jueves, 10 de septiembre de 2009

Ajuste de Cuentas.

En este año, si habéis tenido oportunidad de pasar por alguna librería o tienda de ocio de masas (Fnac, por ejemplo) y/o habéis visto las noticias, ha habido una expectación bastante grande por la salida del último libro (literalmente, por aquello de que murió al poco de entregar el manuscrito) de Stieg Larsson (La Reina en el Palacio de las Corrientes de Aire), que fue, poco más o menos, la última moda del género de la Serie Negra. Best Sellers en toda clase de géneros los ha habido y los habrá, sólo hace falta acordarse de hace unos cuatro o cinco años, cuando el género de los misterios y conspiraciones tenía en lo alto a Dan Brown con su Código DaVinci. La novela negra, no puede negarse, ha sido siempre un género con un público amplio, así que lo del Best Seller debería estar aún más justificado, sin embargo, Patricia Highsmith, especialista en la novela de suspense, no estrictamente el noir, comentaba en un ensayo suyo que, en realidad, el género es una especie de apuesta segura de los editores porque se mueve en un rango de ventas que suele cubrir la inversión y dar beneficios pero tiene un techo. El fenómeno de un Larsson suele ser algo excepcional, por tanto, y hay motivos para examinar esos posibles motivos, sobre todo cuando la novela de suspense convencional se mueve alrededor de las 240 páginas como mucho (cito a Highsmith) y el sueco éste era un grafómano que rellenaba 600 páginas sin pensárselo mucho.

Habiendo leído los tres tomos a lo largo del año (más o menos desde Abril), llegué a la conclusión este verano de que son historias más bien flojas. Se puede trazar facilmente una línea y colocar a ambos lados los puntos a favor y en contra y, una vez hecho esto, lo cierto es que no sale muy bien librado.

Puntos a Favor:
-Se lee facilmente a pesar de sus dimensiones: está escrito de una forma directa y eso facilita mucho las cosas a la hora de pasar páginas sin que se note el paso del tiempo.
-Se aprecia la voluntad de compromiso social del autor: la temática de los tres libros muestra una intención de denuncia de los abusos legales (e ilegales) contra las mujeres y el machismo soterrado presente en la sociedad sueca, esa tan modélica en otras cosas.
-Hay una labor de documentación bastante buena: algo que es, en cierto modo, previsible debido a que Larsson era periodista y, hasta donde he leído, bastante decente.

Puntos en Contra:
-Falta de estilo: desconozco si en el sueco original pueden apreciarse más elementos que definan la forma de escribir de Larsson pero si estos libros se pueden leer tan facilmente es, precisamente, porque no hay estilo. La prosa es clara y directa, si, pero también falta de personalidad y del elemento artístico.
-El grupo de novelas se basa en unos personajes protagonistas que son, básicamente, una Mary Sue del autor (Mikael Blomkvist, que se tira cualquier cosa con tetas) y una versión Darker and Edgier de Pippi Calzaslargas (admitido por el autor).
-El ritmo: el primer libro requiere un esfuerzo bastante grande para avanzar hasta la mitad, momento en el que toma todo suficiente inercia como para avanzar por sí solo. Eso hace que, en realidad, no pueda considerarse que todo el trabajo de documentación o la prosa directa cumplan con su objetivo, ya que da la sensación de que el autor no organizó su material de forma sensata y que rellenó páginas de forma inútil. Da la sensación de que la historia podría contarse en menos páginas sin que sufriese por ello.
-El ojo que todo lo ve: esto quizá es una cuestión personal pero me disgusta el uso del punto de vista de narrador que empleó Larsson con las novelas. Su omnisapiencia se pone en el camino del misterio y el suspense ya que, aparte de revelar la identidad de los culpables antes de que el trabajo investigador tenga lugar (por lo menos en el segundo y tercer libros), permite ver la tramoya de la adversidad contra los personajes en vez de dejar la idea de que algo va a ocurrir pero sin desvelar qué ni cuando ni cómo.

