando.

Hace ya una semana larga que concluimos la parte teórica del máster. Me alegra. El nivel de tensión ha sido máximo para todos en las últimas semanas, no sólo para mí, sino para todos y si llegamos a tener un par de semanas más no sé si me hubiese llegado a quemar a lo bonzo. Es una suerte que las prácticas de empresa las postergasen hasta el día 6. Necesitaba estos días de no hacer nada y aislarme del mundo.
En los cinco meses largos que hemos tenido de teoría del máster he tenido ocasión de comprobar que los límites de la competitividad que creía que había visto hasta ahora eran superficiales. Me he llevado sorpresas muy desagradables con alguna gente y si bien he trabajado codo con codo con algunas compañeras que han estado a la altura de mis mejores expectativas, a pesar de los roces que hayamos tenido, también he visto que otras personas, incluidas algunas de las que no lo esperaba, han caído en bajezas desmedidas.
No entiendo que haya personas capaces de ir a hablar con profesores para que le bajen la nota a un compañero, por más que éste sea un puto vago redomado. No entiendo que haya gente que por rencor deje a un compañero en evidencia delante del resto de alumnos y de los profesores. No entiendo que haya gente que se queje de que un examen ha sido demasiado fácil. Sencillamente, debo ser más imbécil de lo que pensaba, porque hay gente con mejores notas y mejores posiciones que yo que son capaces de entregarse a conductas que me parecen completamente mezquinas y sin ningún tipo de beneficio propio sin ningún tipo de duda.

viernes, 19 de marzo de 2010

Hay días...

Hay días en que el mundo te sobrepasa. Hay días en que las circunstancias, simplemente, te rebasan, como Aníbal a los romanos. Hay días en que te sientes miserable y solo y como si el universo te hubiera escogido para arrojarte al fondo del barril y, aunque el sol brille, lo único que ves es oscuridad. El futuro se hace un agujero negro.

Esta semana se ha juntado suficiente presión, contando la heredada del mes pasado, para que, nuevamente, mi ánimo y mi moral se fueran a tomar por culo sin demasiadas contemplaciones. Un examen el martes, un trabajo para el jueves que viene sobre el que apenas pude leer nada, otro examen el viernes que viene, las prácticas de empresa, no saber qué coño voy a hacer después del máster... Todos los problemas juntos, cerrándose y asifixiándome. Mi gestión de la ansiedad y yo... Joder, menos mal que sólo queda una puta semana de teoría del máster.

Más de una vez intento abarcar todo, responsabilizarme y actuar de forma competente cubriendo todo lo que tengo encima e incluso convirtiendo en responsabilidades actividades que hago por placer. Me ha ocurrido con Karate, me ha ocurrido con las clases de alemán, me ha ocurrido con montones de cosas, intentando ser un puto boy-scout que se toma las cosas en serio y cumple con su deber en vez de dejarlo ir, de pasar del tema y no intentar estar a la altura siempre. No sé cómo me complico la vida así, porque en el fondo la recompensa no está a la altura de la tensión con la que me lo tomo.
Además, llevo a cuestas una sensación de culpabilidad por lo que percibo como errores, como ocasiones desperdiciadas de mi pasado. Paletadas de mierda de mi conducta obsesiva-compulsiva pero se suman a la sensación de que nada de lo que si he hecho haya servido realmente para mejorar mi futuro profesional y que el esfuerzo que si he hecho no ha servido realmente para nada, licenciatura y máster incluidos.

No he estudiado la suficiente neurobiología para saber cuáles son las bases concretas de la depresión. Aquellos con el grado superior, se que corresponden a personas que poseen desequilibrios de serotonina y tienen que estar tratados, o la gente que tiene trastorno bipolar, que tienen ciclos alterados en los neurotransmisores. En comparación, lo mío es un simple problema de gestión de la ansiedad en que mi personalidad obsesiva se junta con el mecanismo de estrés, la falta de luz solar y cuando mis niveles de cortisol se disparan entro en barrena. Suerte que no he tenido un ataque de ansiedad en años.
Lo peor de todo es cuando la gente no comprende que esto no es deseado, que no es por gusto, que estar jodido, amargado, deprimido y verlo todo oscuro y sin futuro no es agradable y que no quieres estar así. En esas temporadas lo mejor es estar lejos de todo el mundo, hasta que sientes que puedes socializar y que lo que llevas dentro no va a contaminarlo todo. En las últimas Navidades, cuando pudo venir de Dublín mi sobrino, estuvo en casa y coincidió con uno de estas temporadas, nada agradable, desde luego, y mi madre me picó y me presionó hasta que estallé. Nada bonito.
Hay días en que me gustaría que mi vida fuera de otro.

viernes, 12 de marzo de 2010

The Simple Life.

