viernes, 26 de febrero de 2010

La Torre de Marfil.

Estoy en una encrucijada. La semana que viene tenemos que entregar ya las solicitudes de las prácticas del máster y la verdad es que no estoy demasiado seguro de qué pedir: las prácticas en empresa son 4 o 5 plazas para como una docena de personas y las que queden serán en la facultad o en ese antro infernal que es el CNIO. Me preocupa una cosa, la continuidad, y, aunque en la facultad hay una persona con la que no me importaría quedarme (casualmente, una profesora a la que casi todos consideramos una bruja cuando la tuvimos por primera vez), el CNIO no tiene buena fama por su competitividad (otra cosa son sus publicaciones).
El problema es hasta que punto depende de esta decisión mi futuro. No estoy en el mejor momento para tomar decisiones (por lo de mi abuelo, porque estoy hasta los cojones de la teoría del máster y porque este tiempo de mierda me harta y preferiría irme a vivir a una cueva en vez de esta puta lluvia). Por otra parte, el estrés también ha hecho que aumente dentro de mí la irritación y la indignación con la actitud que mantienen todos hacia el status quo del mundillo científico, especialmente porque la motivación última es artificial.
Con todas las conferencias que hemos tenido sobre el tema, he quedado reafirmado en que la mayoría de la gente que hace investigación sobre temas de biomedicina está mucho peor que la gente de ciencia básica. La ambición por publicar al más alto nivel algo sobre cáncer y todo eso no significa que el avance sirva para llegar a nada práctico que permita combatir la enfermedad: la mayoría de publicaciones dilucidan las bases de la patología o, si acaso, permiten obtener marcadores de diagnóstico. Muy rara vez se obtienen moléculas quimioterápicas o métodos que permitan acabar con un tipo de cáncer de una forma directa. La propia naturaleza del cáncer (que es un conjunto de enfermedades basadas en la formación de tumores y la metástasis de estos pero cuya base molecular es muy amplia y diferente) hace que la idea de tomarse una pastilla o una forma de terapia sea algo ilusorio. Wishful thinking del bueno.
La gente que se mete en esto y le dedica jornadas de doce horas, fines de semana y demás para una puta publicación lo hará por sus motivos: progresar, obtener plaza, prestigio, etc. Cosas que, en el momento, importan poco o nada. Eso sin mencionar los duelos de ego y las movidas realmente chungas de las cabezas de cada uno. Y se olvidan del problema: la gente se muere de cáncer.
Y digo cáncer porque las investigaciones sobre la malaria o sobre enfermedades que les pasan a los negros, a los pakis, a los sudacas, esas no cuentan. O por lo menos no cuentan de verdad para la mayoría de investigadores porque son muy jodidas (el plasmodio de la malaria muta sus antígenos y por eso no hay vacuna que valga, por ejemplo) o la gente que las sufre no da dinero para desarrollar un fármaco seguro (claro que adivinad dónde se prueban algunos de los fármacos que se producen... John Lecarré no se pilló los dedos al escribir el Jardinero Fiel). Verdaderos humanistas, de verdad.
El problema es que, por mucho que se diga que la gente de investigación científica vive de lo que le gusta hacer, también eso estimula que vivan en una torre de marfil, metidos en un circuito de ficciones y artificios que sólo tienen sentido a la hora de sus propias necesidades personales de seguridad laboral o de ego. Barbacid, esa luminaria de la ciencia, publicó sus hallazgos sobre Ras hace veinte años, por lo menos y todavía no se ha hallado ningún fármaco que funcione con esa base molecular. No es fácil, para nada, pero aquí se le sigue tratando como el tipo que más sabe de cáncer y otras expresiones parecidas que no están a la altura de lo que es: un estudioso de la biología venido a más. No ha aportado una solución al problema, igual que Bernat Soria no ha aportado ningún uso práctico que resuelva nada con sus células madre, sin embargo, ambos son dos salvadores del mundo. Se les alimenta el ego desde las publicaciones de prensa corriente y la opinión pública no implicada en el mundillo, en vez de ser puestos en su sitio, de recordarles que no son semidioses por derecho sino gente privilegiada que disfruta del uso de fondos públicos sin garantías de resultados y que deberían ser más humildes y no ir de iluminados por la vida.
Además, arrastro cierta culpabilidad. La situación de mi abuelo lo ha reforzado, poniendo el punto de estrés apropiado a la situación, pero las decisiones equivocadas tomadas en el pasado (meterme en el laboratorio, elegir mi licenciatura, no haber trabajado lo suficiente cuando estaba en el instituto para haber cogido una ingeniería y otra lista de gilipolleces sobre las que no puedo hacer nada ya) y mi inseguridad respecto a los resultados que puedo obtener y esa vena obsesiva acerca de intentar controlar la situación en vez de dejarme llevar por ella, me han sacado un complejo de culpa atroz y que es lo que me ha dejado exhausto a estas alturas.
Esta semana me han vuelto a repetir algo que se me ha grabado, aborrezco y que es por lo que, en la práctica, la decisión de optar por la empresa privada casi la han tomado por mí. Eso de que en el trabajo investigador no se puede desconectar es aborrecible. No lo entiendo ni lo comprendo, no lo entenderé ni comprenderé ni lo quiero entender ni comprender. ¿Qué cojones se supone que nos hace especiales? Los médicos, los psiquiatras, los bomberos, los policías, los ingenieros, toda una colección de profesionales que hace cosas realmente valiosas por la sociedad no sólo pueden desconectar y relajarse sino que además se les recomienda. El médico o el psiquiatra no pueden obsesionarse con sus pacientes, los policías no pueden quedarse pensando al final del día en lo que vieron en tal o cual situación o ante la escoria humana con la que tienen que tratar día sí y día también, los bomberos no pueden pensar en si pudieron salvar a tal o cual persona... Pero los investigadores tenemos que estar centrados todo el puto tiempo en la mierda que tengamos entre manos, aunque no vaya a ser más que una mierda que aparezca en un artículo de una revista que leen cuatro mataos que la consideran el centro del universo y que a los cuatro meses otro matao te lo reviente porque ha descrito algo que a ti se te pasó.
Aborrezco este sistema de mierda. Aborrezco un sistema en el que no se intenta evitar la conducta obsesiva sino que se fomenta y se estimula. Sólo puedo concluir que los que construyeron la torre de marfil y se encerraron dentro son unos dementes y prefiero no estar dentro cuando se venga abajo.
Y ahora, el que quiera que llore por las tijeras de la ciencia.

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Cambiando los coches por lo que corresponda, esto es exactamente así.

sábado, 20 de febrero de 2010

The Weirdest shit happened to me the other day...

He tenido semanas mejores. La semana ha sido bastante asquerosa por diferentes motivos pero empezó siendo bastante mala con el tiempo atroz que hizo en Madrid (que me garantizó dos días de malestar psicológico, ya que no físico) y la decepción que supuso la visita a una de las empresas que ofertan prácticas en el máster y en que pensaba que me podría gustar el trabajo. La verdad es que lo que nos enseñaron parecía más un intento de impresionar a los nativos que otra cosa y, operativamente, me pareció que el trabajo debía ser un asco. El precio de la automatización.
Además de eso, las siete horas, entre lunes y martes, de conferencias sobre sus líneas de trabajo me parecieron más cercanas a un mitin norcoreano que a una explicación razonada de sus líneas de actuación. Pero, por si eso no fuera suficiente, el martes se sentó a mi lado una de las becarias de la empresa, lo que no tiene nada de raro: la rara era ella. Independientemente de que fuera mona (que lo era), la tía se movía todo el rato en su asiento y se dedicaba a apoyarse en el mío y a quedárseme mirando de cuando en cuando. Independientemente de las coñas que hicieran ayer mis compañeros, esa tía era rara. Creo que rara de las de enviar anónimos o por ahí.
Por cierto, en el último día, última conferencia, se disparó una alarma de lo que fuera y nos desalojaron a todos. Luego pareció ser una falsa alarma o un simulacro. Yo que sé. El caso es que si tuviera que creer en los presagios, desde luego, me lo tomaría como tal.
El resto de la semana no fue mucho más interesante pero, siguiendo en lo de ver presagios, ayer me cayeron dos bollos de la máquina en el descanso al echar sólo dinero para uno. Un poco de buen karma no viene mal pero menuda compensación más birriosa. Luego, al volver de clase, en Atocha crucé a unos que habían sido pillados con una maleta gorda llena de droga o algo así. Un maletón del carajo. Esos seguro que pasan tiempo de talego.