Hace bastante tiempo, encontré un ensayo de Raymond Chandler en el que definía y hacía crítica de los elementos del género. El ensayo se titulaba el Sencillo Arte del Asesinato (podéis encontrarlo completo aquí)y puede considerarse como una guía fundamental de la lógica argumental en la literatura criminal. Los cadáveres en una historia del género tienen que tener sentido, han de ser moneda de cambio en el contexto del mundo en que se mueven los personajes, no una excusa para tener un misterio que investigar. En ese sentido, los cadáveres en cierta ficción televisiva, C.S.I., más concretamente, son sólo un elemento para poder montar el espectáculo de trabajo de pruebas científicas a su alrededor. Se apunta a un culpable por un puzzle de pruebas materiales en el que poco importa el móvil. Es cierto que por el procedimiento criminal, el investigador y el judicial, las pruebas materiales son y deben ser esenciales para montar el caso pero una muerte desprovista de su contexto no tiene sentido social, no dice nada acerca del mundo en el que ocurre. En este aspecto, por lo menos, Larsson salva la ropa.
El personaje de Lisbeth Salander, sin embargo, no resulta muy novedoso. Resulta más bien obvio que es lo que tira de la historia y, en consecuencia, la novela tiene un gimmick en Salander. Es un personaje especialito por los motivos que se cuentan a lo largo de los tres libros pero no es ninguna novedad. Desde la época dorada del Pulp, incluidas las femmes fatales, este tipo de mujeres adelantadas a la moral genérica de su tiempo existían a ambos lados de la ley. Salander, como ya indiqué arriba, no es más que un personaje fetiche llevado a una versión más oscura y extrema. Está razonablemente bien costruido pero es, en el fondo, el único elemento que consigue arrastrar al lector a lo largo de las mil ochocientas páginas en total o así de las tres novelas. Que Blomkvist vaya por ahí tirándose a cualquier cosa con la excusa de las parejas abiertas no mejora las cosas.
A nivel personal, lo que encuentro peor en las novelas es la falta de estilo. Aunque facilita la lectura, hace que luego no quede nada concreto en la cabeza acerca del autor, no transmite a la persona detrás de la obra. En ese sentido, quizás la influencia periodística fue algo que se cargó la posible perpetuación de Larsson. Si uno atiende a los más grandes del género, puede observar que Hammett tenía un estilo claro pero seco, duro, con un stacatto implacable y que transmitía la calle con toda su dureza, algo que no es raro si uno examina su vida y transfondo; Chandler tampoco hacía demasiadas concesiones en su prosa pero sus metáforas y símiles eran una demostración de que había estudiado literatura y poesía; Cornell Woolrich, por otra parte, era un maestro en la morbosidad y lo siniestro de sus historias pero su prosa, para mi gusto, era demasiado rosada (en lo que su sexualidad, probablemente, influyese). En cualquier caso, estos autores demuestran que su personalidad permeaba las páginas de sus respectivas obras (algo que tienen en común con Phillip K. Dick y sobre lo que escribiré en algún otro momento) y uno puede atisbar algo del autor en su prosa (no necesariamente en sus personajes). De Larsson quedará su objetividad periodística y su compromiso contra el machismo en una frialdad sueca.

No sé otra gente que se los haya leído pero yo probablemente no vuelva a hacerlo, sin embargo, los clásicos es probable que los coja una y otra vez sin dudarlo. Os dejo, para terminar, con unas cuantas de las metáforas y símiles de Chandler, que podrían, perfectamente, hacer haikus:

Actress.
She smelled the way
the Taj Mahal looks
by moonlight.

Police Woman.
To say her face would stop a clock
would be to insult her.
It would stop a runaway horse.

Los Angeles.
One great big
sun-tanned
hangover.

Silent Intruder.
A wedge of sunlight
slipped over the edge of the desk
and fell noiselessly on the carpet.

Pathos.
Her voice faded off into a sort of sad whisper
like a mortician
asking for down payment.

Seascape.
On the right of the fat solid Pacific
trudging into shore
like a scrubwoman going home.

Another lady.
She had a mouth
that seemed made
of three-decker sandwiches.

Malibu.
More wind-blown hair and sunglasses
and attitudes
and pseudorefined voices
and waterfront morals.

Finale.
I newer saw any of them again
-except for the cops.
No way has yet been invented to say
goodbye to them.

6 comentarios:

Biónica dijo...

Coincido en lo que dices, Salander parece ser casi el único motivador para (en mi gusto) conducirte a través de una historia a veces innecesariamente larga.

De Philip K. Dick he leído el suyo más famos "Sueñan los androides con ovejas eléctricas", hace muy poquito y he quedado encantada. Ya nos comentarás :)

Bichejo dijo...

Totalmente de acuerdo contigo, para mí son libros muy fáciles de leer, no hay que pensar demasiado (nada, en realidad)
Me despistó bastante del hilo de la novela ese afán de conar lo que compran, lo que comen, la marca del portátil...