Plag... Utilizando directamente la idea de Barbijaputa, me hago hoy mi diseño:

-La casa es una pequeña villa en la Toscana, dentro del término municial de Florencia, con un huerto en el que se yerguen desafiantes dos manzanos: uno da manzanas rojas intensas; el otro da manzanas amarillas. En el huerto en sí están mis cultivos de espinacas, broccoli, pepinos, calabacines y los putos tomates de los cojones, que me han costado esfuerzos y desvelos. Mantengo las plagas de insectos a raya con piretrinas de los crisantemos que crecen delante de la casa, que extraigo yo mismo, y por suerte he podido controlar los hongos.

-La casa no es grande, tiene un atrio con un impluvium (del que aprovecho el agua para riego) y las habitaciones se reparten en torno al mismo, que en verano hace las veces de sala de estar. La casa tiene estilo romano, con las paredes enfoscadas y pintadas en un amarillo ligeramente anaranjado que contrasta con las tejas. Los marcos de las ventanas parecen sacados de un decorado de Samuel Bronston. El diseño aprovecha toda la luz natural posible, incluidas placas solares y toda la pesca.

-En uno de los laterales de la casa está la cocina, que tiene una especie de porche cubierto por fuera donde unos tipos me montaron un horno de leña (que me ha costado más de un pan y de una pizza carbonizada aprender a manejar). De vez en cuando preparo comidas al fresco con un buen éxito.

-Mi tiempo se reparte entre atender el huerto y escribir, escribir y escribir. He conseguido colocar unas novelas negras que no tienen malas ventas (hemos vendido los derechos de una traducción en inglés) y que los críticos han calificado como trasnochadas, con un estilo chandleriano pasado de moda, sin saber que eso me causa mil orgasmos internos. Periodistas y otra gente han querido entrevistarme pero mantengo mi anonimato como Thomas Pynchon. El actor que empleamos para la foto de mi ficha está hasta los cojones de que le confundan en la calle y maldice el día en que le contratamos.

-Por lo menos un par de veces por semana bajo a Florencia a pasear, meterme en la Santa Croce sólo a escuchar la multitud entre sus muros y dejarme llevar por el espíritu de la historia. Hay una chica bastante mona en una heladería, un poco más baja que yo, morena y con los ojos azules, que me echa miraditas cuando voy por allí de cuando en cuando pero me hago el tonto. No tendría futuro: mi italiano es una chufa y parecemos dos simios epilépticos al comunicarnos por gestos.

-Acogí a un alumno necesitado de la universidad de al que doy clases particulares, en inglés, de algunas de las asignaturas de biología. Le moldeo la cabeza un poco en torno a cómo enfocar el trabajo y soy más cabrón con él que sus propios profesores pero al menos le está rentando.

-Por las noches, cuando no llueve, salgo al porche que queda detrás de la cocina y me quedo mirando las estrellas. Por suerte, buena parte de la luz de Florencia queda atenuada por las colinas y puedo ver las constelaciones. He pensado que quizás haga una especie de planisferio y mientras me tomo un espresso considero seriamente comprar las pinturas.

lunes, 8 de marzo de 2010

Little Break.

Esta semana, iros a otro lado. A final de semana ya publicaré yo algo pero por ahora entretenéos con lo que le he escrito a Miss X (es divertida, es maja, es bitchy, es genial: ¡leedla!).

viernes, 26 de febrero de 2010

La Torre de Marfil.