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Hora y media después de la publicación original de esta columna, mi tía llamó a casa para comunicar que mi abuelo había muerto.

Go. Fucking. Figure.

I've had better days, better weeks and better years.

viernes, 12 de febrero de 2010

Las Heroínas de Masamune Shirow.

Hace ya tiempo, cuando empezaron a popularizarse el manga y el anime en España, o sea, más o menos por el 1991 con Saint Seya/los Caballeros del Zodiaco y, sobre todo, con Dragon Ball, uno de los primeros autores en ser publicado y que tuvo bastante éxito (en Europa y EEUU también), fue Masamune Shirow. Shirow se caracterizaba por ser un tío raro para el modelo de autor de manga por varios motivos: se guionizaba, se dibujaba y se hacía prácticamente todo el trabajo de sus obras él solo y no con un estudio de asociados como la mayoría; se mantenía anónimo porque tenía un “trabajo de día” de profesor de secundaria; sus historias y sus guiones tenían un estilo muy occidental, que parecía más relacionado con las películas de acción americanas y con el cyberpunk de William Gibson que con la tradición japonesa; y metía mucha, pero que mucha miga filosófica a sus historias de una forma más o menos evidente.

En el momento en que se le empezó a publicar por aquí, allá por el 1994, sus obras fueron de las más vendidas: Appleseed, Dominion, Black Magic, Orion y, sobre todo, Ghost in the Shell. En buena medida, su éxito radicó en ese estilo que atraía a los fans de la Jungla de Cristal, Aliens, Terminator y el cine de acción clásico de los 90, especialmente a los que por entonces estábamos en la adolescencia; y también a que un par de las primeras cintas que sacaron al mercado los de Manga Films (por entonces aún sacaban anime) fueron, precisamente, Dominion, con su aire de comedia un punto melancólica, y Appleseed, que era puritito cyberpunk que hurgaba en la naturaleza humana.

Las cintas fueron facilitadores para la reputación de Shirow y sus títulos pero lo que realmente hizo que pegara el pelotazo y se convirtiera en un referente fundamental del manga y el anime fue, sin ninguna duda, la salida en 1996 (aunque era de un año antes) de Ghost in the Shell, la película de setenta y tantos minutos que adaptaba su, por entonces, última obra. El material original era cerebral, lleno de notas al pie de cada viñeta, en los márgenes de las páginas y, prácticamente, en cualquier espacio libre. Shirow había hecho un manga en el que había volcado todas sus obsesiones y cuestiones sobre el indivíduo, la existencia y la vida en un sentido muy zen, algo que había prefigurado en Appleseed pero que aquí había saltado por los aires. Era como si hubiesen pasado a Phillip K. Dick con William Gibson y Eduardo Punset por la túrmix. La película cogía todo ello y hacía una versión transitable, algo que se le debe agradecer a Mamoru Oshii, con un ambiente hipnótico, a lo que contribuyó mucho la música de Kenji Kawai.

Así, Shirow se convirtió en un referente imprescindible para el cómic japonés en España (y en Occidente), gracias a la reorganización de su material, y pudimos recibir su producción posterior, que fue la secuela de Ghost in the Shell, Man Machine Interface, donde todos sus planteamientos suben un grado adicional y sus estudios sobre seguridad informática hacen de la historia algo para gente con un conocimiento algo más profundo sobre las estructuras de redes que el lector ocasional. Pero Mamoru Oshii decidió que la colaboración con Shirow podía dar sus frutos y ambos se volvieron a aliar para una segunda película (Innocence, también hipnótica pero no tan atractiva) y dos temporadas y una película de una serie de televisión, Ghost in the Shell: Stand Alone Complex.

Sin embargo, Shirow lleva mucho tiempo parado como autor. Lo último propiamente de manga fue un Ghost in the Shell 1.5 con historias de personajes secundarios de la obra original. La mayoría de su trabajo posterior a MMI ha sido dedicado a hacer Fan Service o, lo que es lo mismo, dibujar tías con las tetas gordas. ¿Por qué uno de los autores con unos guiones más enrevesados, reflexivos y profundos se ha pasado a un material que está a dos pasos del hentai más explícito? Pues porque le da el mismo dinero por menos trabajo, lógicamente. Sus libros de ilustraciones demuestran que ha hecho trabajos para videojuegos, novelas y otro material por el que debía sacar un buen dinero sin tener que dedicarle tanto esfuerzo. Es una pena, porque en el panorama editorial que hay hoy en el manga, una obra con el mismo estilo que gastaba entonces destacaría como una antorcha en la oscuridad.

Dinero Facil.

Uno de los rasgos fundamentales de sus obras es que Shirow empleaba personajes femeninos que resultaban muy convincentes como heroínas de acción. Psicológicamente no estaban mucho más trazadas que John McClane (o que la teniente Ripley, para ser más apropiados) pero resultaban suficientemente distintas unas de otras y, como se dice en inglés, eran muy agreeable y convincentes desde el punto de vista del protagonista de una historia de acción, aunque fuese porque empleaba un rasgo central para construir el personaje de forma que no existiesen demasiadas capas pero en sus historias nunca pesó tanto el desarrollo de los personajes como el avance de la trama.

Cada una a su manera, es un recuerdo diferente y una forma de romper con los cánones femeninos japoneses. Las mujeres de Shirow no son, precisamente, unas pavas que se queden a verlas venir y que necesiten un hombre para todo. Salvo una excepción, superan los modelos que incluso otros manga plantean, con personajes que, por mucho que sean protagonistas, en el fondo siguen demostrando ese rollo tan japonés de la mujer tradicional que busca un hombre para su vida (como podría ser el caso de un montón de personajes de series de magical girls). Es cierto, sin embargo, que eso a veces puede levantar dudas sobre estas chicas y su equilibrio mental, como comentaré ahora, pero aún así se me hace difícil pensar en mejores ejemplos de mujeres fuertes en el género.

Las mujeres de Shirow, por orden, son:

-Leona Ozaki: la protagonista de Dominion es una agente de la policía de New Port City, una megalópolis en un futuro hipercontaminado en la que se ha hecho necesaria una policía blindada, o sea, policía con tanques. Leona tiene bastantes malas pulgas, es una chica joven y atractiva con elevado sentido de la justicia (o más bien del orden) y con una fijación un tanto enfermiza con su mini-tanque Bonaparte que todavía no está claro si tiene algo de fetichista.

Una respuesta proporcionada.

-Deunan Knute: protagoniza Appleseed. Hija de un oficial SWAT y también agente SWAT ella misma, se ve metida junto a su novio ciborg, Briareos, en las intrigas dentro y alrededor de Olimpo, una especie de estado a lo Fundación asimoviana que se ha convertido en el centro del mundo civilizado después de una Tercera Guerra Mundial que fue más limitada de lo esperado.

Es una tía dura, resuelta y un tanto paranoica: tan pronto va de compras con una amiga como duerme en un saco detrás del sofá para evitar que la maten en la cama. Eso último es perdonable, ya que no es difícil ser paranoide si intentan matarte. Su relación con Briareos es la única realmente estable y más o menos sana de un personaje de Shirow pero el grado de modificación cibernética de éste hace que la cuestión sobre sus relaciones física sea el elefante en la habitación para cualquiera que lee este manga.

A veces es un poco hombruna pero tiene sentido del humor y no es tan impulsiva como Leona ni tan fría como Kusanagi.

Una parejita encantadora.

-Seska Fuze: navegante de nave espacial del Gran Imperio Yamato, hechicera con grandes poderes e hija de Fuzen, el líder del Clan Fuze de sacerdotes-hechiceros. Es egoísta, pueril, impulsiva, autocondescendiente, obstinada… pero todo eso deriva de su confianza en sí misma y en sus habilidades, que están a la altura: es capaz, poderosa y resuelta. Puede que sus motivos y sus decisiones sean equivocadas pero cree en lo que hace y no se arredra por prácticamente nada. Su cuelgue por el comandante Ronnel la hace un poco tierna. Sin ella, Orion no sería la misma historia.