Pero, en general, me parecen entretenidos, a pesar de no estar demasiado bien escritos.

mascaviar dijo...

No he leído nada de Larsson, pero me invitaron a ver la película "Los hombres que no amaban a las mujeres". Reconozco que la escena en la que Lisbeth Sandler le tatua palabras "amables" a su tutor suscitó mi interés ^_^. La versión en italiano, es la que he encontrado: http://www.youtube.com/watch?v=Tyd5ZHLGFZo&feature=related
Saludos

Caviargirl

MissMurphy dijo...

Mi "placer culpable" son los best-sellers de suspense o similares, así que sí, me tragué los tres tomos de Millenium en cosa de una semana. Coincido en que el estilo de Larsson es (o habría que decir era) muy flojillo, por no hablar de que me he llegado a plantear si tenía algún acuerdo publicitario con Ikea o con Mac, porque no sé hasta qué punto es necesario conocer el modelo de sofá o escritorio que eligen los protas para amueblar sus pisos... (Por momentos lo leía y me acordaba de la mesa de desayuno de Médico de Familia...)

Pero Salander desde luego tiene tirón, no será un personaje totalmente novedoso pero sí resulta lo bastante singular para engancharte: probablemente dentro de unos años no recordaré exactamente de qué iba la trilogía Millenium, y probablemente no recuerde el nombre de Blomvkist (ni siquiera sé si ahora lo he escrito bien), pero de Salander y de su escena de pistola eléctrica y máquina de tatuar seguro que aún me acuerdo... (por cierto, ¿será preocupante que la mayoría de mujeres con las que he hablado del libro se engancharon a partir de esa escena en concreto?)

AkaTsuko dijo...

Por ahí en foros he leído que el fenómeno "Mary Sue" aplicado al género masculino se denomina "Gary Stue". Ahí lo dejo como curiosidad.

No he leído las novelas (las tonterías que he escrito y photoshopeado para mi blog son producto de mi amor por lo absurdo y lo injustificado) pero por lo menos este fenómeno literario en concreto me gusta por lo moderado que es a nivel social y comercial. Me remito al ataque que sufrí de una fan de Crepúsculo y a la locura del merchandasing de Harry Potter, respectivamente.

Por lo demás, interesante entrada. Ahora estoy estresado con el inicio del curso universitario, pero en cuanto pueda revisaré los hipervínculos aquí incluidos.

Illuminatus dijo...

Bichejo: no, si entretenidos son pero los hay mejores. No siento que haya desperdiciado mi tiempo, como me ha ocurrido con otros libros, pero no es algo de lo que me vaya a acordar de aquí a un año.

Caviargirl: la venganza de Salander contra el abogado es una escena muy montada en torno al gimmick de hacer a Pippy más hardcore, pues, si no recuerdo mal por lo menos las historias que ví en la tele de crío, si que tenían su propio sentido de la justicia y se vengaban de gentes de mal vivir en su momento. Gana por su, supuesto, shock value, ya que haber ha habido mujeres duras en el género desde hace mil (Bride wore black anyone?).

Miss Murphy: lo de Ikea o Mac es, para mí, un signo de ese detallismo y afán de documentación que creo que luego descarrila en bastantes partes de la historia.

Precisamente el hecho de que la mayoría de las mujeres que han leido los libros me insistan con el personaje de Salander me hace concluir dos cosas: 1) que no han leído serie negra con personajes femeninos, como la serie de V.I. Warhsawski (http://en.wikipedia.org/wiki/V.I._Warshawski); y 2) que, de algún modo, encuentran algo reconfortante o identificativo en un personaje que sufre los abusos de los demás, sobre todo hombres. Que esos abusos sean reales o sólo percibidos es lo que no tengo claro y lo que hace que no vea a mucha de esa gente con la misma perspectiva. Habría como para hacer un análisis de la situación.

Akatsuko: espero tus comentarios sobre las referencias.

En cierto modo, la diferencia de edad es lo que justifica que, socialmente, el éxito de la serie negra y de estos libros en concreto sea diferente que el éxito de un Crepúsculo o cosa parecida. Hace falta cierta edad y/o cinismo para apreciar una literatura que trata sobre la corrupción de nuestra propia sociedad a todos sus niveles sin moralismos (al contrario que en libros de ensayo político más o menos serios, como los de ciertos periodistas de la derecha catastrofista, o diatribas fundacionales tipo Mi Lucha).

Además, si quieres vampiros, mejor te ves True Blood.