lunes, 4 de mayo de 2009

Vuelta a la casilla de salida.

Desde que me marché del laboratorio, ya hace poco más de un mes, he reducido mucho el ritmo de mi vida. He pasado de no tener prácticamente más de cuatro o cinco horas diarias mías a tener el día entero y eso da un montón de oportunidades para obsesionarse con todo tipo de ideas, algunas bastante nocivas. Aunque me dedico y he dedicado a buscar empleo y cosas que hacer, la verdad es que no hay mucho movimiento y mi cualificación hace que esté muy especializado, lo que es igual de malo que no tener cualificación en según qué contextos. 
Podría ponerme a soltar el discurso sobre la falta de compromiso con la investigación en España (que es cierto, a nivel del Estado y aún más a nivel del sector privado), sobre que el sistema de doctorado y de plazas de investigación es un chanchullo (que también es cierto: basta ver la docencia y/o investigación de algunos titulares) o cualquier otra de las quejas que circulan desde... principios del siglo XX, más o menos, pero no me apetece. Lanzar la diatriba otra vez no tendría mucho más efecto y no tengo ni los ánimos ni la paciencia para un ejercicio de pataleo inútil.
Se dice que madurar consiste, sobre todo, en una pérdida de la inocencia pero creo que también consiste en atemperar la parte emocional y llevarla bajo control. Normalmente, eso es lo que hace que uno pase del idealismo al pragmatismo. El idealismo es una contaminación romántica, una forma de ver las cosas pueril y que choca de plano con la realidad, tanto la material como la de la naturaleza humana. No hay nada de malo en tener ideales o principios pero la asociación con las emociones suele hacer que se pierda de vista que las ideas son perfectas (por ser absolutas o todo lo contrario, parciales) y que el mundo real/material tiene más partes móviles y por tanto no funciona igual. No voy a repetir la lista de fracasos ideológicos o el abuso que se ha hecho de todo tipo para encubrir las acciones más deshonestas y viles en nombre de los principios, los valores o los ideales.
Con la ciencia puede ocurrir lo mismo que con cualesquiera otros principios: la imagen general suele ser de progreso y avance, y desde luego que lo ha habido, pero por cada Dr. Barnard ha habido un Dr. Menguele y más de una y de dos ventajas tecnológicas que han mejorado nuestra vida han tenido un origen bastante lamentable. El ejemplo que se me viene a la cabeza más rápidamente puede ser la mejora de la psiquiatría desde los años 50 en que bastantes científicos respetables experimentaron con gente bajo la cobertura del programa MK Ultra de la CIA. Hasta los pasillos blancos e inmaculados pueden llevar a salas de tortura.
No me he caído del guindo, o séa, no estoy divagando sobre todo esto porque haya perdido mi idealismo. Conocí a muchos de mis profesores de la facultad lo suficiente como para darme cuenta de que un científico sigue siendo una persona y eso implica tener defectos o incluso taras. La cuestión es que llegado a este punto me planteo si realmente merece la pena formar parte del sistema. Me gusta lo que hago y la investigación tiene cosas realmente estimulantes e interesantes pero una de las cosas que nunca te enseñan es que la base de la rutina diaria de cualquier persona dedicada a la ciencia es la lucha contra la frustración: no es que las cosas puedan salir mal, es que salen mal la mayoría de las veces. La investigación avanza por caminos muy estrechos todos ellos paralelos porque lo que pueda ser cierto en unas condiciones no tiene por qué serlo en otras muy parecidas. La mayoría de lo que se publica en las revistas de ciencia tiene mucho de aproximaciones burdas.
Como todo el mundo va a lo suyo en última instancia, estar en este negocio puede ser muy jodido si además de las dificultades prácticas uno tiene que lidiar con las personales. Me preocupa mi futuro y, aunque me gusta lo que sé hacer, me falta motivación e ilusión. He perdido por el camino el idealismo y me he vuelto más cínico. Eso supone algo positivo: supone la diferencia entre los partidarios del terrorismo y los partidarios de la huelga y la resistencia pasiva. Es un premio de consolación ético y moral, que en el fondo es una tontería a efectos de empleo pero creo que he mejorado como persona y eso siempre ha sido uno de mis objetivos vitales. 

3 comentarios:

AkaTsuko dijo...

Duras reflexiones Illuminatus, se me parte un poco el alma al leer estas líneas.

Por los hyperlinks que has puesto en anteriores textos deduzco que te manejas con el inglés. ¿Has pensado en probar suerte por ahí fuera? Es probable que en otros países inviertan más y mejor en investigación. Además, matas varios pájaros de un tiro, al salir de este país de incierto futuro político-económico.

De todas formas, enhorabuena por tener tan claro cuál es tu vocación. Otros simplemente estamos a lo que estamos por eso... por "estar".

Bichejo dijo...

Te envidio (no en la parte de estar sin curro) sino en esa pasión hacia lo que sabes hacer...la mayoría nos conformamos con no odiarlo demasiado y con que nos paguen a fin de mes...

Illuminatus dijo...

La verdad es que me gusta. Tiene un montón de trabajo y de cosas que hacen que aborrezcas lo que haces y que desees el dolor a la gente que está por encima de tí: no miento cuando digo que es una lucha contínua contra la frustración.

A largo plazo no me gustaría tampoco demasiado el baile de los proyectos y todo eso (conseguir fondos para investigar obliga a que te conviertas en un chupatintas y a que sacrifiques investigación y/o docencia, dependiendo de dónde estés, para poder conseguir la pasta para hacer tu trabajo. Eso tampoco tendría mayor problema si uno se ha hecho un buen trabajo de doc y/o post-doc para para pasar al sector privado.

No te mentiré, me he planteado irme por ahí fuera pero es una cosa relativa. No es una opción que me plantee a largo plazo, por lo menos de entrada, porque mis amigos y mi familia son lo más importante para mí (por lo menos no tengo pareja, así que en ese aspecto no tengo tanto problema).

Además, con los años, mis prioridades vitales se han ido despegando de las cosas que son objetivos fundamentales para la mayoría de la gente en ciencia: carrera, carrera y carrera. No puedo entender tener una carrera profesional sin amigos ni lazos familiares y SÉ que mi vida más allá de lo que hago para ganarme el sustento, así que estoy dispuesto a sacrificar profesión por vida personal, así de claro.