Es un mondo de entender la responsabilidad como otro cualquiera
(ojo, lectura en sentido oriental, de derecha a izquierda).

-Motoko Kusanagi: el personaje más duro de cascar de toda la colección. Protagonista indiscutible de Ghost in the Shell, es fuerte, resuelta, inteligente y profesional pero también es fría, muy fría, dura, no se casa con nadie y su ética deja un poquito que desear. Su cuerpo es artificial, salvo su cerebro (lo que da pie a algunas de las cuestiones de la historia) y eso puede que tenga que ver con sus discapacidades morales.

Kusanagi es también un personaje interesante porque es sexualmente ambigua: en las páginas del manga puede vérsele con un amante y también con unas amantes, aunque éstas a través de enlace cibernético, lo que alienta dudas sobre si lo es de verdad o si online no cuenta.

Pasando por alto todo lo anterior, Kusanagi tiene también interés porque es un personaje que manifiesta una especie de continua insatisfacción con todo. Desde el principio de la historia se le ve irritada o, como mínimo, hastiada con lo que hay a su alrededor. Es una construcción de motivo que conduce a lo que ha de ocurrir hacia el final de la historia pero su actitud distante, aunque comprensible, le resta empatía y quizás es por lo que se hace más difícil conectar con ella a nivel emocional que con alguno de los personajes secundarios. Eso, por otra parte, transmite exactamente una idea sobre el contexto social en que se desarrolla la historia.

Cuerpo Artificial. Se acabó el gimnasio.

Sinceramente, dudo que Shirow sea un gran constructor de personajes pero a mí me gustan sus mujeres de la misma forma que me gusta la teniente Ripley de Sigourney Weaver. No tendrán una gran complejidad psicológica pero, joder, cuando hay que empezar a pegar tiros uno no se va a poner a llorar como en Magnolias de Acero.

viernes, 5 de febrero de 2010

Actividad Onírica.

El edificio era un torre de apartamentos bastante alta, veinte plantas, por lo menos, con unas buenas vistas favorecidas por los ventanales de los apartamentos.
La mujer vivía en una de las plantas altas, a juzgar por la altura que quedaba hasta el nivel de calle. Debía tener en torno a los cuarenta años y era de modales suaves, voz delicada, morena y más bien poco agraciada. Además, se expresaba de una forma en que parecía tener algún grado, aunque fuese poco severo, de lo que se suele llamar eufemísticamente dificultades cognitivas. No sabía exactamente cómo pero parece se que era mi vecina de abajo.
El hermano de la mujer, un hombre que llamaba la atención como un grano de arena en una playa, había muerto. Es más, había sido asesinado. El motivo se le escapaba a todo el mundo y no fue por un robo. Trabajo vulgar, estilo de vida vulgar, apariencia vulgar. Era tan peligroso como un puñal de miga de pan. No había nada en su modo de vida que pudiera llevarle a las proximidades de la vida delictiva.
La mujer no parecía muy alterada por la situación, lo que no era extraño, dada su condición psicológica. Sólo parecía que le preocupasen las consecuencias derivadas de la muerte de su hermano respecto a su vida cotidiana. El hermano parecía encargarse de todas las labores de la casa o, por lo menos, de aquellas que tuviesen un riesgo, por mínimo que fuese. Ella, constantemente, llevaba una foto enmarcada de su hermano y ella.
Mi compañero, de facciones borrosas, literal o psicológicamente, no decía mucho pero insistía en que el hombre había muerto por un motivo que iba más allá de lo evidente. Había algo oculto.
De algún modo, la maldita foto me obsesionaba. No parecía casual. El hermano se la entregó a la mujer hacía tiempo pero esa manía de llevarla a cuestas constantemente... Como mejor pude, le pedí la fotografía a ella y la estudiamos mi compañero y yo. Había algo, patrones, elementos en ella, que hacían que resultaban llamativos. Había sido manipulada sutilmente pero de forma deliberada.
Con ayuda profesional descubrimos que la maldita imagen era un criptografo*, una imagen en la que se había codificado información. Información importante por la que alguien mataría. Pero, ¿quién?

Creo que me quedaré con la duda.

*no un criptógrafo.

P.S.: ¡Reforma laboral para la casa real!

viernes, 29 de enero de 2010

"Peligrosidad Social" + Flashback + ¡Zorrrrrrrra!.

En las últimas semanas leí alguna cosa por ahí, creo que donde Barbijaputa, sobre modelos femeninos. Ella hacía un comentario sobre crepúsculo y cómo el personaje de ella (ni me sé el nombre ni me interesa) era una auténtica mierda porque volvía al modelo de mujer que iba detrás de un hombre perdiendo todo sentido común y dignidad, poco más o menos. La verdad es que no me resulta demasiado sorprendente, porque parece haber una corriente de mujeres por ahí (escritoras, directoras de cine, etc.) que van vendiendo una especie de modelo social en el que la mujer está trivializada. Es un rollo sutil pero que no me gusta demasiado. En el caso de la Meyer, lo que tenemos es a una mormona, lo que hace que haya una lógica en el sesgo interno de sus noveluchas, pero también hay cosas que me parecen un rato chungas en Sex and the City, por ejemplo. Se trata de una descripción de un sector de población, mujeres profesionales de renta alta, en la que el eje central está en la vida sexual que llevan. Aunque la intención pudiera ser el comentario sobre la vida urbana de ese sector de población en los últimos años noventa, sobre la promiscuidad y el sexo, los cambios vitales con la edad, etc.; el resultado es más bien pobre y parece más una reunión de pijas cuyas vidas discurren dando vueltas alrededor de los zapatos que se van a comprar con el dinero que han hecho con sus trabajos cualificados y a que arquitecto/médico/abogado/profesional liberal se van a frinkar* y de qué tamaño tiene la tranca.
Sé que hacer una serie sobre científicos** no iba a ser muy emocionante (bueno, a menos que en los otros canales retransmitieran en directo los campeonatos mundiales de pintura de secado rápido) pero me fastidian los modelos que trivializan a la persona tanto en un sentido como en otro. Será cosa de mi madre, imagino, que después de haber corrido tanto delante de los grises y tenerme que poner sus apellidos (en 1980) porque no estaba casada con mi padre (que, casualmente, le saca 28 años), pues como que aguanta pocas gilipolleces. Ha llevado la vida que ha querido y no se ha dejado definir por haber nacido con ovarios. Me ha dado un modelo femenino por el que el feminismo no era no llevar sujetador y no afeitarse las axilas sino ser una persona que por casualidad ha nacido mujer. Eso, que parece tan obvio si uno lo piensa, encuentra una resistencia, sutil pero que está ahí, en el mundillo de la ficción televisiva y cinematográfica más pedestre (los personajes femeninos en los Soprano, the West Wing y otras series meritorias van mucho más allá de la chica que grita no.1 en el slasher de turno, por ejemplo) pero también, y sobre todo, en la moda.
Si, es obvio, la moda es uno de los sectores más sexistas que hay. Dejando de lado que es un paraiso para misóginos homosexuales***, la propia naturaleza del chanchullo montado en torno a la alta costura, hace que las mujeres sean consideradas de una forma muy distinta y que se refuercen las diferencias de género. El caso de la anorexia, fomentada para que los modelos de los diseñadores sean el centro de atención y no unas modelos especialmente atractivas, es bastante claro. Quizás por eso, entre otras cosas, aborrezco todos los dibujitos esos de Custo y sus imitadores. No puedo despegar lo que sé de esas supuestas llamadas al glamour con muñequitas anoréxicas que parecen sacadas de un Pachá élfico.

Además, haber modelos femeninos más complejos y edificantes haylos.