Estoy en una encrucijada. La semana que viene tenemos que entregar ya las solicitudes de las prácticas del máster y la verdad es que no estoy demasiado seguro de qué pedir: las prácticas en empresa son 4 o 5 plazas para como una docena de personas y las que queden serán en la facultad o en ese antro infernal que es el CNIO. Me preocupa una cosa, la continuidad, y, aunque en la facultad hay una persona con la que no me importaría quedarme (casualmente, una profesora a la que casi todos consideramos una bruja cuando la tuvimos por primera vez), el CNIO no tiene buena fama por su competitividad (otra cosa son sus publicaciones).
El problema es hasta que punto depende de esta decisión mi futuro. No estoy en el mejor momento para tomar decisiones (por lo de mi abuelo, porque estoy hasta los cojones de la teoría del máster y porque este tiempo de mierda me harta y preferiría irme a vivir a una cueva en vez de esta puta lluvia). Por otra parte, el estrés también ha hecho que aumente dentro de mí la irritación y la indignación con la actitud que mantienen todos hacia el status quo del mundillo científico, especialmente porque la motivación última es artificial.
Con todas las conferencias que hemos tenido sobre el tema, he quedado reafirmado en que la mayoría de la gente que hace investigación sobre temas de biomedicina está mucho peor que la gente de ciencia básica. La ambición por publicar al más alto nivel algo sobre cáncer y todo eso no significa que el avance sirva para llegar a nada práctico que permita combatir la enfermedad: la mayoría de publicaciones dilucidan las bases de la patología o, si acaso, permiten obtener marcadores de diagnóstico. Muy rara vez se obtienen moléculas quimioterápicas o métodos que permitan acabar con un tipo de cáncer de una forma directa. La propia naturaleza del cáncer (que es un conjunto de enfermedades basadas en la formación de tumores y la metástasis de estos pero cuya base molecular es muy amplia y diferente) hace que la idea de tomarse una pastilla o una forma de terapia sea algo ilusorio. Wishful thinking del bueno.
La gente que se mete en esto y le dedica jornadas de doce horas, fines de semana y demás para una puta publicación lo hará por sus motivos: progresar, obtener plaza, prestigio, etc. Cosas que, en el momento, importan poco o nada. Eso sin mencionar los duelos de ego y las movidas realmente chungas de las cabezas de cada uno. Y se olvidan del problema: la gente se muere de cáncer.
Y digo cáncer porque las investigaciones sobre la malaria o sobre enfermedades que les pasan a los negros, a los pakis, a los sudacas, esas no cuentan. O por lo menos no cuentan de verdad para la mayoría de investigadores porque son muy jodidas (el plasmodio de la malaria muta sus antígenos y por eso no hay vacuna que valga, por ejemplo) o la gente que las sufre no da dinero para desarrollar un fármaco seguro (claro que adivinad dónde se prueban algunos de los fármacos que se producen... John Lecarré no se pilló los dedos al escribir el Jardinero Fiel). Verdaderos humanistas, de verdad.
El problema es que, por mucho que se diga que la gente de investigación científica vive de lo que le gusta hacer, también eso estimula que vivan en una torre de marfil, metidos en un circuito de ficciones y artificios que sólo tienen sentido a la hora de sus propias necesidades personales de seguridad laboral o de ego. Barbacid, esa luminaria de la ciencia, publicó sus hallazgos sobre Ras hace veinte años, por lo menos y todavía no se ha hallado ningún fármaco que funcione con esa base molecular. No es fácil, para nada, pero aquí se le sigue tratando como el tipo que más sabe de cáncer y otras expresiones parecidas que no están a la altura de lo que es: un estudioso de la biología venido a más. No ha aportado una solución al problema, igual que Bernat Soria no ha aportado ningún uso práctico que resuelva nada con sus células madre, sin embargo, ambos son dos salvadores del mundo. Se les alimenta el ego desde las publicaciones de prensa corriente y la opinión pública no implicada en el mundillo, en vez de ser puestos en su sitio, de recordarles que no son semidioses por derecho sino gente privilegiada que disfruta del uso de fondos públicos sin garantías de resultados y que deberían ser más humildes y no ir de iluminados por la vida.
Además, arrastro cierta culpabilidad. La situación de mi abuelo lo ha reforzado, poniendo el punto de estrés apropiado a la situación, pero las decisiones equivocadas tomadas en el pasado (meterme en el laboratorio, elegir mi licenciatura, no haber trabajado lo suficiente cuando estaba en el instituto para haber cogido una ingeniería y otra lista de gilipolleces sobre las que no puedo hacer nada ya) y mi inseguridad respecto a los resultados que puedo obtener y esa vena obsesiva acerca de intentar controlar la situación en vez de dejarme llevar por ella, me han sacado un complejo de culpa atroz y que es lo que me ha dejado exhausto a estas alturas.
Esta semana me han vuelto a repetir algo que se me ha grabado, aborrezco y que es por lo que, en la práctica, la decisión de optar por la empresa privada casi la han tomado por mí. Eso de que en el trabajo investigador no se puede desconectar es aborrecible. No lo entiendo ni lo comprendo, no lo entenderé ni comprenderé ni lo quiero entender ni comprender. ¿Qué cojones se supone que nos hace especiales? Los médicos, los psiquiatras, los bomberos, los policías, los ingenieros, toda una colección de profesionales que hace cosas realmente valiosas por la sociedad no sólo pueden desconectar y relajarse sino que además se les recomienda. El médico o el psiquiatra no pueden obsesionarse con sus pacientes, los policías no pueden quedarse pensando al final del día en lo que vieron en tal o cual situación o ante la escoria humana con la que tienen que tratar día sí y día también, los bomberos no pueden pensar en si pudieron salvar a tal o cual persona... Pero los investigadores tenemos que estar centrados todo el puto tiempo en la mierda que tengamos entre manos, aunque no vaya a ser más que una mierda que aparezca en un artículo de una revista que leen cuatro mataos que la consideran el centro del universo y que a los cuatro meses otro matao te lo reviente porque ha descrito algo que a ti se te pasó.
Aborrezco este sistema de mierda. Aborrezco un sistema en el que no se intenta evitar la conducta obsesiva sino que se fomenta y se estimula. Sólo puedo concluir que los que construyeron la torre de marfil y se encerraron dentro son unos dementes y prefiero no estar dentro cuando se venga abajo.
Y ahora, el que quiera que llore por las tijeras de la ciencia.

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Cambiando los coches por lo que corresponda, esto es exactamente así.