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Con todo lo que sabemos del cerebro aún no tenemos ni puta idea de sus verdaderos entresijos funcionales. Resulta asombroso y terrorífico a partes iguales.
El miércoles pasado, en clase, se dio una conjunción de las condiciones de luz, temperatura y yo que sé qué más que hicieron que tuviera una especie de flashback, un eco de las sensaciones que tenía en otros momentos de mi vida. De repente fue como si estuviera reviviendo el mismo estado mental que tenía allá por mediados de cuarto curso de la licenciatura, finales de quinto o hace casi un año.
Normalmente, las sensaciones olfativas suelen hacer ese tipo de cosas muy fácilmente. El olor de esto o aquéllo como lo cocinaba la abuela, el perfume de una ex o de tu madre, la vez que estabas en el monte y en medio del rumor del mar de pinos te sentiste en paz con el universo... Pero claro, el cerebro es una cosa muy cabrona y a nada que a uno se le crucen las señales (sin entrar en la sinestesia) apropiadas puede surgir cualquier recuerdo enterrado.
La sensación que surgió en mí no era, precisamente, agradable. Era el equivalente emocional a la primera vez que hueles fruta podrida: algo dulzón en la nariz que se hace repulsivo justo en la boca del estómago.

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Ayer en clase estábamos resolviendo unos problemas de una asignatura que habíamos trabajado desde la semana anterior. Algunas compañeras (por estadística, ¡qué remedio!; somos cinco chicos de 31 personas), estaban tomando algunas notas de la forma correcta de resolverlos y todo eso. Había que entregarlos, claro, pero al profesor se le había pasado pedirlos. ¿Podéis adivinar por dónde va la cosa?

Una de las compañeras, en el momento en que hacíamos el descanso en medio de las cuatro horas de clase, soltó: "¿Vas a recoger los problemas ahora? Lo digo porque hay algunas personas haciendo correcciones."

No es que la gente estuviera haciendo correcciones a lo que iban a entregar, porque la mayoría lo llevaba impreso, pero no creo que esa maniobra vaya a hacerla muy popular en el futuro, la verdad. Para empezar, la semana que entra, puede que tengamos que hacer evaluación recíproca y yo sé a quién voy a puntuar bajo.


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*Copyright de , hasta donde yo sé.
**Rigurosa.
***Ojo a la colocación de sustantivo y adjetivo.

viernes, 22 de enero de 2010

Bite 'till it bleeds.

"And you may call it irony when co-incidence collides
But I’ve had dinner with the Devil and I have seen the light
And you may call it righteousness, when civility survives
But I’ve had dinner with the Devil and I know nice from right."
-Dinner with the Devil. Big Rude Jake-

Hace unas semanas, Biónica contaba alguna cosa acerca de sus deslices freudianos, a lo que yo apostillaba sobre los míos. Bueno, no era del todo cierto. No suelo tener demasiados pero eso es porque con el tiempo he aprendido a revisar lo que se me pasa por la cabeza antes de soltarlo. Forzosamente.
Todo el mundo tiene días malos. Es inevitable, las cosas que la vida te lanza pueden hacer que acabes frustrado y encabronado: desde una cagada de perro en una acera que pasa inadvertida, pasando por aguantar las gilipolleces de los demás, hasta cosas irresolubles de verdad, como la muerte de alguien querido. A veces puede ser algo tan simple como un cambio de tiempo y la falta de luz y los cambios de presión y temperatura nos vuelven irritables o taciturnos.
Hoy no suelo tener muchos días malos "aleatorios". Alguno de cuando en cuando, con un mal humor poco justificado que hace que intente alejarme todo lo posible de los demás para que nadie tenga que aguantar mi mierda injustificadamente (claro que no puedo hacer nada sobre los que intentan meter sus narices, que siempre los hay). Hace como diez años, por otra parte, las cosas eran distintas.

Mi mal día me duró como un par de años.

No es tampoco que estuviese constantemente encabronado, de forma evidente, pero hay muchas formas de manifestar la agresividad. Si en el mejor de mis días puedo ser un poco difícil de tratar, en aquella época era completamente cáustico y no tenía demasiadas contemplaciones con los demás y sus sentimientos. Andaba todo el día como una especie de skinhead dialéctico, con ganas de gresca y dando palizas verbales a quien ofrecía la oportunidad (prefería utilizar las palabras de los demás en su contra porque era más satisfactorio y les dejaba en evidencia por no pensar lo que decían con cuidado).
Ahora mido más lo que se me pasa por la cabeza cuando alguien me lo pone a huevo. Aún así no es fácil evitar poner en evidencia a los demás, especialmente cuando me son desagradables por un motivo u otro. Los ejemplos más claros los tuve hace cosa de un mes y medio, cuando estábamos en el máster con una práctica para la que había que extraer tejidos de ratas y, obviamente, había que sacrificar a los animales. Las dos encargadas de aquella práctica para mi grupo insistieron hasta la saciedad en dos ideas y a mí se me pasó por la mente replicarles de forma un poco desabrida:

-Con este método del CO2 los animales no sufren. Tenemos además al comité ético que lo supervisa [...] (argumento repetido con insistencia obsesiva).
"Ya pero a mí me parece que lo de gasear es más por el estrés del que los sacrifica que por los que lo sufren. ¿Le suena lo de los nazis?."

-Lo de sacrificar animales es duro pero uno tiene que pensar que lo hace por el progreso y un bien mayor para la humanidad y los animales (afirmado con aplomo).
"Pues los nazis pensaban lo mismo sobre lo que hacían..."

Independientemente de lo que pueda considerarse como un actitud más o menos madura, me revienta que me intenten meter la línea del partido con actitud justificativa y como si no hubiese ya hecho mis ideas al respecto. Un argumento repetido una y otra vez de esa forma parece más un intento de convencerse a uno mismo que una cuestión racional sobre los problemas éticos que se plantean ante ello.
Dejando de lado el caso particular, creo que ha sido positivo para tener más facilidad de convivencia en sociedad, no porque me importe lo que se pueda pensar de mí, sino por necesidad de convivencia en términos aceptables, aunque he conocido a gente bastante rancia a la que los demás le dan bastante cancha, no sé por qué. Sé que eso ha hecho que tenga una imagen de tipo calmado que habla poco, normalmente, pero los beneficios de revisar qué es lo que pasa por el cerebro antes de que pase por la boca son bastantes (hay a quien le puede hacer bastante más daño del que parece un comentario bien colocado).*

Claro que otra cosa es entre amigos. Ahí ni se da ni se pide cuartel.

*Descubrí hace relativamente poco que la crueldad a la hora de hacer comentarios la heredé/aprendí de mi madre, no de mi padre. Mi madre no suele soltar este tipo de comentarios pero me llega a horrorizar hasta a mí.

viernes, 8 de enero de 2010

El Triángulo.

Con los años, he ido abriendo mis horizontes artísticos: en los libros que leía, la música que escuchaba, el cine y la televisión que veía... A la vez he ido perfilando mis criterios, además de mis gustos, lo que justifica mis (y los de cualquiera con un mínimo de sesera) placeres culpables: sé que hay cosas que me gustan que son rematadamente malas pero que sean malas no significa que vayan a dejar de gustarme; sencillamente, les encuentro valores que las redimen, mientras que hay otras cosas que, siendo buenas (por lo menos de forma comúnmente aceptada), dejan de gustarme.
Uno de los esquemas de criterios que he deducido como pilar común de la calidad artística de los productos que circulan por ahí es un triángulo cuyos vértices corresponden a tres conceptos diferentes:
-Contenido: qué cuenta (la historia).
-Estilo: cómo lo cuenta (la forma).
-Contexto: cuánto depende de su momento histórico (el tiempo).
La validez o la aplicación de estos tres conceptos a cada arte o producto artístico no es uniforme, de modo intrínseco, ya que no es lo mismo una novela que un cuadro. La aplicación de cada concepto está ponderada según el medio, ya que no es lo mismo el contenido que pueda tener un cuadro que el de una novela, aunque sea porque el cuadro cuenta con que el observador posea un conocimiento previo (lo que vendría a ser la iconografía, por ejemplo, en el caso de las imágenes religiosas).
Este triángulo, en cualquier caso, indica la calidad de una obra y la duración de éste. Esto es así porque las verdaderas obras maestras se mantienen en un equilibrio razonablemente estable entre los tres vértices del triángulo: su contenido es novedoso, está bien construido y no depende del momento histórico en que se hizo. Esta es la distinción de lo que se han llamado clásicos, las obras que permanecen en la memoria colectiva y con reconocimiento general de su calidad. En cuanto la posición de la obra se desplaza hacia uno de los vértices, se pierde esa posición que, en cierto modo, es más bien producto de la suerte que de una acción deliberada.
Las obras que se desplazan hacia uno de los vértices se hallan lastradas por defectos que condicionan su éxito y la duración de éste: hay historias bien contadas y perdurables pero que carecen de novedad en su argumento; otras tienen un argumento novedoso y perdurable pero mal contado; y otras pueden estar bien contadas y ser novedosas pero pasar de fecha rápidamente por depender terriblemente de su momento histórico. Estas suelen ser las condiciones de la mayoría de obras que tenemos a la vista: productos muy decentes pero que tienen defectos que harán que no lleguen a pasar a la posteridad con reconocimiento general. Si se hallan aplastadas contra uno de los límites del triángulo, directamente, estamos hablando de productos con unos fallos realmente terribles y que desaparecerán de la circulación muy rápidamente, a menos que sean tan malos que sean geniales (como la mayoría de la producción de Chuck Norris) por los motivos equivocados.
Partiendo de esas premisas, por tanto, quisiera especificar una serie de cuestiones. Para empezar, mi ranking de series de televisión imprescindibles:

1. Primer Nivel:
-Los Soprano.
-The Wire.
-El Ala Oeste.
2. Segundo Nivel:
-The Shield.
-Babylon 5.
-Deadwood.
-Roma.
3. Tercer Nivel:
-Star Trek: Deep Space Nine.
-Scrubs.
-30 Rock.
4. Cuarto Nivel:
-Damages.
-El Prisionero.

En segundo lugar, la música americana nunca hubiera sido nada sin los negros.

Tercero: el cine español es una chufa en la que abundan y sobran los paniaguados, los parásitos y los inútiles. Si no habéis leído Mis Problemas con Amenábar, de Jordi Costa y Darío Adanti, leedlo.

Y un par de vídeos.



P.S.: por cierto, el oráculo lo sabe todo (y si no se lo inventa). Así que preguntad.

sábado, 2 de enero de 2010

Todos somos Tony.

"The Emerald Piper. That's our hell. It's an Irish Bar where it's St. Patrick's Day everyday forever.[...]"
-Christopher Moltisanti en Los Soprano.-
Los que me conocen más o menos bien saben que en el panteón televisivo, la cumbre, para mí, está en los Soprano. No estoy solo en ello pero lo mío va más allá de los motivos formales que pueden motivar a los culturetas que consideran que la HBO es lo más de lo más cuando, en realidad, ha tenido cagadas muy gordas (A Dos Metros Bajo Tierra empezó regular tirando a bien pero se convirtió en un coñazo y el personaje de Rachel Griffiths era estrangulable con un alambre oxidado; Carnivàle se hundió en una cadena de cable en la que las audiencias mainstream no son un condicionante tan gordo...). Los motivos por los que la serie se ha convertido en algo de culto y, aún más, en un elemento central de la ficción televisiva del principio del siglo XXI, se basan en que el realismo era incondicional, más allá de la verosimilitud en el estilo, se buscaba retratar de forma pseudo-documental a los personajes sin eliminar los elementos de la construcción de ficción que hacen que progrese una historia. Se pueden percibir los detalles tanto en la construcción de las tramas (los imprevistos que le pueden ocurrir a cualquiera), la ausencia casi total de música salvo la derivada del ambiente, el rodaje con una fotografía realista, los elementos del atrezzo...
Pero aún así, ¿por qué el éxito? El motivo real del éxito de cualquier ficción está en una cuestión imprescindible: la implicación emocional del lector/espectador/jugador con su objeto de disfrute. Eso no quiere decir identificación con el protagonista, aunque siempre ayuda, sino que se meta dentro y los avatares de la narración le causen inquietud y tiren de él durante el progreso de la historia. Recientemente, la editorial Errata Naturae ha publicado un libro que recopila los análisis de varios autores sobre la serie. Independientemente de los elementos de la atracción del mal y todo eso (estamos hablando de una serie en la que los protagonistas se dedican a extorsionar, robar, secuestrar y matar... difícilmente unas actividades muy edificantes), hay un elemento que sostiene los argumentos que plantee hace ya mucho y con los que dí el coñazo a mis amigos: Tony Soprano es un reflejo de todos nosotros.
Los Soprano refleja, sobre todo, la nostalgia de Tony por un pasado que anhelamos pero que tenemos más bien la impresión de que es ficticio. Las comparaciones con la películas de Scorsese (Goodfellas, Casino) o de Coppola (el Padrino) no son apropiadas, sino todo lo contrario, porque en la serie hay muchísimos más niveles de complejidad de los personajes que en las películas que menciono, algo que deriva, en parte, del mayor tiempo de exposición para poder mostrar sus intimidades (86 episodios dan para mucho) pero también de la intención deliberada de evitar los modismos y las limitaciones arquetípicas de los personajes de los filmes que menciono (sugiero volver a ver el Padrino para captar cómo, en realidad, Vito y Michael Corleone, aunque están interpretados de puta madre, se adaptan a un molde de personaje homérico-aristotélico).
Tony es el héroe de la serie pero no es un héroe en el sentido homérico. No hay grandes retos, no hay crisis Bruce-willi-anas ni monstruos reales o transfigurados, sólo la cotidianidad aplastante y estresante que nos ahoga a todos y a la que tiene que enfrentarse como puede, las más de las veces aceptando compromisos y arrastrándose de frustración en frustración. El dinero, las mujeres y el alcohol son sólo un bienestar inquieto, parecido al Orden Mundial en el que vivimos. Todos somos Tony Soprano, precisamente, porque sus miedos, sus ansiedades, son derivados de ser una persona real en un mundo real: las cuestiones de honor, omertá y todos los tópicos de las películas de Scorsese y Coppola quedan supeditados a la realidad del mundo del capitalismo salvaje en que vivimos y el empleo de armas y violencia es sólo por el hecho de la criminalidad, la ilegalidad, no la maldad.
Aún así, si tengo que quedarme con algo concreto que represente la serie es, precisamente, la soledad (the Blackness), ni más ni menos que la sensación de soledad opresiva, que no tiene remedio, aunque uno esté rodeado de amigos e intentando pasarlo bien y que se vuelve casi completamente asfixiante. Tony tiene a una mujer que ya no le ama, unos hijos que le quieren condicionalmente, unos amigos que querrían ocupar su puesto a toda cosa, unos socios que intentan engañarlo, una madre que abusa de él psicológicamente y le chantajea emocionalmente, una colección de amantes de las que alguna es como su madre... Y eso sólo es lo de Tony. Livia, por ejemplo, es un ejemplo de persona que a veces uno puede ver por ahí y que redefine lo que es estar amargado. Da igual de cuantas personas se rodee: Tony está solo.
Una conocida me preguntó una vez acerca de la fascinación de los hombres con los mafiosos y las historias de gangsters. En el fondo, hoy, se trata de eso, de nostalgia, de unos valores que, aunque estén bañados de violencia, cualquiera puede respetar (honor, lealtad a la familia) pero que desaparecieron hace mucho. Hoy por hoy, los Soprano son sólo un reflejo de nuestro mundo y cómo los cambios han afectado a todos los niveles, incluido el crimen organizado. Resulta muy difícil distinguir dónde termina la ficción cuando nos hemos desayunado este año con tanta trama de corrupción y sólo porque estos no usen pistola no quiere decir nada.

P.S.: el lunes pillé una gastroenteritis, causada no sé por qué, que me dejó vomitando y con durchfall (me encanta la palabra, es tremendamente gráfica) toda la noche. A eso hubo que sumarle que la pasé en duermevela y como si tuviese otras cinco personas en la cama, por no hablar de mi cabeza. Algo parecido a lo que le pasa a Tony en el episodio 2x12.

sábado, 26 de diciembre de 2009

A Better Tomorrow.

Hace unos cuantos días me golpeó lo que en Quédate a Dormir llaman Ola de Pena y yo prefiero llamar The Blackness*. Los motivos... unos cuantos, entre ellos que mi cabeza, quiera o no, al llegar esta época se pone a analizar el año y, la verdad, el último ha tenido cosas que han sido una chufa. Además, con esa estupenda tendencia de ver lo mejor de cada situación y cómo se torció el clima después de la nevada del 21, no era difícil que me cayese encima esa sensación.

Also, bleib auch mein Geheimnis.

Por cierto, no es que odie la navidad, por muy hipócrita que sea la época, sencillamente me deprime y eso favorece que me ponga asocial. Y no tiene ni puta gracia. No es divertido ni bienvenido y si hay gente que quiere poner la pose les diría que se fueran a tomar por culo, gracias.
La vida sigue, sin embargo, y en cinco días habrá 365 días nuevecitos para cagarla de forma diferente a cómo la hemos cagado este año. Por de pronto ya la cagaron hace una semana larga los grandes líderes en Copenhague, lo que hace más bien probable que, en contra de lo que marcó a una gran parte de mi generación, el mundo (bueno, la humanidad) se vaya a tomar por culo de forma sutil y discreta, por dejadez más que por paranoia. Con ese tipo de cosas se le quitan a uno las ganas de tener familia ni nada parecido.
En parte, eso lo estuve discutiendo con una amiga el martes pasado, consecuenca de que a ella se le ha acabado la beca que tenía y, para dentro de un mes o así, es probable que ya no tenga fuente de financiación para su tesis. Algo en lo que ha jugado en contra suya la colección de criterios por los que valoran a su director. Un futuro próspero. Seguramente esos fondos serán mejor aprovechados por las nuevas tecnologías que generen los de humanidades.
Nos quedamos, al final, en eso, en que con todas las cagadas, las dificultades y las putadas, a pesar de todo, seguimos adelante por el convencimiento de que existe un mañana mejor, que habrá una mañana brillante al otro lado del horizonte. O algo parecido. Una versión personal de lo que ha movido la historia de la humanidad, vaya. Nos esforzamos en creer, como civilización, que somos mejores que hace diez o veinte siglos, lo que es, a grandes rasgos, cierto**. Al menos ya no tenemos que cagar en agujeros en el suelo.

De verdad, creo que los alemanes deberían haber copiado los planos del bunker de la Reichskanzlerie y después tendrían que haberlos vendido como refugio anti-festividades. Un suministro de café, coca-cola, alcohol y comida decente y una conexión de banda ancha o una pila de DVDs y una buena parte de la población sería mucho más feliz.


*Por esto:


**"If Jesus had been killed twenty years ago, Catholic school children would be wearing little electric chairs around their necks instead of crosses." -Lenny Bruce

P.S.: el título de la entrada es de una película de John Woo que si que aguanta bien.

viernes, 18 de diciembre de 2009

Ostalgie.

Si no hay nada más triste que un japonés triste, no hay nada más melancólico que un ruso melancólico.
-Yours truly-

melancolía.

(Del lat. melancholĭa, y este del gr. μελαγχολία, bilis negra).

1. f. Tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que no encuentre quien la padece gusto ni diversión en nada.



Estos últimos días, en Madrid, ha hecho un frío bastante agradable. Agradable porque es lo propio de la época del año, porque aborrezco el entretiempo y porque se está muy a gusto en casa y calentito en la cama (especialmente en fin de semana, cuando puedes remolonear). Sin embargo, a la vez, el cielo gris acero, el frío y la nieve me han puesto melancólico como un ruso y ayer, cuando estaba terminando el libro sobre la Guerra Fría que tenía entre manos, sentí eso que los alemanes, refiriéndose a los antiguos alemanes orientales, llaman Ostalgie, añoranza de la época en que todavía existía la Unión Soviética, en que el Primero de Mayo tenías imágenes de los desfiles por la tele.
El último capítulo del libro fue lo que trajo toda una colección de recuerdos muy fuertes. Naturalmente, trataba sobre el final de la URSS, las consecuencias de toda la apertura de la Glasnost y la Perestroika. Todo ello está ligado con mi infancia, con cómo crecí y aprendí a ver el mundo y por eso las figuras de aquella época también forman parte de mi historia personal. En casa, Reagan, quizás, entre otras cosas, por su senilidad tan obvia y su estilo de cowboy de serie B, era una imagen que me causaba desagrado desde que empecé a entender lo que contaban en los telediarios. Era una figura amenazante que hablaba de Guerra de las Galaxias y añadía inseguridad a un mundo en el que uno percibía que algo malo podía ocurrir en cualquier momento y sin previo aviso.
El hombre que interpretaba al presidente, sin embargo, quedó eclipsado por Mikhail Gorbachov. Gorbachov era el primer líder de la URSS en muchos años que tenía menos de sesenta años (más o menos veinte años menos que Reagan), tenía iniciativa, vitalidad y voluntad de reforma. Las cámaras le querían, él se dejaba querer por ellas y, además, viajaba con su mujer, Raisa Gorbachova. En casa era una especie de ídolo mediático de la política y, con su mancha tan peculiar, llamaba la atención.

Cuando uno analiza la contribución de Gorbachov a la historia, sus intenciones, sus decisiones, su papel en la distensión y en eliminar la amenaza constante de un holocausto nuclear, no queda mucho más que sentir que cómo terminó todo fue algo trágico para él a nivel personal, ser una figura clave a quien el mundo de hoy le debe tanto y que haya quedado tan apartado. Cuando me enteré de la muerte de Raisa hace unos años, se me partió el corazón, por muy melodramático que suene. Los Gorbachov, a nivel mediático por lo menos, eran símbolos de toda una época de mi vida y, al igual que luego han ido muriendo otras personas más cercanas a mi familia, han ido señalando cómo desaparecía lo que quedaba de mi infancia.
Lo más duro de todo ello fue recordar cómo ese maldito gordo borracho de Yeltsin humilló a Gorbachov después del Golpe de Agosto. Gorbachov, que creía en la gente, en darles la capacidad de mejorar la Unión Soviética y llevar adelante el ideal de una sociedad justa, fue traicionado y humillado. Le dejaron el papelón de finiquitar el experimento político y social más grande desde la Revolución Francesa. En Nochebuena hará 18 años que vivimos sin la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y, aunque nos quedan recuerdos de aquella época (qué casualidades más injustas tiene la vida), siento que me falta algo, a pesar de todo.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Infravaorados & A small note on something.

Decía Superflicka que la música de los años 60 está infravalorada, por lo menos en comparación con la de los años de la Movida. Pues como dijo aquél, "aún diría más", toda (o casi*) la música posterior a los años 50 está sobrevaloradísima.

¿Toda? Toda no, grupos de Resistentes Valerosos atados a Valores Eternos y fundamentales (Armoniosa, Variada, Bailable y Divertida), se mantienen en pie como Centinelas de la más Gloriosa Tradición Occidental y defienden estilos casi olvidados recordándonos que otra música es posible, que para que sea bailable no es necesario que el sonido parezca salido de una remachadora industrial ni que los pasos de baile se parezcan a los espasmos de un epiléptico chutado de anfetaminas que llevase un cable de alta tensión metido por el culo.
Estos herederos de la auténtica música, de la de verdad, practican artes perdidas y, sobre todo, son mejor que mejores en directo, sosteniendo la auténtica esencia del artista por encima del modelo industrializado y prefabricado con el que las grandes compañías discográficas se han buscado ellas solas la ruina.
En consecuencia, os presento a:

Big Bad Voodoo Daddy:







The Royal Crown Revue:




The Cherry Poppin' Daddies:




The Squirrel Nut Zippers:





Y hasta producto nacional, No Reply: Bad Joke.

Y es que, al final, este señor tenía razón**.

*Excepción hecha de la música negra, que hasta la llegada del disco no sufrió degeneración real porque no estaba tan expuesta a la comercialidad: siempre tenía que pasar por el filtro de la adaptación por artistas blancos para no corromper a la juventud.
**Si no captáis todas las (jugosas) referencias, más os vale buscar en google. Hace mucha risa que luego lo adaptara, precisamente, Madonna.

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Mi pequeña nota es por lo agridulce que me ha resultado lo de Defying Gravity. Estrenaron la serie hace unos meses y, definitivamente, parece que no ha salido adelante.
Lo cierto es que se notaba demasiado ese aire con el que la vendieron ("Anatomía de Grey en el espacio.", algo así huele a desastre) y eso tiraba mucho (hacia abajo) de la trama, que se superponía al rollo de C-F hard, con lo que no atraía ni a los fans de la C-F ni a los fans del culebrón, seguramente. Sin embargo, era atractivo, por lo menos, tener una serie en la que los astronautas tenían que salir con escafandra, no había violaciones groseras de las leyes de la física (aunque la ciencia era un poco cheesy) y el culebrón no estaba disimulado.
Creo que la expresión de rigor en este caso sería "potencial desperdiciado". Es una verdadera lástima, porque la estética me parecía buena y podían haber hecho algo interesante pero ahora no lo sabremos.
Y, qué coño, que por algún motivo Laura Harris me parece mona.

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Añadido el 3-XII-2009:
Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que…

1.- Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.

2.- La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.

3.- La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.

4.- La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.

5.- Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.

6.- Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.

7.- Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.

8.- Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.

9.- Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.

10.- En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Celebración.

Un año más. Si no lo pienso, no se me hace duro. Claro que la semana anterior me subí por las paredes, estaba de mal humor y me molestaba todo... y a lo mejor es que ya lo he pasado. El Sábado de la semana pasada, como todos los años, celebré mi cumpleaños con una comida en casa. Este año éramos 14, unos cuantos menos que el anterior, y la verdad es que ha sido una de las mejores ocasiones que recuerdo. Es probable que la mierda de año que he tenido haya contribuido a que tener un día que compartir con mis mejores amigos con buena comida y en buen ambiente haya resultado algo merecedor de un buen recuerdo.
No puede decirse que no me lo haya trabajado, porque me quedé la noche anterior hasta las dos preparando comida y el día siguiente, unas dos horas antes de que llegaran mis invitados, hubo un momento de crisis y pánico. Todo salió bien, por suerte. Los ravioli quedaron un poco rústicos pero sabrosos y el asado estaba en su punto.
Este tipo de días son los que te recuerdan qué es lo que merece la pena en la vida.

Poco más o menos como ésto:


A media semana, más.

domingo, 22 de noviembre de 2009

La Movida.

Inauguro una nueva sección con muy mala idea. La portada del disco va en serio.
Soy una de esas personas que le tiene asco a la Movida. No sé si somos muchos o pocos ni me importa. La Movida me da asco, me parece aborrecible. La cosa podría tener una interpretación freudiana, porque mi madre era joven por entonces y podría ser un signo de confrontación generacional, por aquello de marcar mi personalidad y todo eso pero no. Mis motivos son subjetivos pero conscientes.

La Movida fue una tormenta en un vaso de agua. Ha habido un buen montón de interesados que han estado perdiendo el culo fomentando la nostalgia de aquella época, poniéndola como si hubiese sido el germen de la cultura de los siguientes veinte años y hagiografiando a unos artistas que no dejaban de ser humanos y que, por muy bien que cantasen, escribiesen o componieran (lo que es más cuestionable, por otra parte), hoy serían lapidados en los medios por la vida que llevaban y las cosas que se introducían en el cuerpo por vías diversas. Si, explosión de libertad y lo que os dé la gana y os salga de los cojones o los ovarios pero eso no quiere decir nada. Salvo aquellos que tuvieron la decencia de morir con las botas (y la aguja) puestas, la mayoría se reconvirtieron en pequeños burgueses de uno u otro signo y su pequeña revolución cultural, su gigantesca borrachera y sus excesos, sólo dejaron una resaca de la que aún pagamos las consecuencias en la música y el cine, sobre todo.

Pero claro, ahí están esos pequeños burgueses que aún nos recuerdan que estuvieron allí para intentar convencerse a sí mismo de que no se han convertido en lo que aborrecían tan profundamente (sus propios padres), sacándonos los revivals de éste y aquel grupo, los ciclos de éste y aquel cine. Todo muy profundo y muy emotivo y muy hermoso, sobre todo si el protagonista del acto genera compasión por ver en qué se ha convertido después de lo que fue, recordando que los excesos se pagan y que, chico, mejor él que tú. Schadenfreude a mogollón.
No hablemos ya de si el homenajeado fue realmente bueno, si captó a generaciones posteriores convirtiéndose en un clásico cuyas obras fueron seguidas mucho tiempo después de su creación original, porque entonces la cosa llegará al paroxismo. Añadamos entonces una defunción en la que todos los concienciados parezcan haberse convencido a sí mismos de que no podía ocurrir tan pronto, por más que resultase previsible cuando el peso del difunto fuese el de una niña y sus facciones recordasen más a uno de los documentales de George Romero que al anuncio de un balneario. Es lógico: las adicciones a los opiáceos son un hobby cualquiera.
Si más de uno de los que ha palmado se llamase Winehouse o Doherty, seguro que no hubiese habido tanto drama.

Y lo que es más: se permiten ir luego dando lecciones morales. No hace falta que repasemos a todos los difuntos o los adictos porque entre los que parece que evitaron los vicios autodestructivos, ya que no los caros, según parece, se hallan algunos seres que, de mear sobre el público en sus conciertos a lo Punk terminal, hoy pretenden ser referentes de autoridad moral en la lucha contra los cánceres de la sociedad, entre los que figura, según ellos, el latrocinio de bienes cargados con una plusvalía abusiva. Me refiero a Friedchicken, por supuesto, hijo intelectual (es un decir, claro) de Al Capone.
Friedchicken, claro, es sólo un síntoma de en lo que se hubieran convertido la mayoría de ellos si se hubieran aburguesado por un poco de cobardía, sentido común o lo que sea que hace que la gente renuncie al estúpido hábito de matarse a sí misma de forma lenta (por oposición a hacerlo como Larra, que, aunque su motivo fue estúpido, tuvo los cojones de colocarse una bala en medio del melón). Supongo que al menos es afortunado que muchos conservaran su dignidad y supieran palmarla a tiempo porque con los que nos han quedado ya vamos sobrados.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Become a Drunkard in Style (I).

En el último año hemos tenido, entre las excusas habituales que los canales de televisión llaman servicios informativos y que colocan entre anuncios y publicidad diversa, la crisis del botellón y la indisciplina, fruto, como ya sabemos todos, de que los padres no tienen el sentido de la responsabilidad y el valor necesario para asumir que tener hijos también es decir que no y educarles para que crezcan y se conviertan en personas y que eso es una cuestión activa y en la que los hijos también pueden convertirse en un problema más además de los del trabajo y la pareja y demás.

El caso es que una de las cosas que con el tiempo he ido viendo es que, hasta en la bebida, como en todo, en realidad, la masa no tiene criterio o cosa que se le parezca. Cualquiera sabe que lo más consumido por ahí suele ser el kalimotxo, el malibú con piña y otras mezclas no más complejas que A+B y en las que lo que se busca es demostrar la hombría de coger un buen pedo con algo dulzón en lo que el sabor del alcohol no destaque. Claro, la gente siempre argumenta que el botellón es algo social y lo que te cobran por una bebida aguada porque lo que es por la capacidad para distinguir de los conoisseurs locales, no va a ser, precisamente. El talento de la mayoría para la degustación de los alcoholes es más bien limitado y si se creen que un DYC es igual que un Jameson, van de culo.
Pero obviemos que el hecho objetivo es que la mayoría de los jóvenes beben para chuzarse. El uso y toma de alcohol, en el fondo, no deja muchas opciones, ¿no?, y cualquier otro argumento es porque al personal le gusta buscar un modo de distinguirse por esnob que sea. Lo admito, mi conocimiento vinícola es muy limitado y, salvo aquello que ya he probado, no puedo distinguir una región geográfica de otra, no hablemos ya de añadas, pero hay una diferencia bastante gorda entre un vino de tetra brik de cierta marca conocida (que no de prestigio) y un vino decente, no necesariamente caro, con su trabajo de bodega detrás, mimado y bien tratado.
Precisamente, de la misma forma que un buen plato cocinado con atención y detalle marca un estilo, se puede beber sin caer en la vulgaridad y la ordinariez y, a la vez, sin llegar al esnobismo más estúpido y pretencioso. Por tanto, para aquellos que deseen marcar la diferencia o aprender a beber con sensatez y con estilo (y porque no me fío completamente de alguien que sea completamente abstemio) hoy me propongo instruir en la preparación de combinados (o cóceteles).

Instrumental:
cualquier aficionado a la coctelería debe disponer, como mínimo, de lo siguiente:
-Coctelera de acero inoxidable (sirve también la modelo Boston que es la que se cierra con la siguiente pieza en vez de con el colador de acero tradicional) .
-Vaso mezclador (de vidrio y, normalmente, escala de medidas).
-"Dedal" de medidas.
-Cuchara larga.
-Colador de muelle.
-Vasos largos, cortos y copas de cóctel y de champán.
Opcionalmente, debe disponerse de batidora de pie y de licuadora.

Técnica:
la coctelera debe usarse, siempre, cogida a la altura de los hombros, con la mano izquierda (para un diestro) envolviendo la parte inferior de la misma y la mano derecha con el pulgar cerrando el tapón de la tapa y asegurando que queda sellada para que, al agitar con energía, no salgan disparados los fluidos (mira, justo al contrario que en una película porno).
En caso de emplear el vaso mezclador con la cuchara, debe removerse con calma y evitando machacar el hielo, lo que aguaría la bebida en exceso.
El colador de muelle debe emplearse siempre con el muelle hacia el interior para capturar aquellas semillas, trozos de pulpa u otras partículas que no deseemos en el combinado.

Recetas:
Para hoy he elegido cuatro recetas fundamentales para mí, tres clásicas, que pueden contemplarse a la hora del aperitivo o antes de la cena, y una algo más novedosa, que puede encajar en casi cualquier franja horaria.
Indico partes para que cada uno ajuste según la escala del número de copas a preparar.

Manhattan:
-2 partes de Whisky canadiense.
-1 parte de vermouth rojo (seco o dulce).
-1 golpe de angostura.
Prepárese en coctelera con todos los ingredientes y tres o cuatro cubos de hielo. Servir en copa de cóctel con una cereza al marrasquino o con piel de naranja.
Es una bebida sobria (valga el contrasentido), elegante, en la que se puede apreciar el alcohol sin que ahogue los sabores. Una bebida flexible y apta para cualquiera.

Dry Martini:
-4 o 5 partes de ginebra o vodka.
-1 parte de vermouth seco.
Preparado en coctelera (más seco) o en vaso mezclador (más aguado). Sírvase en copa de cóctel con una cebollita o una aceituna pinchada en un palillo (o piel de limón).
La bebida de James Bond (agitado, no mezclado). Una bebida de hombres (y mujeres) de verdad, no de nenas: seco y equilibrado, prácticamente perfecto y con su propia rama de estudios y derivados (muchos bastante indignos, como el de manzana). El vermouth cataliza la ginebra (o el vodka) y sube como un puñetazo a la mandíbula.

Gimlet:
-2 partes de ginebra (o vodka).
-1 parte de cordial de lima.
Mezclar en coctelera y servir en vaso corto (tumbler, en inglés).
El Gimlet es una receta versatil, apetecible antes de la comida. Se emplea cordial de lima mejor que el zumo ya que incorpora el sirope de azúcar y ayuda a equilibrar el alcohol sin ocultar nada. La bebida de Marlowe en the Long Goodbye.

Mexicola:
-Mitad, o más, de tequila, mejor añejado.
-Mitad, o menos, de cordial de lima.
-Coca-cola (mejor que Pepsi).
En vaso corto con hielo, se añade el tequila y el cordial hasta la mitad del mismo y después se llena con la bebida de cola.
Es una receta que se puede tomar a cualquier hora. El sabor del agave azul se combina muy bien con la lima y los aromas de la cola.

sábado, 7 de noviembre de 2009

Lo que me gusta en las mujeres.

Una de las cosas de que me he dado cuenta en estas semanas que llevo en el master es que mis prioridades han quedado reordenadas de forma involuntaria. Es normal que haya supeditado casi todo a sacarme el título pero sólo una consecuencia de mi intención de conseguirme un empleo decente: eso es lo que verdaderamente importa en este momento, como un medio para el fin de tener mi propia fuente de ingresos, nuevamente. De rebote, toda otra serie de cosas han quedado aparcadas. porque no tienen el mismo peso pero hasta a mí mismo me ha sorprendido un poco el haber pasado de las tías.
En realidad es una actitud de ir a mi bola sin que me importe el tema de buscar pareja. Normalmente, uno intenta mantenerse abierto a lo que pueda venir, mantiene los ojos abiertos y estudia sus posibilidades. Si lo pienso un poco más, la verdad es que es un efecto ampliado de mi actitud social (o más bien antisocial): siempre he tenido un aprensión un tanto paranoide a tratar con gente nueva y a integrarme. Cosas de hijo único, supongo. Ahora, la verdad, me da lo mismo todo. Con lo de culo que empezó el año y las gilipolleces que tuve que aguantar en su momento, me importa tres cojones lo que piensen digan o hagan los demás. Cometí el error de dejar de pensar que mi vida es mía y eso no quiero repetirlo.
Colateralmente, me ha dado por reflexionar que mis criterios con las mujeres ha cambiado con la edad. Será lo de madurar, o eso dicen. No me interesan las mismas cosas y no tengo los mismos márgenes de tolerancia que tenía tiempo atrás.
En general, me siento más descreído y cínico con todo pero la culpa es de la realidad, que acabó con el idealista que llevaba dentro.
Si lo pienso un poco, tampoco es que la situación sea tan mala porque mi historial no es que sea lamentable, es que es catastrófico. No catastrófico en plan "inundación y riadas" sino catastrófico en plan "asteroide sobre la Tierra e invierno nuclear". Aún no sé por qué no me convertí en un misógino, como algún amigo mío, y si eso dice algo sobre cúanto creo en la humanidad, o las personas, por lo menos, pero entre las ruinas del desastre reconstruí algo parecido a una esperanza.
De todo ello sé que, al menos, he conseguido aprender algo. Hace cinco años ya, había una chica que me gustaba y que llegué a la conclusión que era el tipo de mujer por la que todo hombre con cierto contenido craneal decente debía pasar. Todavía me pregunto qué coño es lo que ví en ella. Vaya, de hecho nadie puede decirme qué coño pude ver en ella. Bueno, tampoco muchos podrán decir que la conocían antes de que fuera rubia y, desde luego, aprendí dos cosas: 1) que mi capacidad para anular el parloteo de los demás es excepcional; y 2) pasar de alguien que tiene que hablar para llenar el silencio sin decir nada consecuente.
Más recientemente lo que tuve por medio fue una demostración de hasta dónde llegan las necesidades de otros de sostener su autoestima a base de la atención de los demás. Reconoceré cualquier día de la semana que me luzco, no sé si de forma hereditaria o aprendida, en usar las técnicas de agresividad pasiva, lo que hace de mí un cabrón con pintas en más de un caso, pero la capacidad para el reproche, la exigencia y la manipulación de aquellas personas que practican el vampirismo psicológico es algo que se me escapa. Por suerte, ahora el chantajismo emocional hace que en mi cabeza empiecen a saltar las alarmas como en Chernobil en el '86.
Desde donde estoy, tampoco es que pueda lamentarme mucho. He tenido ejemplos a mi alrededor de algunas relaciones que han acabado todavía peor o, incluso, que se mantienen para incomodidad de ambos participantes y los que les rodean. Eso no quita para que piense que haber tenido a alguien a mi lado en algunos momentos difíciles, sobre todo los de este año, habría sido una influencia positiva pero eso no lo sabré.
He visto algunas chicas por ahí que tenían su gracia, una, incluso, es cuasiperfecta, salvo por el tumor de metro ochenta y cinco con ojos azules que tiene, pero en estos casos ha pesado más el aspecto personal que el aspecto físico, que ha pasado a ser un criterio eliminatorio pero no decisorio. La culpa es mía por pretender encontrar a alguien que me resulte interesante a nivel intelectual y no sólo un modo de satisfacerme sexualmente pero es que si uno tiene que atender a las minucias de las reglas sociales con otra persona, no es un buen plan escoger a alguien que comienza y termina su línea discursiva en los modelitos del homosexual misógino que esté de moda ahora en las gafas de sol o cosa parecida.

P.S.: Richard Gere ha protagonizado una película sobre un perro. ¿Alguien ha dicho carrera en vía muerta? Además, la idea es antígua como el cagar y ha tenido mejores desarrollos.



¡Emboscada!